Echemos un vistazo a la parrilla de contenidos de las plataformas de streaming. Entre el amplio catálogo con el que cuenta, hay un género común en todas ellas que destaca por su popularidad: el True Crime. Las historias de crímenes reales, ya sea en formato documental o en serie o película que se inspira en estos hechos se han convertido en uno de los géneros más explotados de los últimos años a nivel internacional. Posiblemente te suene (incluso te hayan enganchado) títulos como El cuerpo en llamas, La viuda negra, El caso Asunta o la historia de los hermanos Mendoza o Jeffrey Dahmer dirigida por Ryan Murphy, todas ellas series de ficción basadas en historias reales y que cuentan también con su documental.
Pero el interés por lo criminal no es, en absoluto, algo novedoso. Décadas atrás, eran los periódicos los encargados de difundir estas historias en la sección de Sucesos o en medios especializados como El Caso en nuestro país. Ya por aquel entonces el éxito de estos relatos era apabullante, y con el devenir de los años no ha hecho más que adaptarse a los nuevos formatos que responden a la necesidad de la población de estar al tanto de estas historias.
Resulta, cuanto menos, curioso que el crímen y sus consecuencias sea algo que despierte tanto interés, hasta el punto de necesitar reinventar la forma de contarlo para que siguan cumpliendo su función. El testigo de aquellos periódicos no lo recogen sólo las series, películas o documentales, cada vez son más los comunicadores que se sirven del formato podcast para crear programas donde el True Crime sea el hilo conductor. Y su éxito está más que asegurado, pues las cifras de oyentes no paran de crecer mes tras mes.
Coral do Rego y Yayo Freijo están detrás de Sofá, manta y crimen, uno de los podcasts que abordan la temática True Crime más populares del momento. Su proyecto empezó por casualidad: una noche, después de un concierto y un tiempo rumiando la idea de grabar algo juntos, decidieron ponerse manos a la obra con el que sería su primer episodio. La temática, sin embargo, no la tenían tan clara, pero terminaron por escoger el True Crime, precisamente, por la predilección de Coral, que poco a poco fue introduciendo también a Yayo en este mundo hasta llegar a convertir el podcast de ambos en todo un referente en narración de crímenes reales.
El «frikismo por el misterio» fue lo que unió a Emma Entrona y Silvia Ortiz, podcasters al frente de Terrores Nocturnos. Tras coincidir en unas prácticas en la radio, decidieron empezar un podcast al principio orientado únicamente a contar historias de terror, pero que poco a poco se fue abriendo también a los crímenes reales, descubriendo en el proceso que ambas temáticas comparten nicho, pues, como ellas mismas explican, «en la mayoría de las historias paranormales está presente el crimen».
Estos son sólo algunos de los podcasts más populares del momento en materia de True Crime, pero no deja de ser una representación de la amplia oferta de formatos en los que los espectadores podemos consumir historias de crímenes reales. Más allá de series, documentales o programas, el True Crime cuenta también con un puesto de honor en las redes sociales, especialmente en formatos como reels de Instagram o vídeos de TikTok. De hecho, son un medio fundamental a la hora de despertar interés por estos casos. Las podcasters de Terrores Nocturnos han podido experimentar cómo una de las claves del éxito de sus programas radica en la difusión que esté teniendo el caso en ese momento en estos medios, donde no es tan necesaria la actualidad como la viralidad: si esta red social se empieza a llenar de creadores de contenido narrando un caso de True Crime, la audiencia de los podcasts o documentales que traten sobre el mismo crecerá exponencialmente.
Y es que tal es la importancia de la que goza el contenido basado en crímenes reales que incluso podemos hablar de creadores cuyo perfil se centra en dar difusión a estos sucesos. Este es el caso de Miriam Gutiérrez Benítez, profesora de Lengua Castellana y Literatura e Influencer que, entre otras cosas, se ha convertido en todo un referente en la sección de True Crime de TikTok. El gusto de Miriam por lo criminal no viene de nuevas. Ya en la universidad compaginaba sus cursos de Filología con clases sobre lingüística forense (a las que asistía como oyente) o una formación independiente en lenguaje corporal y en análisis de entrevistas a asesinos, con el único fin de entender qué motivaba su comportamiento.
Por qué sentimos atracción por las historias de crímenes reales
Pero, ¿qué tienen los relatos criminales para que nos susciten tanto interés? ¿Es solo morbo lo que nos impulsa a meternos de lleno en estas historias? La respuesta está en la ciencia, más concretamente, en la atención que presta el cerebro humano a las amenazas. Con los relatos de True Crime somos capaces de sentir esa amenaza, pero sin que el peligro sea real. Catalina Gay Pajares, psicóloga en la Clínica López Agrelo, lo explica así: «Cuando observamos estos relatos desde «la distancia», nuestro cerebro intenta aprender, anticiparse y entender cómo protegerse ante el peligro. En cierto modo, mirar lo criminal es también mirar nuestros propios miedos y tratar de darles sentido».
Pero esa suerte de «preparación al peligro» no es lo único que nos mantiene enganchados a las historias de crímenes reales, y es que, como bien apunta Gay Pajares, el miedo y la búsqueda de sentido son los otros dos grandes alicientes que alimentan el gusto por este género. Sobre la relación de nuestro cerebro con el miedo – tan presente en muchos de estos relatos – nos habla Noelia Labrandero García, psicóloga forense, criminóloga y perfiladora criminal: «Nos atrae el miedo, pero no nos gusta sentirlo. El True Crime nos permite vivirlo así. Es lo mismo que con las casas del terror o los scape rooms de miedo: nos atrae el sentirlo, pero no lo estamos sintiendo de verdad, porque esto no es real». Y, ¿por qué esta fijación por el miedo? Labrandero lo deja claro: «Porque es una emoción más. Al final, nos atrae porque, en dosis moderadas, responde a curiosidad y aprendizaje, especialmente a la curiosidad».
Esta curiosidad nace de otra de las grandes necesidades del cerebro según la psicología, la de darle sentido a lo que nos rodea y tener sobre ello una sensación de control, y «ver este tipo de contenido puede generar una sensación subjetiva de preparación», matiza Bárbara Zorrilla Pantoja, psicóloga sanitaria y forense, experta en género, victimología e intervención social. Es este factor lo que justifica, precisamente, el hecho de que no pare de crecer la parrilla de contenidos sobre crímenes reales en cualquier formato. Como aclara Bárbara Zorrilla, la industria audiovisual no es ajena a este dato y ha sabido servirse de «una sociedad sobrestimulada, sobreexpuesta y cambiante» para brindarle un contenido que satisfaga este deseo. Y es que, además de esta sensación de control, en el True Crime conviven emociones como el suspense, el análisis psicológico o la sensación de realidad que logran el cóctel perfecto para mantenernos sin pestañear lo que dure la producción.
Esta idea es secundada por Catalina Gay, quien también defiende que vivimos en una sociedad «muy expuesta a la incertidumbre, al miedo y a la hiperestimulación informativa». «El True Crime combina varios elementos que capturan la atención: peligro, misterio, emoción y búsqueda de respuestas. También refleja una necesidad colectiva de comprender fenómenos complejos como la violencia, el abuso, la manipulación o la psicopatía. Muchas veces estos contenidos funcionan como una forma de explorar los límites de lo humano y de preguntarnos cuál es el origen de ciertas conductas», añade.
Quiénes son los amantes más fieles del True Crime
El nicho de población amante del True Crime es cada vez más grande, pero hay un sector donde el interés por estas cuestiones es aún más evidente. Así lo defienden Miriam Gutiérrez, Coral y Yago o Silvia y Emma, quienes no dudan en afirmar que su público es mayoritariamente femenino. El porqué de esta afirmación está en la ciencia, aunque también juega un papel crucial la forma en la que tradicionalmente ha sido educada la mujer. Según la psicóloga y criminóloga Noelia Labrandero, las mujeres tenemos un cerebro más empático que los hombres, de ahí que nuestra forma de relacionarnos con el True Crime sea mucho más humana, lejos de lo que se pueda llegar a pensar: «No es que seamos más macabras, de hecho, en estadísticas, las mujeres cometemos muchos menos delitos de sangre que hombres», puntualiza la experta.
Sin embargo, hay una razón de peso detrás de este consumo masivo por parte del público femenino que va más allá de cuestiones neurológicas, y es el deseo de comprender el funcionamiento detrás de estas conductas para poder ponernos a salvo ante señales de alerta. «Las mujeres, desde edades muy tempranas, suelen ser socializadas en torno a la prevención del peligro: «ten cuidado», «no vuelvas sola», «avisa cuando llegues». Por eso, para muchas, el True Crime no se vive solo como un entretenimiento, sino que existe un sentimiento de identificación parcial y conexión con las personas implicadas en el crimen. El contenido de True Crime permite entender riesgos reales y adquirir herramientas simbólicas de protección frente a situaciones hipotéticas. Hay una identificación más directa con las víctimas y con determinadas experiencias de vulnerabilidad», explica Catalina Gay.
Muchas veces, no se trata solo de buscar recursos de forma hipotética. El True Crime también puede llegar a hacer de espejo ante situaciones de riesgo en las que muchas están inmersas y que gracias a verlo en otros relatos pueden llegar a reconocerse como víctimas. Lo que se busca, en realidad, son consecuencias, según Noelia Labrandero, quien vuelve a referenciar esa sensación de seguridad que transmite el True Crime para enfrentarse el peligro sin sufrirlo realmente, algo que permite ver paralelismos en situaciones que recuerdan a la propia realidad y que llevan a pensar «si sigo aquí, me puede pasar esto».
Mención especial merece también otro punto en común que todos los creadores de contenido señalan: el interés por los casos no resueltos. ¿Qué dice la psicología de este dato? «Los casos no resueltos dejan una sensación de tensión abierta que psicológicamente resulta muy difícil de sostener. Cuando no hay respuesta, seguimos intentando encontrar patrones, hipótesis y explicaciones. Nos aproximamos a los casos no resueltos desde la curiosidad y la necesidad de tratar de captar las señales que potencialmente se nos puedan escapar», explica Catalina Gay.
Además, los casos inconclusos despiertan en la audiencia el deseo de «jugar a ser detectives», algo que «facilitan la conversación colectiva», como afirma la doctora Gay, y que, además, puede llegar a tener grandes beneficios para la sociedad. Noelia Labrandero, que además de psicóloga y criminóloga es también perfiladora criminal, advierte sobre las ventajas de que a nuestro cerebro «le fastidien los círculos no cerrados», pues eso lleva a muchos a querer investigar y buscar una conclusión: «Mil ojos ven más que dos, y es maravilloso cómo los ejércitos de fans del True Crime pueden llegar a esas conclusiones», sentencia.
Los peligros que esconde el True Crime
Aunque el interés por esta temática pueda parecer algo inofensivo e incluso natural, lo cierto es que esta práctica no está exenta de riesgos para nuestra salud mental. Bárbara Zorrilla apunta hacia dos posibles consecuencias nocivas: por un lado, el riesgo de concebir el mundo como un sitio mucho más peligroso de lo que es, y por otro, la desensibilización. «Estamos muy expuestos a una violencia que es real, pero que consumimos como entretenimiento, vanalizándolo y consumiendo este sufrimiento con una distancia emocional intolerable», alerta la experta, que califica este último riesgo como el «más peligroso» para la salud mental de los consumidores de True Crime.
Por su parte, la también psicóloga y criminóloga Noelia Labrandero advierte sobre el riesgo de abusar de este contenido y exponerse en exceso a estas situaciones, ya que puede derivar en cuadros de ansiedad, miedos anticipatorios o desconfianza extrema. La experta hace mención especial al peligro del True Crime en personas con patologías previas, que más allá de estos síntomas existe el riesgo de desencadenar «ciertas fantasías que pueden llevar, incluso, al deseo de imitación».
¿Quiere decir esto que, a largo plazo, el interés por los crímenes reales puede derivar en consecuencias negativas para nuestro cerebro y salud mental? La realidad es que no exactamente, pero, como todo, merece la pena tratarlo con mesura y consciencia. La psicóloga Catalina Gay da la clave para seguir disfrutando del True Crime con consciencia, minimizando los riesgos de caer en estas consecuencias: «Un consumo equilibrado, crítico y consciente, que suele ser muy diferente a una exposición excesiva que termine alimentando el miedo, la ansiedad o el malestar psicológica».












