Sandra Hernández

En Pilates, al igual que en otras disciplinas, hay ejercicios que parecen minimalistas y engañosos. Son esos en los que, al principio, piensas: «esto no va a hacer nada«, pero que con el tiempo revelan todo su potencial. El llamado Swimming pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. A simple vista puede parecer un movimiento sencillo —tumbado boca abajo, alternando brazos y piernas—, pero encierra una complejidad que lo convierte en uno de los ejercicios más completos del método. Zahira Fernández, coach de pilates en Floor Studio (Getafe), lo resume con claridad: «Es un ejercicio muy dinámico porque combina movimiento, control y respiración, algo muy característico del pilates».

La propuesta es simple en apariencia. Se realiza en posición prona (boca abajo), elevando a la vez un brazo y la pierna contraria de forma rítmica. Casi como si estuviéramos nadando, pero con un control absoluto. «Se acompaña con un patrón respiratorio parecido al del hundred: cada cuatro batidas se toma aire y en las cuatro siguientes se suelta», explica Fernández. Esa coordinación es lo que hace que el cuerpo se active de forma global y, sobre todo, consciente.

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Para ejecutarlo bien, la elongación axial es innegociable. Fernández insiste en que no basta con moverse; hay que mantener las rodillas estiradas, los hombros lejos de las orejas y sentir que el cuerpo se alarga en direcciones opuestas. «Es fundamental que exista una buena activación de la musculatura interna, especialmente del transverso abdominal, el suelo pélvico y los multífidos», señala.

Lo cierto es que no es raro que los principiantes caigamos en algunos errores típicos. Uno de los más habituales es elevar la cabeza más de la cuenta en lugar de mantenerla alineada, algo que acaba generándonos una tensión innecesaria en el cuello y el trapecio. También es frecuente que arqueemos en exceso la zona lumbar porque nos falta activación interna o por una movilidad limitada en cadera. «Otro fallo muy común es llevar los hombros hacia las orejas, lo que sobrecarga toda la musculatura del cuello», advierte la especialista.

Más que un entrenamiento: un «reset» para tu postura

Más allá de la técnica (que es vital para no acabar con sobrecarga), lo interesante del Swimming es el trabajo muscular que propone. Durante el ejercicio se activa toda la cadena posterior: glúteos, isquiotibiales y extensores de la columna se encargan de la fuerza, mientras la parte delantera se estira.

Practicarlo con regularidad tiene beneficios que van mucho más allá del simple fortalecimiento. Según Fernández, nos ayuda a recuperar movimientos que el cuerpo tiende a perder tras horas y horas frente al ordenador. «También invita a tomar conciencia de la respiración y a trabajar esa musculatura posterior que solemos olvidar en el día a día», concluye. Un pequeño gesto sobre la colchoneta que, si se hace bien, es capaz de equilibrar todo el cuerpo.

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