domingo 27 de septiembre de 2026

La leyenda cuenta que Santos Vega recorría los pagos del Tuyú y que su llegada era motivo de fiesta. Hombres y mujeres se reunían a escuchar sus payadas; unos días después, el cantor desaparecía tan inesperadamente como había llegado. Su historia suele recordarse por el duelo en el que Juan Sin Ropa lo vence. En la obra de Luis Bayón Herrera, sin embargo, esa fama convive con un rasgo menos heroico: Santos es un hombre apocado que busca el amor.

Argentina, una joven que también sufre la soledad, ocupa el centro de esa búsqueda. La guitarra le permite a Santos acercarse a ella y expresar sus propios pesares. En sus canciones aparecen además aspectos de la vida del pueblo: el temor a los malones, el poder de los jueces y los abusos policiales. Bayón Herrera, autor también ligado a los comienzos del cine argentino, encuentra en el payador un personaje que puede hablar de sus sentimientos sin dejar de mirar lo que ocurre a su alrededor.

Daniel Casablanca dirige una versión realizada junto con Guadalupe Bervih y Andrés Sahade que devuelve la obra al escenario desde la música y la danza. La puesta reúne milongas, malambos, chacareras y pericón con ritmos urbanos, entre ellos el trap. Esa combinación puede resultar inesperada para quien asocie la gauchesca con una forma fija, aunque el propio género nació del encuentro entre relato, actuación, canto y baile. Hacia fines del siglo XIX, el circo criollo llevó esas historias a un público que reconocía en ellas personajes y conflictos del país.

El elenco, integrado por actores, músicos y bailarines, sostiene esa variedad de registros. Participan, entre otros, Rosario Albornoz, Federico Llambí, Paraná Berreta, Camilo Carabajal, Yacaré Manso, Pedro Maurizi y Fernando “Fefo” Sellés. Las coreografías cruzan danzas tradicionales con lenguaje contemporáneo. Más que reconstruir una época, la puesta parece interesada en comprobar qué ocurre cuando ese material vuelve a pasar por cuerpos y músicas del presente.

Ese recorrido conduce al cierre con “Si se calla el cantor”. Hasta entonces, la historia sigue a Santos en su búsqueda de Argentina; con la canción, la pregunta se desplaza hacia quienes lo escuchan. Después de oírlo cantar sus penas y nombrar los abusos que atraviesan al pueblo, su silencio ya no puede entenderse solo como una derrota personal. En la Argentina de hoy, donde el lugar de la cultura y de las voces críticas está en disputa, el final adquiere un peso político: callar al cantor también es perder una manera de contar lo que sucede. La función termina, pero deja esa pregunta abierta para el público: qué voces estamos dispuestos a defender cuando dejan de cantar lo que queremos oír.