Sandra Hernández

Muchas mujeres llegan al Pilates después de los 45 con la misma pregunta: ¿es demasiado tarde? La respuesta corta es no. La larga también. Javier Murolas, especialista en Pilates de ZEM Wellness Clinic Altea —destino de longevidad y bienestar integral en Altea, Alicante— lo confirma: a partir de esta edad los beneficios del Pilates son especialmente relevantes. Mejora la fuerza, la movilidad, la postura y la flexibilidad al mismo tiempo que ayuda a prevenir lesiones, que es exactamente lo que el cuerpo necesita en esta etapa.

A medida que el cuerpo envejece, los músculos y las articulaciones se vuelven más rígidos y menos resistentes. La pérdida de masa muscular, la disminución de la flexibilidad y un menor rango de movimiento articular son cambios normales que afectan la postura y aumentan el riesgo de lesiones. El Pilates trabaja exactamente sobre eso: fortalece los músculos estabilizadores, mejora el equilibrio y aumenta la flexibilidad. «Las clases pueden adaptarse a estas limitaciones mediante movimientos controlados, ejercicios de bajo impacto y énfasis en la técnica», explica Murolas.

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La recomendación de Murolas para quien empieza desde cero, especialmente a partir de los 45, es clara: pilates clásico y, si es posible, con máquinas. «El trabajo con el Reformer ofrece ventajas importantes al inicio: reduce el riesgo de lesión, permite adaptar mejor cada ejercicio y facilita un mayor control del movimiento«, señala. El Pilates en suelo también es muy efectivo, pero suele ser más exigente porque se trabaja únicamente con el propio cuerpo, sin asistencia, frente a la gravedad. Primero las máquinas, después el suelo.

Antes de la primera clase conviene tener en cuenta algunas cosas. La más importante es comunicarse con el instructor sobre cualquier problema de salud, lesión previa o limitación física para que el entrenamiento pueda adaptarse. No se debe forzar el cuerpo más allá de sus capacidades: el Pilates se basa en la precisión y la calidad de los movimientos, no en la cantidad. Y la respiración adecuada es esencial, ya que facilita la activación de los músculos profundos y ayuda a mantener el control durante los ejercicios.

Los errores que frenan a quien empieza

Uno de los errores más comunes al empezar es no prestar suficiente atención a la alineación y la postura. Hacer los movimientos de forma incorrecta o sin control puede generar tensiones musculares o lesiones. Otro error frecuente es la tendencia a ir demasiado rápido, sin concentrarse en la calidad de cada movimiento. «Es crucial comenzar con movimientos simples y controlados, asegurándose de entender la técnica correcta antes de progresar a ejercicios más complejos», advierte Murolas.


Pilates en ZEM Wellness Clinic Altea.


D.R.


El mayor mito sobre empezar Pilates después de los 45 es creer que es demasiado tarde para mejorar la flexibilidad, la fuerza o la postura. Muchas personas asumen que, pasada cierta edad, recuperar la movilidad o fortalecer los músculos de forma significativa es imposible. Murolas desmonta esa idea: el Pilates es accesible a todas las edades y niveles de condición física, y es especialmente útil para contrarrestar los efectos del envejecimiento. Empezar después de los 45 puede tener un impacto real en la movilidad, la fuerza estabilizadora y la conciencia corporal.

En cuanto a los resultados, el tiempo depende de cada persona, pero generalmente se empiezan a notar mejoras en fuerza, postura y movilidad después de cuatro a seis semanas de práctica regular. Algunas mejoras —como el alivio de tensiones musculares o una mayor flexibilidad— pueden sentirse antes. La mejora de la fuerza profunda y la alineación postural llega después, con más semanas de trabajo constante. «La clave es la constancia; practicar de manera regular y con buena técnica es lo que permite que los resultados sean sostenibles», explica Murolas.

La paciencia es parte del método. El Pilates no promete resultados en una semana ni transformaciones inmediatas, y eso puede descolocar a quien viene de disciplinas más intensas. Pero lo que ofrece a cambio es un progreso real, progresivo y seguro. Un cuerpo que se mueve mejor, que duele menos y que aguanta más. Eso, a partir de los 45, vale más de lo que parece.

Empezar Pilates después de los 45 no es un plan B ni una opción para quien ya no puede con otra cosa. Es una de las decisiones más inteligentes que se pueden tomar en esta etapa. El cuerpo responde, los cambios llegan y la disciplina engancha. Lo único que hace falta es dar el primer paso y no forzar el segundo antes de tiempo.

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