Sandra Hernández

A medida que cumplimos años —y lo digo yo, que ya estoy en los 35— el cuerpo empieza a enviar pequeñas señales de que algo está cambiando. Lo que a los 25 nos parecía suficiente ahora se puede quedar corto. Ya no es como antes; ahora te pasas con la pizza un viernes noche y el sábado te levantas como si hubieras corrido una maratón.

Ya no solo es cuestión de estética, sino de cómo el metabolismo o la forma en la que absorbemos nutrientes empiezan a cambiar casi sin avisar. A esta edad, la alimentación sigue siendo el pilar, pero entender qué piezas del tetris le requieren más atención marca la diferencia para no llegar a los 50 agotados.

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Si tuviera que elegir un protagonista, la proteína se lleva el premio. Según explica Gemma Bes, nutricionista de la Rafa Nadal Academy, mantener una ingesta adecuada es vital para no perder masa muscular, algo que parece lejano pero que empieza a asomar antes de lo que pensamos.

Para esos días en los que no llegas a todo, ella señala opciones como el aislado de proteína de suero de NDL Pro-Health. Lleva un 90% de proteína de alta calidad y un complejo llamado Pepzyme Pro, que básicamente sirve para que el batido no se te quede «en una bola» en el estómago y el cuerpo lo aproveche de verdad.

Cómo activar el metabolismo a los 30

Y es que hay un proceso con un nombre un poco extraño, la sarcopenia, que es la pérdida de fuerza y músculo. Aunque suele dar la cara a partir de los 40 o 50, la realidad es que el terreno se prepara ahora, en la treintena. La ciencia dice que comer suficiente proteína ayuda a mantener el metabolismo activo y a que el cuerpo no se «desinfle».

De hecho, los expertos sugieren que para adultos activos lo ideal sería moverse entre los 1,0–1,2 g de proteína por kilo de peso corporal al día. No es solo comer por comer, sino repartirlo bien durante el día para que el cuerpo tenga «material de obra» constante.

Pero no todo es proteína. A los 35 también hay que empezar a vigilar otros sospechosos habituales: la vitamina D (porque pasamos demasiado tiempo encerrados en la oficina), el calcio o incluso el Omega 3, un nutriente que he incluido en mi rutina desde hace años —como he visto hacer en casa toda la vida, ya que mi madre siempre decía que las nueces eran el alimento del cerebro, y oye, razón no le faltaba—. Más allá de las nueces, el omega-3 es fundamental para que el corazón no nos dé sustos y para controlar esos procesos inflamatorios que vienen con el estrés diario.

En este sentido, hay productos como el Omega 3 de NDL Pro-Health con vitamina E que ayudan a que el corazón funcione como un reloj y, de paso, aportan un escudo antioxidante.

Ahora bien, seamos realistas: esto no significa que tengamos que vivir a base de botes. Una dieta equilibrada debería ser la base. Pero, como dice Gemma Bes, hay momentos clave —si entrenas mucho, si tu dieta es un poco caótica por el trabajo o si notas que te falta energía— en los que un apoyo puntual tiene todo el sentido del mundo. No es un sustituto de la comida de verdad, pero sí un buen aliado para seguir rindiendo al máximo a pesar de que ya no tengamos 20 años.

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