Elena Romero Vargas

Las vacaciones de Semana Santa están a la vuelta de la esquina y nos presentan la oportunidad perfecta para hacer alguna escapada para desconectar de la rutina y, por qué no, conocer algunos de esos tesoros escondidos en la geografía española donde convergen historia, arte y entornos naturales privilegiados de nuestro país. Uno de esos destinos privilegiados se encuentra en Galicia, una de las comunidades autónomas con los paisajes más bellos donde, además, podremos disfrutar de uno de esos viajes express que dejan huella.

En el corazón de la RIbeira Sacra se encuentra un antiguo monasterio construido en el siglo X que, más allá de ser uno de los monumentos más importantes de la región, es también el lugar ideal para pasar estos días de descanso primaveral. Y es que desde el año 2004 el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil forma parte de la red de Paradores de Turismo de España, conservando la esencia original pero con todas las comodidades necesaria para brindarte una estancia perfecta.

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Pero antes de contarte todas las bondades de este alojamiento gallego tan singular, es necesario conocer su historia y cómo ha llegado a ser declarado Monumento Nacional desde 1923 y Bien de Interés Cultural desde 1985. El monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil nace en la Edad Media y está vinculado desde sus orígenes a la orden de San Benito. Su entorno natural aislado y con la ambientación perfecta para el recogimiento y la espiritualidad encajaba a la perfección con el carisma de estos monjes e hizo que ya en el siglo XII fuese considerado uno de los más importantes de toda Gaicia.

Su estio inicia fue el románico, aunque la infuencia artística de los siglos posteriores también está muy presente en su arquitectura. Entre los siglos XVI y XVII se construyeron los claustros renacentistas que aún hoy siguen en pie y se llevó a cabo la reforma de su iglesia, incluyendo elementos del gótico tardío y del barroco que empezaba a despuntar en aquel momento. El auge del monasterio en aquellos años fue tal que sus funciones de extendieron a centro cultural y de formación que ponían en valor no solo su labor religiosa, también todo lo que tenía que ofrecer en estos ámbitos.


Interior del Parador de Santo Estevo, Galicia


Paradores


Sin embargo, el declive llegó al monasterio en el siglo XIX con las desamortizaciones. Fue víctima de saqueos y vandalismos que dejaron la construcción visiblemente deteriorada, aunque, por suerte, la estructura princial se mantuvo prácticamente intacta. Gracias a ello – y a que su importancia a lo largo de los siglos lo convirtió en todo un símbolo de la región – fue posible someter al monasterio a un proceso de restauración ya en el siglo XX que dio pie al Parador que es en la actualidad, conservando sus elementos artísticos y la esencia única que se ha labrado a lo largo de los siglos.

Por qué el Parador de Santo Estevo es el mejor destino para esta Semana Santa

Dormir en un edificio histórico es un privilegio esté donde esté, pero si además cuenta con las facilidades y el entorno del Parador de Santo Estevo, su atractivo crece aún más. Las actuales habitaciones de este Parador fueron las celdas de los monjes benedictinos que lo habitaron durante siglos, solo que en la restauración fueron decoradas con elementos vanguardistas que crean un contraste entre lo contemporáneo y lo antiguo de lo más interesante.

Pero las celdas no fue lo único a lo que se le ha dado una segunda vida en esta transformación. Donde se ubicaban las antiguas bodegas se encuentra ahora un spa perfecto para relajarte y disfrutar del ambiente tranquilo y con ese punto místico que ofrece la Ribeira Sacra. En una sintonía perfecta con el entorno natural, este espacio del monasterio va a ser el oasis perfecto que todos aquellos que buscan desconectar de la rutina van a agradecer tener en su escapada de Semana Santa.


Parador de Santo Estevo, Galicia


Paradores


Y es que, para entender por qué este destino es digno de tener en el radar si ya estás planeando esta escapada, es fundamental hablar también de su paisaje. Las responsables de este clima apacible que conquistó a los monjes medievales y que ahora hace lo propio con los turistas que allí se acercan son las vistas panorámicas al cañón del río Sil y la vegetación que allí se encuentra, cuyos protagonistas son los castaños, robles y pinos.

Pasar unos días, simplemente, empapándote de todo lo que puede ofrecerte la estancia en este Parador gallego es un plan que se antoja de lo más apetecible. Pero si quieres añadir emoción y actividad a estas mini vacaciones, siempre puedes animarte con alguna ruta de senderismo por sus alrededores, un paseo en barco por el río Sil e, incluso, una visita teatralizada en el interior del monasterio que te sumergerá de lleno en la belleza y la importancia que este edificio ha tenido – y sigue teniendo – en la historia y cultura de nuestro país.

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