Empecé a leer Colette, de Antoine Compagnon, pensando que iba a encontrarme con una biografía más sobre la escritora francesa. Sin embargo, terminé preguntándome cómo era posible haber tardado tanto en descubrir a una mujer que, hace más de un siglo, ya escribía sobre cuestiones que siguen siendo muy actuales hoy en dia.
De Colette sabía que era uno de los grandes nombres de la literatura francesa del siglo XX. Poco más. Como me ocurre con muchos clásicos, conocía mucho mejor su fama que a la persona que había detrás de ella. El ensayo de Compagnon fue la excusa perfecta para ponerle contexto a ese nombre y entender que Colette no solo fue una escritora brillante, sino también una mujer que desafió muchas de las normas de su tiempo y cuya mirada sobre las relaciones, la independencia o el deseo sigue resultando sorprendentemente cercana.
No hace falta haber leído ninguna de sus novelas para disfrutar de este ensayo. De hecho, creo que funciona mejor si llegas a él con curiosidad y pocas certezas. Compagnon construye un retrato cercano de una mujer que fue mucho más que una escritora de éxito y consigue lo que, para mí, es el primer objetivo de la biorafía de un escritor: ir corriendo a leer una de sus novelas.
Mucho más que una escritora
Sidonie-Gabrielle Colette nació en 1873, en una Francia donde el papel de las mujeres estaba mucho más limitado de lo que hoy podemos imaginar. Sin embargo, desde muy pronto decidió vivir al margen de muchas de las normas de su tiempo. Fue periodista, actriz de music hall, crítica teatral y una observadora incansable de todo lo que ocurría a su alrededor. Su vida estuvo marcada por el éxito, pero también por decisiones que en aquella época resultaban profundamente transgresoras.
Portada del libro ‘Colette’ de Antoine Compagnon
LA CASA DEL LIBRO
Uno de los episodios que más me llamó la atención fue el de sus primeros libros. Las novelas de la serie Claudine, que la convirtieron en un fenómeno editorial, aparecieron firmadas por su marido, Henry Gauthier-Villars, conocido como Willy, quien acostumbraba a publicar bajo su nombre textos escritos por otras personas. Solo después de separarse consiguió recuperar el control sobre su obra y empezar a construir una carrera bajo su nombre.
Pero, más allá de su trayectoria profesional, lo que convierte a Colette en un personaje tan fascinante es que nunca pareció demasiado preocupada por cumplir las expectativas de los demás. Se divorció, mantuvo relaciones con hombres y mujeres, actuó sobre los escenarios cuando eso no estaba bien visto para una mujer de su posición y defendió una independencia poco habitual en la sociedad francesa de principios del siglo XX.
Lo interesante es que esa libertad no solo marcó su forma de vivir, sino también su manera de escribir. Colette hablaba del deseo femenino, del amor, del envejecimiento, de la maternidad, de los celos o del placer de observar la naturaleza con una sinceridad que todavía hoy emociona. Sus novelas no buscan dar lecciones ni lanzar grandes discursos; simplemente retratan las contradicciones de sus personajes con una sensibilidad que hace muy fácil entender por qué sigue siendo una autora tan leída y reivindicada.
El ensayo perfecto para descubrirla
Creo que el mayor acierto de Antoine Compagnon es no convertir este libro en una biografía enciclopédica. No hay una sucesión interminable de fechas, nombres o episodios. En su lugar, el autor selecciona los momentos que mejor ayudan a entender quién fue Colette y por qué su obra sigue despertando interés.
A medida que avanzaba en la lectura tenía la sensación de que el libro no buscaba impresionar con datos, sino contagiar las ganas de leer a Colette. Y lo consigue. Habla de su infancia, de sus primeros años como escritora, de la complicada relación con su primer marido, de su manera de observar el mundo y de la libertad con la que decidió vivir, pero siempre con una idea de fondo: explicar por qué sigue siendo una autora tan contemporánea.
En un momento en el que cada semana aparecen novedades editoriales, recuperar a una autora que escribió hace más de un siglo puede parecer una apuesta extraña. Sin embargo, Colette demuestra justo lo contrario: que hay n y escritoras cuya mirada sigue teniendo mucho que decir. Si nunca has leído a Colette, este ensayo probablemente sea la mejor puerta de entrada.












