Elena Romero Vargas

El este de La Rioja sabe a garnacha madura, tiñe su paisaje al compás de las estaciones y guarda siglos de historia en sus calles. Aquí el vino recuerda a la herencia que llegó en época romana y que se ha convertido en esa tradición que padres e hijos veneran con el cariño que sólo se le pone a lo que se sabe propio. Una bebida que se visita, se entiende, se saborea y se comparte. Y no hay mejor forma de hacerlo que embarcándose en la Ruta del Vino Rioja Oriental, integrada en la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN), un paseo por la esencia más pura de este territorio que, con Arnedo como cabeza más visible, va desvelando, poco a poco, todo un tejido que ha crecido históricamente en torno a las cosechas y que se refleja en su legado, su cultura y su gastronomía.

El viaje arranca en Aldeanueva del Ebro, Ciudad del Vino de ACEVIN, donde la cultura vitivinícola marca a distintas generaciones. Su Museo del Vino ofrece el hilo conductor de esta ruta, pero si hay un lugar donde vivir en primera persona la pasión que despierta la esencia de la uva ese es Fincas de Azabache que, junto a su matriz, Bodegas Viñedos de Aldeanueva, están íntimamente ligados a la historia del pueblo. El broche de oro a esta primera parada lo ponen las vistas al Mar de Viñas que se ofrecen desde su mirador y que es el enclave perfecto para disfrutar de la primera copa.

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La localidad de Quel invita al visitante a sumergirse en los entresijos del idilio entre Rioja Oriental y el mundo vitivinícola a través de su barrio de bodegas, formado por más de trescientas cuevas excavadas en piedra arenisca donde antaño se elaboraba este caldo y que hoy custodian barricas centenarias. El paseo por sus calles empinadas regala, además, una vista panorámica única del valle del Cidacos y del castillo de Quel, que desde lo alto de su peña lleva siglos siendo testigo de la historia del lugar.


Castillo de Quel


ACEVIN


Muy cerca, en Pradejón, otra cavidad subterránea fue el escenario de uno de los grandes regalos que la naturaleza le ha hecho a Rioja Oriental: sus bodegas-cueva tradicionales reunían las condiciones perfectas para el cultivo del champiñón, algo que los hermanos Gil Merino supieron aprovechar al probar suerte plantando unas semillas traídas desde Barcelona con un resultado que fue excelente. Tanto es así que la tradición micológica y el fungiturismo se han convertido en la seña de identidad del pueblo, pionero en esta industria.

Arnedo no sólo es la capital natural de la comarca: también es el lugar donde se encuentran las Cuevas de los Cien Pilares, un antiguo monasterio medieval rupestre excavado bajo el Cerro de San Miguel. Estas grutas cumplieron funciones tan diversas como centro de oración, botica y, por supuesto, bodega, sumando así riqueza a la propia tradición vinícola de la zona. A sus pies se encuentra el restaurante Sopitas, instalado en una de ellas y comprometido con la tradición gastronómica local, donde no sólo es posible degustar sus vinos, sino también poner la guinda al itinerario con productos de kilómetro cero y de excelente calidad.


Mirador de las Viñas, Aldeanueva del Ebro


ACEVIN


Alfaro, Autol, Tudelilla, El Valle de Ocón o Calahorra son otros de los muchos pueblos que completan la ruta y que comparten, con el resto de localidades, el respeto por la tradición y la autenticidad propios de una región que no busca los focos de la fama, sino el deleite pausado de degustar una copa sorbo a sorbo, una visita paso a paso y una historia año a año. Si algo promete Rioja Oriental es conquistar al visitante por todos los sentidos.

Más allá de los viñedos

La Ruta de Rioja Oriental parte de una propuesta enoturística, pero incluye muchas otras experiencias que exploran diferentes realidades de la región que terminan de conformar su identidad. Merece la pena parar en la Almazara Riojana de Aldeanueva del Ebro, donde conocer el proceso de elaboración del aceite y la importancia del olivo en la zona, el centenario Molino de Ocón, emblema patrimonial de la ruta, o el Museo de la Verdura de Calahorra, ubicado en un antiguo convento, donde se exponen piezas tan únicas como los vestidos hechos a partir de hortalizas.


Molino de Ocón


RV Rioja Oriental


El origen del tempranillo blanco

Rioja Oriental es también la cuna de la uva tempranillo blanco, que nació por azar en 1988. El viticultor Jesús Galilea Esteban descubrió en Murillo de Río Leza racimos blancos en una cepa de tempranillo tinto. Esta mutación genética que hizo perder su color a la piel de la uva se convirtió en la única variedad de uva blanca autóctona de La Rioja.

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