Sandra Hernández

Respirar es algo que el cuerpo hace solo, sin pedir permiso a nadie. Pero hay formas de respirar que van mucho más allá de mantenerse con vida. José Ballesta Ballesteros, experto en yoga, explica el mecanismo detrás del pranayama: «El pranayama masifica el masaje que, de forma natural, nos ofrece la respiración por la acción del diafragma y el suelo pélvico sobre nuestra columna, y la presión de los pulmones oscilando desde nuestra parte más interior hasta la piel». Equilibra oxígeno y dióxido de carbono. El cerebro lo interpreta como una señal de calma.

Para desconectar de la vuelta a septiembre, Ballesta recomienda una técnica concreta. «La respiración en cuatro tiempos: inspira, pausa, exhala, pausa. Es muy fácil de ejecutar, se puede realizar desde todos los niveles de práctica, favorece que las exhalaciones sean completas y nos ayuda a recuperar un tono vital más natural, al margen del estrés sufrido durante el día», explica. No exige ninguna postura especial ni un lugar concreto: «Puedes realizarla tanto sentada como acostada, incluso dando un pequeño paseo».

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El ritmo es sencillo de recordar. «Comienza inspirando cinco segundos, mantén el aire dentro el mismo tiempo, exhala durante el mismo tiempo y haz una pausa de cinco segundos también antes de volver a inspirar»etalla Ballesta. Cada fase dura lo mismo, lo que facilita seguir el ritmo sin necesitar contar mentalmente con esfuerzo.

Dejar que el cuerpo reaccione de forma natural es tan importante como el conteo de segundos. «Deja que tu cuerpo reaccione de forma natural, potenciando que el aire vaya a los costados y a la espalda cuando inspiras e intentando no deformar la postura, sobre todo en la exhalación, para que la acción del diafragma sea más intensa», explica Ballesta.

Cuánto tiempo hace falta para notar el efecto

Cualquier momento del día sirve, aunque cuanto más vacío esté el estómago, mejor. «A partir de cinco minutos puedes empezar a recibir beneficios, a partir de veinte minutos se consigue una mayor interacción con tu ritmo cardíaco y tensión arterial, así como con tu capacidad de concentración», señala Ballesta. No hace falta reservar una hora entera ni convertirlo en un ritual complicado para notar el efecto.

¿Puede una técnica tan sencilla reducir de verdad la ansiedad de septiembre? «Sí, el pranayama es la técnica que más interacción consigue con el practicante», afirma Ballesta. Cita, para explicarlo, una frase de Krishnamacharya que resume la importancia de la respiración dentro del yoga: «Inhala y Dios se acerca a ti, mantén la inhalación y Dios permanece contigo. Exhala y tú te aproximas a Dios, mantén la exhalación y te entregas a Él».

Esa cita, más filosófica que clínica, apunta a algo que la respiración consciente consigue sin necesidad de justificarlo con datos: una sensación de entrega y presencia que cuesta encontrar en medio del ruido de septiembre. Krishnamacharya, considerado uno de los padres del yoga moderno, insistía precisamente en que la respiración era el puente entre el cuerpo y la mente, mucho antes de que la ciencia confirmara su efecto sobre el sistema nervioso.

No sustituye a otras herramientas si la ansiedad es intensa, pero como práctica diaria y accesible, no exige gimnasio, ni esterilla, ni siquiera silencio total. Puede practicarse en el metro de camino al trabajo, esperando la cola del supermercado o en cualquier pausa breve que aparezca durante el día, lo que la convierte en una de las técnicas de yoga más fáciles de sostener en el tiempo.

Practicarla cada noche, antes de dormir, convierte esta respiración en un pequeño ritual de cierre del día. Cinco minutos bastan para empezar; veinte, si el momento lo permite, profundizan el efecto sobre el ritmo cardíaco y la concentración del día siguiente. Es, en definitiva, una de las formas más sencillas de cerrar septiembre sin cargar la ansiedad de la vuelta a la rutina hasta la mañana siguiente.

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