Sandra Hernández

«La mayoría de las dietas no fracasan en el plato. Fracasan el miércoles a las ocho y media». La frase es de la doctora María Amaro, experta en nutrición, y describe una escena que conocen muchas mujeres que trabajan a jornada completa. Se llega a casa con el día ya oscuro, se abre la nevera y se acaba cenando una tostada con lo primero que aparece. Según Amaro, el problema rara vez es saber qué comer. Lo que falta es un plan que encaje en la vida real.

Empieza por aclarar qué es comer mediterráneo, porque casi todo el mundo responde lo mismo: aceite de oliva, ensaladas, pescado y una copa de vino. «No está mal, pero se queda corto», advierte. Hay quien cree que lo cumple por aliñar con aceite de oliva una ensalada de bolsa a mediodía. El resto del día, mientras tanto, se le va entre galletas, pan blanco, embutido y platos preparados.

TAMBIÉN TE INTERESA

El patrón que se ha estudiado durante décadas es otra cosa. Se basa sobre todo en vegetales: verduras a diario y en cantidad, legumbres varias veces por semana, fruta entera, cereales integrales, frutos secos, pescado, huevos y aceite de oliva virgen extra como grasa principal. Según Amaro, esa suma se asocia con niveles más bajos de inflamación crónica de bajo grado, la que no duele pero está detrás de muchos problemas metabólicos y cardiovasculares.

Hay otra ventaja que suele olvidarse: la saciedad. «Un menú mediterráneo bien hecho no deja hambre», asegura la doctora. La clave está en combinar proteína, fibra y grasas buenas en cada comida principal. Así se llega a la cena sin ansiedad y sin necesidad de picar a media tarde, que es justo el momento en que muchas propuestas saludables se vienen abajo.

Lo que trae el mercado en octubre

Octubre es uno de los meses más generosos del año. Amaro destaca la calabaza y el boniato, perfectos para cremas y asados, y las setas, que dan mucho sabor con muy poca energía. También las coles, el brócoli y la coliflor, que empiezan su mejor momento, y las acelgas, las espinacas y el puerro. En fruta, la granada, el caqui, la manzana y la pera, y entre los frutos secos, nueces y castañas. Completan la lista las legumbres y el pescado azul pequeño, como la sardina o el jurel.

El truco para que todo esto llegue a la mesa está en el domingo, pero no en el domingo entero. Con una hora y media, explica Amaro, basta para dejar lista una bandeja de verduras asadas, una olla de lentejas, una crema de temporada y algo de arroz integral o quinoa cocidos. Unos huevos cocidos y verdura ya lavada completan la base. Lo que conviene hacer en el momento es el pescado y las tortillas. «El domingo preparas las bases; entre semana solo montas y añades la proteína», resume.

Un ejemplo de semana

Para desayunar, la doctora propone yogur natural con nueces y granada, tostada integral con tomate, aceite y huevo, o porridge de avena con manzana asada. El lunes, lentejas estofadas a mediodía y crema de calabaza con huevo por la noche. El martes, arroz integral con verduras asadas y pollo, y sardinas al horno para cenar. El miércoles, ensalada templada de garbanzos, boniato y espinacas, y un revuelto de setas por la noche.

El resto de la semana aprovecha lo que ya está hecho. El jueves toca merluza al horno con coliflor, y por la noche la crema que sobró del lunes con hummus. El viernes, las lentejas se reciclan en ensalada templada con queso fresco, y la cena es una tortilla de espinacas. El fin de semana deja sitio a un arroz con sepia, un guiso de alubias o un pollo asado con boniato. Amaro insiste en que el menú es una orientación y que las cantidades dependen de cada persona.

Las trampas del otoño con prisas

Algunas opciones que parecen sanas no lo son tanto. La doctora menciona las cremas envasadas con nata, almidones o aceite de girasol, y la ensalada de bolsa cargada de picatostes, beicon y salsas. Pone también como ejemplo el pan «integral» en el que la harina integral no es el primer ingrediente. Y recuerda que el zumo no sustituye a la fruta entera, ni la copa de vino es necesaria para comer mediterráneo. Su aviso más útil: una crema sola por la noche deja hambre a las dos horas si no lleva legumbre, huevo, pescado o queso fresco.

¿Se nota de verdad? Según Amaro, en dos o tres semanas muchas mujeres notan más energía, menos hinchazón y menos ansiedad por la tarde, y suelen dormir mejor. A medio plazo, el patrón mediterráneo se asocia con mejoras en el colesterol, la glucosa y la inflamación. Su propuesta para empezar es sencilla: reservar el domingo una hora y media para asar calabaza, poner unas lentejas al fuego y dejar hecha una crema. El miércoles por la noche, asegura, la sensación al abrir la nevera será de alivio.

TAMBIÉN TE INTERESA