Aloña Fdez. Larrechi

Las terrazas son uno de los espacios más cotizados en esta época del año, especialmente cuando atardece. Los rooftops andan al mismo nivel de importancia social y festiva, pero unas plantas más arriba, lejos del asfalto y con unas vistas espectaculares. Lo que tenemos que reconocer que nunca habíamos pensado es que podríamos comer al aire libre en algo tan escaso en Madrid como un patio. Y lo más curioso es que lo hemos encontrado en el centro de la ciudad.

Porque La Ancha de Zorrilla, el restaurante situado a unos metros del Congreso de los Diputados, cuenta en su interior con un refugio vegetal ideal para olvidarnos del bullicio urbano mientras disfrutamos de su exquisita oferta gastronómica. Un lugar que, como su homónimo en Príncipe de Vergara, es ideal para disfrutar de la mejor cocina española, elaborada con ingredientes de temporada y el mejor producto.

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Clásicos ya imprescindibles como las croquetas de jamón, su ensalada de colas de cangrejo, sus tortillas guisadas o su imprescindible escalope Armando son alguno de esos platos con los que La Ancha te conquista para hacer de su cocina ese lugar al que siempre vuelves cuando solo quieres disfrutar. Porque no hay nada como hacer lo clásico como en casa.

Tradición arraigada y actualizada

La Ancha de Zorrilla ha estrenado esta temporada este apetecible patio y ha hecho de él un espacio verde y lleno de encanto a través de muros de vegetación que aportan frescura y sensación de calma, pero también te alejan de la quinta velocidad propia de la ciudad y te ayudan a olvidarte de todo. Un patio que mantiene la línea estética, cálida y elegante, del restaurante que fue reformado por el estudio Arquitectura Invisible en 2019 y que invita a disfrutar de la sobremesa.


La ensalada de aguacate, manzana y piñones de La Ancha, una opción ideal y refrecante para degustar este verano.


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Este nuevo atractivo se suma a la cocina reconocible, y querible, propia de los restaurantes de la Familia La Ancha. Espacios que, con Nino Redruello a la cabeza, lleva años apostando por el buen hacer en cocina y en sala, siguiendo los pasos de Benigno Redruello, el abuelo de los actuales propietarios y dueño de la primera taberna de la familia. De aquello han pasado más de cien años, pero la tradición arraigada y actualizada, el respeto al producto y el cuidado por los detalles siguen presentes a la hora de proponer una oferta gastronómica que lleva años conquistando a madrileños y visitantes.

En La Ancha de Zorrilla, al igual que en su hermana de Príncipe de Vergara, es posible disfrutar de platos con tanta historia como los Arenques marinados al limón, una variación del plato original con sardinas y que demuestra que hay vida, y es deliciosa, más allá de los boquerones al vinagre. Calamares de potera a la andaluza, cazón en adobo, gambas o revueltos completan la carta de entrantes, en la que no faltan la selección de ibéricos y los quesos tan propios de los eventos familiares.

Pasión por lo bueno

La pasión de La Ancha por los vegetales, por las posibilidades que ofrecen los productos de temporada y el trabajo con proveedores de confianza llevan a ese delicioso y refrescante apartado de la carta que componen las ensaladas y los platos vegetales a convertirse en un imprescindible. Clásicas como la ensalada de cangrejo, que 40 años después de su invención sigue siendo uno de los platos favoritos de la clientela o la de aguacate, manzana y piñones, refrescante y suculenta, conviven con platos tan apetecibles como el panaché de verduras con huevo y jamón y productos como los espárragos blancos o verdes, las alcachofas o las judías.


El (merecidamente) afamado escalope Armando de La Ancha Zorrilla.


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A la hora de elegir un segundo, la decisión no resulta más fácil, y mientras que para los amantes del pescado hay hasta quince opciones, los carnívoros encontrarán doce. En este último apartado no falta el escalope Armando, santo y seña de La Ancha, y también de la Familia. Pero también es posible disfrutar de un solomillo Café de París, unas albóndigas en salsa, unos castizos callos a la madrileña o la infalible carrillera de ternera con puré de patatas. A los marinos no les faltaran propuestas frescas y diversas, con cuatro elaboraciones diferentes de merluza, y hasta dos de pescados como la lenguadina, el mero o el atún.

La tradición como faro también alcanza la carta de postres, en la que podemos escoger entre clásicos infalibles como la leche frita, el arroz con leche, el tocino de cielo o el flan de huevo con nata y otros que se han ganado un hueco en ese lugar privilegiado, como es la tarta de queso al estilo fismuler. El dulce broche final a una velada, o comida, en la que, junto al siempre dedicado servicio y su particular vergel, harán de la experiencia gastronómica uno de los mejores momentos del verano gastronómico.

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