Sandra Hernández

A partir de los 45 hay un momento en el que te das cuenta de que el cuerpo ya no responde igual. Cuesta más recuperar, la fuerza no es la misma y ejercicios que antes salían solos empiezan a exigir más. El Dr. Juan Bosco y la licenciada Laura Cabrales, expertos de Corpora Pilates —centro pionero en España que introdujo el método a finales del siglo pasado—, lo explican muy bien: a partir de esa edad se empieza a perder fuerza con más intensidad, en parte por los cambios hormonales, y mantener o ganarla se relaciona directamente con una ganancia de longevidad. No es una cuestión estética, es una cuestión de salud a largo plazo.

La buena noticia es que no hace falta levantar grandes pesos para obtener beneficios reales. «De lo que se trata es de realizar sesiones con un volumen progresivo de esfuerzo, lo que se consigue con un aumento de peso, con un aumento de repeticiones o las dos», explican los expertos. No es conveniente forzar el aumento de peso para no hacerse daño; en cambio, aumentar las repeticiones puede llevarse hasta el punto de fatiga, o ir subiendo el peso poco a poco de forma controlada. La progresión es la clave, no la carga máxima.

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La duda entonces es clara: por dónde empezar. Los cinco ejercicios que recomiendan combinan la precisión del método Pilates con la resistencia de las mancuernas, una combinación que permite trabajar el cuerpo de forma completa con poco material y mucho control. El primero es el puente con mancuernas, que trabaja glúteos, isquiotibiales y core con una carga añadida que aumenta la activación muscular. El segundo es el abrazo al árbol, un ejercicio clásico de Pilates que incorpora resistencia para trabajar el pecho y los hombros de forma controlada.

El tercero es el curl de bíceps, uno de los ejercicios más directos para trabajar la parte frontal del brazo y mantener la funcionalidad del tren superior. El cuarto es la extensión de tríceps, clave para la firmeza de la parte posterior del brazo, una de las zonas que más cambia con la edad. Y el quinto es el remo, que trabaja la espalda media y los romboides, mejora la postura y compensa el trabajo de empuje. Cinco ejercicios, cuerpo completo, sin necesidad de ir al gimnasio.

Por qué el Pilates con mancuernas funciona tan bien después de los 45

La combinación de Pilates y mancuernas tiene una lógica muy concreta: el Pilates aporta el control, la respiración y la activación profunda, y las mancuernas añaden la resistencia necesaria para estimular la musculatura y frenar la pérdida de masa muscular. Es una fórmula que permite trabajar con precisión sin comprometer las articulaciones, lo que la hace especialmente adecuada para esta etapa de la vida. No es casualidad que los expertos de Corpora Pilates la lleven desarrollando desde hace décadas.

En cuanto a la frecuencia, recomiendan entrenar como mínimo dos veces a la semana, aunque lo ideal son tres, con sesiones de una hora de duración. Esa frecuencia permite dar al músculo el estímulo suficiente para adaptarse y mejorar, sin sobrecargar el cuerpo ni aumentar el riesgo de lesión. Dos días bien trabajados son más efectivos que cinco días sin estructura ni progresión.

La fórmula que determina los resultados

La ganancia de fuerza después de los 45 responde a algo bastante simple: kilos por número de repeticiones, aplicada con una frecuencia mínima de dos veces por semana. No es necesario subir el peso de forma agresiva si se aumentan las repeticiones de forma progresiva. El músculo responde al estímulo, no al peso en sí, y entender eso cambia la forma de entrenar y los resultados que se obtienen.

Más allá de los beneficios físicos visibles, entrenar fuerza después de los 45 tiene efectos que van mucho más allá del tono muscular. Mejora la densidad ósea, reduce el riesgo de caídas y lesiones, regula el metabolismo y contribuye al bienestar emocional. Son beneficios que no se ven en el espejo pero que se sienten en el día a día, y que se acumulan con el tiempo si el entrenamiento es constante.

Cinco ejercicios, dos o tres días a la semana, una hora de trabajo y mancuernas ligeras. No es un programa complicado ni exige condición física previa. Exige constancia y la disposición de empezar, que es siempre la parte más difícil. A partir de los 45, cada sesión es una inversión en longevidad, movilidad y calidad de vida. Y eso, según explican, merece tomárselo en serio.

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