La mirada nostálgica de las generaciones digitales no cesa y los años 90 parecen ser el destino favorito de los que hoy ya no pueden entender el mundo sin pantallas. Convertidos en un paraíso perdido, solo las películas y novelas de aquella década traslada el espíritu real de aquellos tiempos salvajes. La generación X, entonces jóvenes sobradamente preparados, fueron tachados de hedonistas, descreídos, cero comprometidos y hasta cínicos. Hijos del divorcio y de la MTV, se escribió. En España, además, hijos de la floreciente democracia.

Bret Easton Ellis (Los Ángeles, 1964) fue etiquetado el escritor de la generación X tras la publicación de American Psycho (1991), su mayor éxito. En el colegio se hizo amigo de Donna Tartt, autora de otro de los clásicos imperdibles de los años 90: El secreto (1992), y Jonathan Lethem, autor de La fortaleza de la soledad (2003). A diferencia de la discreción de estos, se convirtió en el más polémico autor de su generación, hasta el punto de ser calificado de tóxico (literal y figuradamente). No habló públicamente de su homosexualidad hasta 2012: el tratamiento de lo gay (y en general de todas las categorías con etiqueta) le parece una parodia.

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Provocador y obsesionado con la violencia, la controvertida figura de Bret Easton Ellis ha eclipsado muchas veces sus libros. Salvando las distancias literarias, le sucede un poco como a Michel Houellebecq: el mundo que muestra es tan decepcionante y violento, que preferimos achacárselo a una personalidad excéntrica que tomárnoslo en serio. En el caso de Ellis, sus protagonistas son además hijos sanos de la clase alta, otra razón para descartar su realidad como si perteneciera a otro planeta. Cuando, en realidad, configura el horizonte aspiracional de muchos o casi todos.


Portada de la novela de Bret Easton Ellis, Menos que cero.


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Menos que cero (1985)

Bret Easton Ellis solo tenía 21 años cuando publicó su primera novela, protagonizada por un grupo de ricos adolescentes de Los Ángeles. Se lee casi como un diario autobiográfico de los años de instituto del autor y sus amigos, dedicados a las fiestas, las drogas y en general todo lo que pudiera anestesiar a unos adolescentes perturbadoramente insensibilizados.

Todos los diagnósticos acerca de la superficialidad y el narcisismo de la juventud actual se quedan cortos al lado de este retrato a ratos ingenuo, a ratos francamente incómodo. En España, dos novelas de otros tantos jóvenes novelistas de los 90 se señalaron como imitaciones de esta: Historias del Kronen (José Ángel Mañas, 1994) y Lo peor de todo (Ray Loriga, 1992).


Fotograma de Las reglas de la atracción, la película basada en Las leyes de la atracción.


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Las leyes de la atracción (1987)

Tras el éxito de crítica y ventas de su debut, Bret Easton Ellis quiso retratar sus años universitarios a través de una relación a tres, marcada por las drogas, la promiscuidad, la discapacidad sentimental y la enfermedad mental. Puede leerse como un retrato del instituto donde estudiaron Ellis, Tartt y Lethem, el mismo que retrata El secreto. La novela fue llevada al cine con el título Las reglas de la atracción y fue la adaptación que más ha defendido el escritor: la dirigió Roger Avary, con el fallecido James Van Der Beek como protagonista. En España la publicó Anagrama en 1990 y ahora mismo está descatalogada.


Portada de American Psycho, la afamada novela de Bret Easton Ellis.


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American Psycho (1991)

Es la novela de referencia de Bret Easton Ellis, y no solo por la impactante película que protagonizó Christian Bale y dirigió Mary Harron. Antes de su publicación, se filtraron algunas páginas que fueron publicados en las revistas Time y Spy. La indignación por su violencia y misoginia fue tal, que la editorial canceló el libro. Se publicó un año después en otro sello y se convirtió en superventas inmediatemente. El protagonista, Patrick Bateman, es un financiero de Wall Street en la era Reagan, obsesionado con el éxito, las apariencias y el lujo.

Abocado a una vida de vacío existencial, Bateman va desintegrándose mentalmente hasta convertirse en un sádico asesino. Especialmente misógino y clasista, por cierto, algo que llevó a las feministas de la época a poner el grito en el cielo. De hecho, durante la promoción Bret Easton Ellis dijo que se había inspirado en su propio padre, con el que no tuvo una buena relación. Años más tarde, reconoció que trató de tirar balones fuera «El libro hablaba de mí todo el tiempo. Escribí sobre mi rabia y mis sentimientos», reconoció.


Portada de la novela Lunar Park.


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Lunar Park (2005)

Fue su primera novela ya en el siglo XXI y la primera tras siete años de silencio. Como casi todas las suyas, tuvo tantos aplausos como críticas decepcionadas. Ellis se atreve con un autoexamen, un recorrido por su propia vida como autor de éxito en una ficción que mezcla autobiografía, drama familiar y terror sobrenatural. Aunque, en realidad, estamos ante una parodia, una distorsión de sí mismo y hasta de sus personajes, que aparecen como fantasmas. Se ha leído como un homenaje a Stephen King y, solo por este dato, ya merece la pena leerla. Algo que se hace, como todos sus libros, casi de un tirón.


Portada de la novela Los destrozos en la que se basa la serie de Disney +, The Shards.


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Los destrozos (2023)

La crítica recibió esta novela como la única que podría medirse con American Psycho, la primera a la altura de un buen alumno de Joan Didion y, probablemente, la mejor de Bret Easton Ellis. Aquí vuelve a un instituto de niños ricos en Los Ángeles de 1981, a su hedonismo vacío y su desamparo afectivo, a través de la voz narrativa de otro trasunto de sí mismo, un aspirante a escritor con novia oficial y relaciones homosexuales extraoficiales. Pero, además, irrumpe la figura de un despiadado asesino en serie, que no será el único responsable de los destrozos de los que habla el título. La novela, trepidante, ya figura en el catálogo de series de Ryan Murphy.

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