Apaga el móvil, coloca un par de cojines en el suelo y respira por la nariz, despacio. Así empieza una sesión que combina yoga restaurativo y breathwork, dos prácticas que se complementan muy bien en otoño. Ale Cayo (@momentoalecayo), médica especializada en neurociencias y breathwork y Soul Yoga trainer en KO Urbandetox Center, propone dejar el teléfono fuera durante la práctica. «Hacerlo sin pantallas nos permite dedicar ese tiempo a escucharnos, sin interrupciones», explica.
Breathwork significa, literalmente, «trabajo con la respiración». Engloba técnicas para cambiar de forma consciente cómo respiramos según lo que se busque, ya sea calma, energía o concentración. Según la experta, se solapa con el pranayama, uno de los ocho componentes del camino del yoga que describió Patanjali. La diferencia es que el pranayama tiene un marco filosófico y tradicional concreto, mientras que el breathwork es un término amplio que reúne prácticas de distintos orígenes.
Juntas, cada una aporta lo suyo. Una respiración suave y lenta favorece la actividad del sistema nervioso parasimpático, el que participa en el descanso, y ayuda a soltar la tensión física. Eso facilita quedarse cómoda en las posturas restaurativas, que se sostienen con apoyos. La exhalación, además, sirve de ancla. Cuando aparecen pensamientos, explica Cayo, volver a notar cómo entra y sale el aire puede ayudar a que la mente se vaya calmando.
¿Por qué ahora? Para Cayo, el otoño trae un cambio de ritmo. Después del movimiento del verano vuelven los horarios regulares, y con ellos la oportunidad de prestar atención a cómo nos sentimos. Los días también se acortan, y la luz es una de las principales señales que usa el reloj biológico para organizar el sueño. Por eso algunas personas notan en esta época menos energía o el ánimo más bajo, aunque cada una lo vive a su manera.
Una sesión en cuatro tiempos
La médica plantea la sesión como un viaje que prepara poco a poco el cuerpo y la atención para el descanso. En una clase de 50 minutos, los cinco primeros son para respirar por la nariz, despacio, alargando un poco la exhalación si resulta cómodo. También invita a recordar un momento agradable. Según explica, evocar una experiencia personal activa redes en las que participa el hipocampo, clave para la memoria. Su idea es que ese recuerdo acerque una sensación agradable al presente.
Después llegan unos diez minutos de movimientos suaves acompañados de la respiración, aprovechando cada exhalación para soltar esfuerzo. La parte central, de unos treinta minutos, es para las posturas restaurativas con apoyos, que se mantienen desde un minuto y medio hasta varios minutos según la comodidad de cada una. Cuando la mente se va, explica Cayo, darse cuenta y volver a la respiración es, precisamente, una forma de entrenar la atención.
Ale Cayo practicando la respiración
D.R.
Los últimos cinco minutos sirven para descansar y comparar cómo se está con respecto al principio: la respiración, la tensión del cuerpo, la cabeza. La idea es que cada persona identifique qué le ha ayudado para poder recurrir a ello en su día a día. Según la experta, esta combinación puede venir especialmente bien a quien tiene mucha carga mental, le cuesta desconectar o termina el día con el cuerpo tenso. También a quien entrena y busca un rato de recuperación.
Cuando el breakwork se vuelve intenso
Cayo insiste en que el breathwork es un término paraguas. La respiración que acompaña al yoga restaurativo es suave y cómoda, pero existen modalidades intensas, como la respiración holotrópica, en las que pueden aparecer sensaciones físicas y emociones fuertes. Esas requieren otra preparación y una revisión previa de la salud. Según explica, en general se excluyen o se aplazan en caso de embarazo, enfermedad cardiovascular importante, hipertensión mal controlada, epilepsia o episodios activos de psicosis o manía. El asma o los antecedentes de pánico necesitan una valoración individual.
Tampoco es la única forma de desconectar. Para algunas personas, correr, entrenar o hacer yoga dinámico funciona igual de bien, reconoce la médica. Lo que aporta esta combinación es otra vía, basada en respirar por la nariz y descansar con apoyos. Respirar por la nariz, añade, tiene beneficios poco conocidos, porque las fosas nasales producen óxido nítrico, una molécula que participa en la circulación y protege las vías respiratorias. Y lo resume así: «No necesitamos exigirle más al cuerpo para sentirnos mejor».








