«Cree en ti mismo y en tus compañeros de equipo, y los milagros pueden suceder». Herb Brooks, jugador y entrenador de hockey sobre hielo de los Estados Unidos, tenía bastante claro que la unión hace la fuerza dentro de un deporte que se ha convertido en el nuevo éxito de la literatura romántica. Desde la saga Kiss Me, de Elle Kennedy, que nos traslada a la universidad de Briar y su equipo, hasta la tensión homoerótica de Game Changers, de Rachel Reid. De hecho, podemos afirmar que el jugador de hockey es el nuevo protagonista masculino por excelencia para las nuevas lectoras.
Y no solo por su atractivo o popularidad, sino porque encaja a la perfección con los códigos del romance universitario que todos hemos anhelado vivir durante nuestros años estudiantiles. Quizás lo que más sorprenda es que un deporte de índole minoritaria como el hockey nos haya tocado con tanta intensidad. De hecho, las novelas suelen jugar con el binomio entre la dureza del atleta y la intimidad de la historia de amor; esa es la clave de su reciente éxito.
Sin embargo, en España el hockey sigue siendo un gran desconocido en el mundo del deporte y poco familiar para el gran público —todo lo contrario al fútbol y a sus fenómenos, como Ferrán Torres—. Precisamente por ello, esa distancia lo convierte en un escenario atractivo para la ficción, porque tiene mucho que explorar y aportar como parte de un buen descubrimiento. Las novelas han permitido entrar en un mundo que podríamos definir como un territorio de éxito frente a otros deportes mucho más conocidos.
Asimismo, en la ficción literaria, lo que parece funcionar mejor es el atractivo de enfrentar fuerza y masculinidad con vulnerabilidad, combinado con deseo e inseguridad. Un cóctel romántico que las novelas abordan sin pudor alguno, donde el protagonista de hockey representa esa contradicción perfecta. Quizás esa dualidad sea realmente lo que explica por qué estamos enganchados a esos chicos tan perfectos que juegan sobre hielo. Aunque quizás debamos irnos a la realidad para entender por qué la ficción toma como inspiración este deporte.
El hockey que existe más allá de las novelas románticas
El hockey sobre hielo tiene, para Arturo Guerra, jugador de hockey del FC Barcelona, una personalidad propia que lo diferencia de otros deportes. «No mucha gente está familiarizada con el deporte y el encanto que tiene. Es algo completamente distinto a deportes a los que estamos acostumbrados en España», explica. Para él, cualquier deporte sobre hielo «es magnífico de ver», pero el hockey destaca por «una explosión, una rapidez y una complejidad de la que otros deportes carecen».
La primera temporada de la serie de TV Off Campus, basada en los libros de la autora Elle Kennedy.
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Que el hockey se haya convertido en uno de los escenarios habituales de las novelas románticas tampoco le sorprende. «Creo que ha llevado tiempo, pero cada vez más gente es capaz de apreciar deportes minoritarios y darles la importancia que merecen», señala. Además, considera acertado el enfoque de estas historias porque, según entiende, «rompe con muchos estereotipos».
Aunque reconoce no estar demasiado familiarizado con las novelas, sí considera interesante la relación que establecen entre deporte y sentimientos. «A día de hoy, de los atletas y el amor es un tema tabú», afirma. Para Guerra, introducir una nueva perspectiva del amor en un deporte considerado «muy masculino» y «poco sentimental» permite visibilizar una realidad que todavía permanece escondida: «Hay mucha gente en el deporte sufriendo y escondiéndose de quienes realmente son, por miedo a cómo les percibirán sus compañeros, los fans y el mundo en general».
Arturo Guerra, jugador de hockey del FC Barcelona y la Selección Española.
D.R.
Frente a esa imagen, también reivindica la fuerte relación que se crea dentro de un equipo. «Yo considero a mis compañeros de equipo, además de amigos, hermanos de cierta manera», asegura. Compartir tiempo, pasión y problemas «hace imposible no tener una cercanía familiar». Y si hay una cualidad que destacaría de los jugadores de hockey, es clara: «Somos extremadamente competitivos; guerreros sería una descripción digna».
Ilya Rozanov (Connor Storrie), protagonista de la novela y serie de televisión ‘Más que rivales.
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Para construir un protagonista de hockey creíble, Guerra cree que habría que conocer mejor la realidad de este deporte en España. «Mucha gente se piensa que un deportista es únicamente deportista, cuando en nuestro caso todos barajamos ser deportistas de élite con nuestra vida cotidiana». Una realidad que rompe con el estereotipo de que «los deportistas ganamos millones», ya que la mayoría debe «dar el cien por cien en ambos ámbitos de nuestras vidas, sacrificando mucho».
Cuando la realidad supera al romance
Puede parecer que la fantasía haya sido fulminada tras estas declaraciones, pero déjame decirte que todo lo contrario. Cuando nos embarcamos en una aventura literaria, buscamos una evasión total del mundo real para poder conectar con otros universos con un imaginario diferente que nos haga soñar. Sin embargo, quizás esto nos haga comprender que la imagen del deportista de élite va más allá de esos sueños construidos en las novelas y que conlleva grandes sacrificios en la vida real.
En definitiva, el hockey funciona en el romance porque reúne todos los ingredientes necesarios de una fantasía masculina que nos hace creer que el novio perfecto existe —aunque luego todos tengan sus fantasmas—: atractivo, compañerismo y vulnerabilidad. La literatura ha conseguido convertir un deporte todavía desconocido en un territorio de deseo que sigue extendiéndose con todo tipo de variantes. Entonces, ¿nos hemos enamorado de los jugadores de hockey porque realmente son el nuevo ideal romántico o porque la literatura ha sabido convertir un deporte desconocido en la fantasía masculina perfecta?












