La segunda sonda interestelar en abandonar la heliosfera registra decenas de veces más partículas por centímetro cúbico que las presentes cerca del límite de la influencia del viento solar.

Los datos sobre la densidad de partículas en el espacio interestelar que han llegado desde la sonda espacial Voyager 2 en los últimos meses confirman las mediciones hechas por su sonda ‘hermana’ Voyager 1 desde el 2012, año en que cruzó los límites de nuestro sistema solar.

La misión de la NASA corrobora así que la densidad de partículas por centímetro cúbico de esa región del espacio no disminuye sino aumenta, lo que puede ser una «característica a gran escala» del medio interestelar más cercano, estiman dos astrofísicos de la Universidad de Iowa (EE.UU.) que analizaron la última información recabada por ambas naves, que fueron lanzadas en 1977.

"Muerte por espaguetificación": astrónomos detectan cómo un agujero negro supermasivo 'devora' una estrella

Voyager 2 transmite con regularidad sus mediciones de las oscilaciones de plasma en el trayecto, que mostraron recientemente un importante gradiente de densidad en torno a los 0,12 electrones por centímetro cúbico a casi 125 unidades astronómicas de distancia del Sol.

Sin embargo, poco después de cruzar a finales del 2018 la heliopausa (la altura donde la presión del viento solar ya no es más fuerte que el viento estelar proveniente de otros astros), la nave devolvió un índice mucho menor, cerca de 0,039 partículas por centímetro cúbico.

Los cálculos previos indicaban que la densidad de electrones media entre las estrellas de la Vía Láctea debería estar en torno a 0,037 partículas por centímetro cúbico, muy cerca de la medición anterior. Mientras tanto, la densidad del plasma en los extremos de la heliosfera era mucho menor, alrededor de 0,002 partículas por centímetro cúbico.

La repetición de los valores registrados por ambas naves Voyager en distintas regiones fuera del sistema solar deja claro que no se trata de un solo objeto denso, sino de una capa, pero los científicos no creen que esta densa capa sea uniforme alrededor de toda la heliosfera, la burbuja de influencia exclusiva del viento solar. En su opinión, la densidad puede aumentar hacia la «nariz heliosférica», es decir, en la dirección del movimiento del propio sistema solar en torno al centro de nuestra galaxia.

En un sistema de coordenadas convencional respecto al Sol (heliográfico), la diferencia entre las dos naves Voyager es de 67° de latitud y 43° de longitud, mientras que la ‘nariz’ se encuentra exactamente entre ambas.

El descubrimiento rebate la idea común de que en el espacio existe un vacío. Lejos del Sol o de cualquier estrella, la densidad de la materia puede ser muy baja, pero sigue existiendo.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!