Sandra Hernández

Durante los últimos años el Omega 3 ha pasado a ocupar un lugar cada vez más visible en conversaciones sobre salud y bienestar. Aparece cuando se habla del corazón, del cerebro o incluso del envejecimiento saludable. Aún recuerdo cuando, en la época del bachillerato y más tarde en la universidad, tomaba Omega 3 convencida de que ayudaría a mantener mi memoria al máximo.

Con el tiempo también he incluido de dos a tres nueces diarias para mantener los niveles de colesterol a raya, como he visto hacer en casa toda la vida, ya que las nueces son una fuente vegetal rica de Omega 3. Pero más allá de esa popularidad reciente, lo cierto es que se trata de una grasa esencial para el organismo.

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Qué es el Omega 3 y para qué sirve

«Son ácidos grasos poliinsaturados que el cuerpo necesita para funcionar correctamente, pero que no puede producir por sí solo en cantidad suficiente», explica Ilona Calparsoro, CEO del laboratorio español de suplementación Longevitas. De ahí que su presencia en la dieta tenga más importancia de la que a veces se piensa.

Curiosamente, el problema no suele ser la cantidad total de grasa que consumimos. En la alimentación actual abundan los ácidos grasos saturados y también los monoinsaturados. Los poliinsaturados —entre ellos el Omega 3— aparecen con menos frecuencia. Y eso tiene su impacto. Estas grasas forman parte de la estructura de las membranas celulares, participan en procesos de señalización biológica y ayudan a mantener el equilibrio fisiológico del organismo.

Cuando se habla de omega 3, en realidad se está hablando de una familia de grasas distintas. Las más conocidas son ALA, EPA y DHA. El ALA aparece sobre todo en alimentos vegetales, como semillas o determinados aceites. EPA y DHA, en cambio, se encuentran principalmente en el pescado y el marisco. «Son componentes importantes para funciones relacionadas con el corazón, el cerebro o la visión», señala Calparsoro. El inconveniente es bastante sencillo: muchas personas no consumen pescado azul con la frecuencia suficiente.

Omega 3 a los 50

Con el paso de los años este nutriente suele empezar a generar más interés. A partir de los 50, cuidar la salud cardiovascular o la función cognitiva se vuelve una prioridad para muchas personas. También se presta más atención a los procesos inflamatorios de bajo grado asociados al envejecimiento. En ese contexto, la calidad de la dieta cobra todavía más peso. «El omega-3 no es milagroso, pero es uno de esos nutrientes cuya calidad de ingesta importa más de lo que parece», apunta la experta.


OMEGA 3 de Longevitas.


D.R.


La teoría parece fácil: cubrir las necesidades a través de la alimentación. En la práctica, sin embargo, el asunto se complica. No basta con comer salmón en grandes cantidades—algo, por otro lado, poco recomendable por cuestiones de sostenibilidad y mercurio—, sino que, como dice la experta «la clave suele estar en la constancia y la calidad de la fuente«.

«Hay que tener algo muy claro: el aceite de pescado no es omega 3, lo contiene», advierte Calparsoro. Lo que realmente importa es la cantidad de EPA y DHA que aporta el producto. Según explica, un suplemento de calidad debería ofrecer concentraciones superiores al 70 % de estos dos ácidos grasos dentro del aceite de pescado, además de garantizar pureza, estabilidad y trazabilidad.

Eso sí, los especialistas insisten en algo importante: ningún suplemento sustituye a una dieta equilibrada ni compensa por sí solo otros hábitos poco saludables. «No es un producto milagro», recuerda la experta. Su papel tiene más sentido cuando forma parte de un enfoque más amplio de cuidado: alimentación variada, actividad física y atención a la salud metabólica. En ese conjunto, el omega-3 puede ser una pieza más del puzle.

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