Muchas mujeres a partir de los 40 notan que les cuesta concentrarse o que olvidan palabras y nombres con más frecuencia. La explicación habitual apunta al cerebro. Asun Arias, farmacéutica, empresaria y divulgadora especializada en salud femenina, climaterio, dermofarmacia y micronutrición, propone mirar más abajo: «Cuando el intestino no funciona correctamente, ya sea por estrés, una alimentación inadecuada, falta de sueño o alteraciones de la microbiota, puede aparecer una inflamación crónica de bajo grado que favorece cambios en la permeabilidad intestinal y la liberación de mediadores inflamatorios que pueden llegar al cerebro y afectar a funciones tan importantes como la memoria, la concentración o la capacidad de aprendizaje«.
El mecanismo que lo explica tiene nombre: eje intestino-cerebro. «Es una red de comunicación permanente y bidireccional entre el sistema digestivo y el sistema nervioso central«, explica Arias. La gran autopista de esa comunicación es el nervio vago, el nervio más largo del organismo, que conecta directamente el intestino con el cerebro. Y el sentido del tráfico sorprende: el intestino envía mucha más información al cerebro de la que recibe.
Esa comunicación no depende solo del sistema nervioso. También intervienen el sistema inmune, del que aproximadamente el 80% reside en el tubo digestivo, el sistema endocrino y los metabolitos que genera la microbiota intestinal. «Los ácidos grasos de cadena corta son capaces de influir en la función cerebral y en la producción de neurotransmisores», señala Arias. La evidencia actual muestra que esta conexión influye en la cognición, el estado de ánimo y la memoria de formas que hace apenas una década desconocíamos.
La influencia de la microbiota sobre los neurotransmisores es especialmente relevante. «En el intestino existen unas células llamadas enterocromafines que producen alrededor del 90-95% de la serotonina del organismo», explica Arias. La serotonina es clave para el bienestar emocional y además es precursora de la melatonina, la hormona que regula el sueño. Determinadas bacterias intestinales también participan en la regulación de la dopamina, relacionada con la motivación y la concentración, la acetilcolina, fundamental para la memoria y el aprendizaje, y el GABA, vinculado a la sensación de calma.
Asun Arias, farmacéutica, empresaria y divulgadora.
D.R.
Por qué los 40 son el punto de inflexión
A partir de los 40 comienza una transición neuroendocrina conocida como climaterio, con el descenso progresivo de los estrógenos. «Los estrógenos ayudan a mantener la integridad de la barrera intestinal, modulan la diversidad bacteriana y regulan la respuesta inflamatoria. Cuando sus niveles disminuyen, también cambia el equilibrio de la microbiota», explica Arias. Existe además un grupo de bacterias conocido como estroboloma que participa directamente en el metabolismo de los estrógenos: las hormonas influyen sobre las bacterias intestinales y estas, a su vez, influyen sobre el metabolismo hormonal.
Por eso muchas mujeres empiezan a experimentar niebla mental, alteraciones digestivas, cansancio, cambios de humor o dificultades para dormir precisamente en esta etapa. «La hinchazón abdominal, las digestiones pesadas, los gases, el estreñimiento, la diarrea, el reflujo o determinados alimentos que empiezan a sentar mal son señales que no deberíamos ignorar», advierte Arias. Muchas personas los normalizan sin saber que pueden estar reflejando inflamación intestinal, alteraciones de la microbiota o cambios en la permeabilidad intestinal que acaban afectando a la función cognitiva.
Qué hábitos protegen al mismo tiempo el intestino y el cerebro
La base está en una alimentación rica en vegetales, fibra, especias, fitoquímicos y nutrientes esenciales. «El microbioma agradece especialmente una dieta variada, rica en alimentos frescos y pobre en ultraprocesados y azúcares refinados», señala Arias. Controlar los picos de glucosa, mantener una correcta hidratación y hacer ejercicio físico de forma regular son también medidas con impacto directo sobre la microbiota y la función cerebral.
El descanso ocupa un lugar central. «Dormir bien no solo permite la recuperación cerebral, sino que también influye directamente en la composición y diversidad de la microbiota», explica Arias. La gestión del estrés es igual de importante: el estrés crónico altera la microbiota, aumenta la inflamación y repercute tanto en la función digestiva como en la cognitiva. Descuidar cualquiera de estos hábitos tiene consecuencias que van mucho más allá del sistema digestivo.
«Al final, cuidar el intestino es una de las estrategias más eficaces para proteger la memoria, la concentración y la salud cerebral a largo plazo», resume Arias. La niebla mental después de los 40 tiene, en muchos casos, una explicación digestiva concreta. Conocerla permite actuar desde los hábitos diarios, sin esperar a que los síntomas se agraven.












