Patricia Martín

Hay bandas que cuando alcanzan el éxito, encuentran una fórmula que funciona y deciden explotarla. Fontaines D.C. parecen tener más miedo a quedarse estancados que a perder parte de su público por el camino. En Dopamine Chamber, su quinto álbum de estudio, el grupo irlandés continúa el giro sonoro que inició con Romance (2024) y se aleja todavía más del post-punk crudo de sus primeros trabajos. El resultado es un disco más atmosférico y expansivo,en el que experimentar con nuevos sonidos ya no es algo puntual, sino una parte fundamental de su música.

Producido de nuevo por James Ford, responsable también de Romance, el álbum confirma que Grian Chatten, Carlos O’Connell, Conor Curley, Conor Deegan y Tom Coll están cómodos explorando otros territorios. Fontaines D.C. ya han demostrado que saben hacer buenas canciones de guitarras, así que ahora buscan probar cosas nuevas con su música, desde las melodías hasta la forma de cantar de Grian Chatten. No todos los experimentos funcionan igual de bien, pero está claro que la banda no quiere repetir la fórmula de discos anteriores como Dogrel o Skinty Fia. Prefieren explorar otros sonidos y ver hasta dónde pueden llegar sin perder su propia identidad.

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Una producción cada vez más cinematográfica

Desde Six Shot Morning, el tema que abre el álbum, queda claro que las guitarras han dejado de ser el centro de la banda. Un sintetizador ARP 2600 y una base rítmica de carácter mecánico construyen una atmósfera inquietante que remite al synth-pop oscuro de los ochenta. La influencia de grupos como Depeche Mode o New Order aparece en distintos momentos, aunque Fontaines D.C. no se limitan a reproducir ese sonido. Lo utilizan para construir un disco que alterna pasajes electrónicos, guitarras distorsionadas y arreglos orquestales.

Marianne, uno de sus temas más destacados, lleva esa ambición al terreno de la balada. Las cuerdas se despliegan progresivamente sobre una base envolvente mientras Chatten canta con un registro grave, contenido y casi hipnótico. Algo parecido ocurre en One Man, donde la música va ganando fuerza poco a poco hasta alcanzar su punto álgido con los arreglos de cuerda, que acompañan una interpretación vocal más intensa. En ambas canciones, la producción de James Ford consigue que temas con estructuras bastante clásicas suenen más ambiciosos y envolventes.

El disco también ofrece sonidos muy diferentes entre sí. En Demolition vuelven las guitarras distorsionadas y un sonido más agresivo, mientras que ‘Tongue’ apuesta por una base electrónica más oscura. En Mimesis, el bajo cobra protagonismo y crea una atmósfera más extraña. Esta variedad hace que Dopamine Chamber necesite más escuchas que otros discos de la banda, pero también demuestra que Fontaines D.C. no quieren limitarse a repetir lo que ya saben hacer.

Las letras de Grian Chatten

El título del álbum ya nos da una pista de su planteamiento. La dopamina es el neurotransmisor relacionado, entre otras funciones, con la motivación y la recompensa; aquí, la idea sirve para hablar de la necesidad constante de estímulos y de una sociedad que parece haber perdido la capacidad de detenerse. Chatten ha explicado que quería abordar la confusión entre la vida real y la identidad que construimos en el entorno digital, así como esa progresiva pérdida de humanidad que se esconde detrás de la búsqueda de aprobación. Sin convertir el disco en una colección de canciones explícitamente tecnológicas, Fontaines D.C. trasladan esa inquietud a las relaciones personales, la necesidad de gustar y el deseo de escapar de uno mismo.

En las letras conviven la atracción y la desconfianza. Chatten escribe sobre la necesidad de ser deseado, las relaciones que se desgastan y la posibilidad de desaparecer cuando la realidad resulta demasiado difícil de soportar. Hay una contradicción interesante entre lo que cuentan las canciones y cómo suenan. La música invita a dejarse llevar, pero las letras desconfían de esa misma necesidad de evasión.

La colaboración con Rosalía: la sorpresa del disco

La presencia de Rosalía en Where Is Gone? es uno de los grandes reclamos del álbum y también una de sus decisiones musicales más interesantes. La artista catalana es la única invitada del disco y lo hace en una canción que se aleja de lo que cabría esperar de una colaboración entre una estrella del pop y una banda de rock. En lugar de apostar por un estribillo pegadizo, Fontaines D.C. construyen una balada de más de cinco minutos en la que destacan la guitarra acústica, las cuerdas y una música que va creciendo poco a poco.

La canción habla de una relación que se acaba y de la dificultad de entender en qué momento han cambiado las cosas. Las voces de Chatten y Rosalía se van alternando a lo largo del tema: él canta con su tono grave y rasgado, mientras que ella aporta una voz más suave. La combinación funciona y demuestra que ambos artistas pueden encajar sin que ninguno tenga que renunciar a su estilo.

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