Sandra Hernández

Los cambios hormonales de la menopausia no solo afectan a los sofocos o al sueño. También modifican la composición corporal, y los brazos son una de las zonas donde ese cambio se hace más visible. La pérdida de firmeza en la parte posterior —las conocidas alas de murciélago— tiene una explicación fisiológica clara: la caída hormonal, sumada al sedentarismo, acelera la pérdida de masa muscular a partir de los 50. Laura Cabral y el doctor Juan Bosco Calvo, de Corpora Pilates, trabajan con esta realidad a diario y tienen una respuesta directa: se puede revertir, y no hacen falta pesas para empezar.

El pilates suele asociarse al core y a la postura, pero su repertorio para brazos es mucho más amplio de lo que se cree. «Está diseñado para trabajar sin pesas, con implementos y máquinas que permiten tonificar y fortalecer la musculatura profunda«, explican. Con muelles, gomas o el propio peso corporal, la resistencia es progresiva y controlada. No es un entrenamiento suave: es fuerza aplicada con precisión.

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Los ejercicios que realmente funcionan

La serie Arm Work incluye movimientos específicos para trabajar cada grupo muscular del brazo. El ejercicio de tríceps —extensión de codo contra resistencia— actúa directamente sobre la zona posterior, la más propensa a perder firmeza. El de bíceps —flexión de codo con muelles o bandas— activa la parte frontal. Ambos se adaptan fácilmente al nivel de cada persona y permiten progresar sin riesgo.

Entre ellos destaca el Salute, un ejercicio enfocado en hombros que ayuda a definir el contorno del brazo. «Trabaja esa zona donde se acumula flacidez con el paso del tiempo«, señalan. Su eficacia no está en la intensidad, sino en la repetición bien ejecutada.

La cuadrupedia y las flexiones adaptadas completan el trabajo. Las primeras son accesibles para casi cualquier nivel y activan los estabilizadores del hombro; las segundas —la plancha con flexión— añaden un estímulo más exigente cuando hay base suficiente. Juntos, estos ejercicios cubren el tren superior sin necesidad de peso externo.

La clave no es la intensidad, es la frecuencia

«Para empezar a ver cambios, el trabajo de fuerza debe hacerse al menos dos veces por semana«, insiste Cabral. Esa constancia es la que genera adaptación muscular real. Una sesión ocasional puede mantener el tono, pero difícilmente lo transforma. La diferencia entre mantener y mejorar está, casi siempre, en la frecuencia.

La progresión es el otro factor determinante. Empezar con una resistencia adecuada al nivel actual y aumentarla gradualmente es lo que obliga al músculo a seguir respondiendo. Sin ese estímulo creciente, el cuerpo se adapta y deja de cambiar, aunque se repita el mismo ejercicio semana tras semana. Es la razón por la que muchas personas entrenan durante meses sin notar avances: hacen siempre lo mismo con la misma intensidad.

A partir de los 50, el músculo responde más lentamente que a los 30, pero sigue respondiendo. La sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular asociada a la edad, no es un proceso irreversible cuando hay estímulo de fuerza regular. Los estudios en mujeres posmenopáusicas muestran mejoras significativas en tono y fuerza muscular con programas de entrenamiento de dos a tres sesiones semanales, incluso cuando se empieza desde cero.

Desde Corpora lo resumen sin rodeos: sí, se pueden tonificar los brazos después de los 50 sin pesas. El pilates lleva décadas demostrándolo. No es inmediato ni espectacular, pero sí real. Dos sesiones por semana, los ejercicios adecuados y una progresión constante son suficientes para que el músculo vuelva a responder. Y cuando lo hace, la firmeza deja de ser una cuestión de edad y pasa a ser una cuestión de estímulo

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