{"id":88121,"date":"2023-09-15T13:39:39","date_gmt":"2023-09-15T13:39:39","guid":{"rendered":"https:\/\/somoscordobeses.com\/2023\/09\/15\/la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-la-escultura\/"},"modified":"2023-09-15T13:39:39","modified_gmt":"2023-09-15T13:39:39","slug":"la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-la-escultura","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2023\/09\/15\/la-nueva-historia-de-marcelo-birmajer-la-escultura\/","title":{"rendered":"La nueva historia de Marcelo Birmajer: La escultura"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>De entre mis muchas limitaciones, debo se\u00f1alar la incapacidad para apreciar una escultura. No una en particular, sino cualquiera; del mismo modo que soy involuntariamente insensible al jazz, a la \u00f3pera, a la m\u00fasica cl\u00e1sica. Desde ni\u00f1o, hubiera preferido conmoverme con las bellas artes; ya s\u00f3lo me resta confesar mi cortedad. Me hab\u00edan invitado a una isla caribe\u00f1a, cuya existencia misma ignoraba hasta recibir la invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al arribar, supe que practicaban una cultura Creole\/blanca, sincretismo de sucesores europeos de una poblaci\u00f3n originalmente africana. No aplico la palabra \u201cdescendientes\u201d porque, al menos aparentemente, no se trataba de una generaci\u00f3n de mulatos que con el tiempo, por medio de la mezcla con cauc\u00e1sicos, hubieran llegado a adquirir la piel blanca; sino de una suerte de reemplazo, de una poblaci\u00f3n originalmente de piel negra, por otra de piel blanca, que de todos modos hab\u00eda asumido la cultura de la primera. <\/p>\n<p>Mi inter\u00e9s al respecto escaseaba, y aprovech\u00e9 mi completa ignorancia para no hacer preguntas, guiado por el infalible consejo del druida Panoramix en <em>Asterix y los godos<\/em>: \u201cNo traten de entender\u201d.<\/p>\n<p>Recib\u00ed como alojamiento una estupenda caba\u00f1a, con techo de paja pero frigobar y perfecto aire acondicionado; en un resort desierto, con el personal s\u00f3lo presente cuando lo necesitaba. La ventana daba a un mar inm\u00f3vil, en el que de vez en cuando emerg\u00eda alg\u00fan animal gigantesco, manso, indiferente e ignoto. <\/p>\n<p>Varios d\u00edas despu\u00e9s advert\u00ed que los isle\u00f1os lo cazaban y era parte de mi desayuno. El \u00fanico punto de referencia inteligible era la helader\u00eda, una marca naturista, de capitales norteamericanos, cuyos empleados, o due\u00f1os de la franquicia, no lo s\u00e9, intercambiaban palabras conmigo en ingl\u00e9s (que yo pudiera intercambiar unas palabras en ingl\u00e9s era de por s\u00ed un milagro Guinness). <\/p>\n<p>De hecho, s\u00f3lo me ped\u00eda helado -de achicoria, de sorgo, de mijo-, para conversar. Mac y Koky, los dos heladeros, no eran isle\u00f1os, hab\u00edan llegado desde Puerto Rico; e incluso para ellos el calor era abrumador. El delivery funcionaba con una suerte de ambulancia refrigerada: no m\u00e1s de 25 minutos de traslado; de otro modo el helado llegaba sopa.<\/p>\n<p>La noche de mi presentaci\u00f3n, descubr\u00ed que <strong>nadie sab\u00eda qui\u00e9n era yo. No era la primera vez<\/strong>. Un hechicero se divierte con mi destino como en un Juego de la Oca, cambi\u00e1ndome de casillero seg\u00fan los dados.<\/p>\n<p>Hice lo que pude, relat\u00e9 cuentos, respond\u00ed preguntas sin relaci\u00f3n con mi persona ni mis circunstancias. Mi libro, a diferencia de lo anunciado, no se hab\u00eda traducido al idioma de la isla, ni estaba disponible en cualquier otro.<\/p>\n<p>El int\u00e9rprete sonre\u00eda como si comparti\u00e9ramos un doble sentido inaccesible al p\u00fablico. En alg\u00fan momento llegu\u00e9 a asustarme. Para finalizar, <strong>me regalaron una escultura de un metro y medio, de vidrio<\/strong>. Era una mujer, de rasgos africanos pero color transparente, con una mano extendida hacia adelante, soplando un beso desde la palma.<\/p>\n<p>Cuando el p\u00fablico se retir\u00f3 en silencio, le expliqu\u00e9 al int\u00e9rprete que me resultar\u00eda imposible trasladar esa escultura a Buenos Aires. Objetos mucho menos fr\u00e1giles que aquel se me hab\u00edan roto sin moverlos de mi casa: la mera idea de abordar el avi\u00f3n con aquella mujer de vidrio era un desprop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Lamentablemente el regalo era <strong>una muestra de respeto bilateral<\/strong>: tanto el destinatario de aquel honor de vidrio -un servidor-, como su creadora, la escultora m\u00e1s ponderada de la isla, Margaret Vulcungo, deb\u00edan aceptar la gravedad del intercambio (sic, en el castellano del int\u00e9rprete). <\/p>\n<p><strong>Si yo dejaba la escultura en tierra, lo considerar\u00edan un incidente diplom\u00e1tico<\/strong>. Margaret, y los organizadores de consuno, entender\u00edan mi rechazo como un desprecio. En 132 a\u00f1os de independencia de la isla, nunca hab\u00eda ocurrido. Me escuch\u00e9 preguntar, sin ning\u00fan inter\u00e9s real en saberlo, de qui\u00e9n se hab\u00edan independizado. Murmur\u00f3 una palabra que descifr\u00e9 como \u201cLiberia\u201d; pero no me pareci\u00f3 coherente. Tampoco repregunt\u00e9.<\/p>\n<p>A lo largo de mis visitas in\u00fatiles a sitios improbables yo hab\u00eda recibido toda clase de obsequios que no ameritaban el concepto: agendas de a\u00f1os anteriores, gu\u00edas de productores de canastos, yuyos no bebibles, insectos muertos, se\u00f1aladores con insultos personales. <\/p>\n<p>Incluso en esos casos, en alguna ocasi\u00f3n me hab\u00eda resultado problem\u00e1tico abandonar el falso obsequio en el hotel, en el aeropuerto o en el barco. Pero nunca como en la isla de los creoles blancos la Providencia me hab\u00eda plantado una emboscada de aquellas proporciones. Mi principal temor era que no me permitieran abordar con la escultura hecha a\u00f1icos dentro de su bolsa de lona ceremonial membretada.<\/p>\n<p>Ocultar un obsequio no deseado en un espacio rodeado de los anfitriones que lo han dispensado, <strong>es como para el asesino desprenderse de la evidencia<\/strong>.<\/p>\n<p>Un libro de mil p\u00e1ginas autografiado, una caja de metal de dos kilos con reliquias de una ciudad, un rompecabezas de cemento que reproduce el rostro del pr\u00f3cer de un pa\u00eds. Cada uno de esos supuestos activos, verdaderos calvarios para el viajero invitado, requieren de un olvido efectivo para <strong>no quedar como un ingrato<\/strong>. <\/p>\n<p>La escultura de vidrio era un cad\u00e1ver inocultable. Ni Jack el destripador hubiera sabido c\u00f3mo deshacerse de aquel flagelo. Si lo dejaba en la habitaci\u00f3n, el conserje me denunciar\u00eda. Si lo abandonaba en la calle, la fuerza p\u00fablica me retendr\u00eda (hab\u00eda visto a los escasos pero temibles polic\u00edas; muy similares a los siniestros Tonton Macoutes de Papa Duvalier, pero blancos). <\/p>\n<p>Carec\u00eda de los suficientes conocimientos catastrales como para esconderlo en alg\u00fan sitio de la urbe. La jungla, anunciada en las esquinas, apenas a metros del centro, no garantizaba un retorno a salvo del forastero.<\/p>\n<p>Literalmente, me hab\u00edan adosado a la costilla una pareja de vidrio, permanente e indeseada.<\/p>\n<p>Como si mi cuerpo decidiera por m\u00ed, me encontr\u00e9 repentinamente en la helader\u00eda Vegado, sorbiendo una crema de almizcle, con el s\u00f3lo prop\u00f3sito de consultar a Koky y Mac cu\u00e1nto tardar\u00eda en llegar una escultura id\u00e9ntica de hielo al aeropuerto, si pod\u00edan esconder la de vidrio en uno de los tachos de helado, y el costo del chiste. <\/p>\n<p>Ambos deseaban abandonar la isla desde hac\u00eda algunos a\u00f1os; pero con el precio de un pasaje pod\u00edamos arreglar. Me dejaron el helado de almizcle de cortes\u00eda (en cualquier caso apenas si lo hab\u00eda probado, sab\u00eda a jarabe de maple).<\/p>\n<p>Mi plan genial era subir con la escultura de hielo a la nave y que se deshiciera en el maletero, envuelta en su ceremonial bolsa de lona. Recordaba un cap\u00edtulo de Columbo en el que el se\u00f1or Spock (Leonard Nimoy), villano invitado, evaporaba la prueba del crimen con la misma estratagema.<\/p>\n<p>La escultura lleg\u00f3 indemne al aeropuerto, la sub\u00ed sin inconvenientes a bordo (a otros pasajeros los obligaban a deshacerse de objetos mucho m\u00e1s peque\u00f1os e inocuos), y solo deb\u00eda rogar a los hados del vud\u00fa que el goteo desde el portaequipaje no fuera una catarata insoslayable. <\/p>\n<p>Pero nunca hubiera imaginado que Margaret Vulcungo, invitada por un colectivo femenino de artistas porte\u00f1as, viajara conmigo a la Argentina, incluyendo la escala en Panam\u00e1. \u00bfPor qu\u00e9 viajaba en avi\u00f3n, si la invitaba un colectivo? <\/p>\n<p>Como si Papa Duvalier, un dictador patriarcal, como su apodo lo indicaba, tomara inusitadamente mi causa, Margaret Vulcungo, s\u00edmil del rostro que yo hubiera imaginado en Jean Austen o Emily Dickinson, ojos celestes, mirada entre melanc\u00f3lica, perdida e inteligente, caballera platinada como la m\u00eda, edad indefinida, no ten\u00eda la menor idea de qui\u00e9n era yo, ni repar\u00f3 en que guardaba el occiso encubierto en lona en el portamaletas. <\/p>\n<p>Aparentemente, el goteo profuso ocurri\u00f3 durante la escala, mientras los pasajeros atend\u00edan cada uno a la retirada de su propio equipaje. Aterric\u00e9 en Buenos Aires en paz, en todos los sentidos de la palabra. De hecho, Margaret Vulcungo, que viajaba a mi lado, desconociendo mi identidad, me despidi\u00f3 en esa noche de viernes con un enigm\u00e1tico: \u201cShabat shalom\u201d.<\/p>\n<p><em>WD<\/em><\/p>\n<\/div>\n<nav class=\"navigation post-navigation\" aria-label=\"Continue Reading\">\n<h2 class=\"screen-reader-text\">Continue Reading<\/h2>\n<\/nav>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De entre mis muchas limitaciones, debo se\u00f1alar la incapacidad para apreciar una escultura. No una en particular, sino cualquiera; del mismo modo que soy involuntariamente insensible al jazz, a la \u00f3pera, a la m\u00fasica cl\u00e1sica. Desde ni\u00f1o, hubiera preferido conmoverme con las bellas artes; ya s\u00f3lo me resta confesar mi cortedad. 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