{"id":35385,"date":"2022-03-19T01:00:00","date_gmt":"2022-03-19T01:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/somoscordobeses.com\/2022\/03\/18\/mundos-intimos-cuando-mi-hermano-gemelo-murio-yo-estaba-lejos-pero-tuve-una-triste-vision-supe-que-el-habia-partido\/"},"modified":"2022-03-19T01:00:00","modified_gmt":"2022-03-19T01:00:00","slug":"mundos-intimos-cuando-mi-hermano-gemelo-murio-yo-estaba-lejos-pero-tuve-una-triste-vision-supe-que-el-habia-partido","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2022\/03\/19\/mundos-intimos-cuando-mi-hermano-gemelo-murio-yo-estaba-lejos-pero-tuve-una-triste-vision-supe-que-el-habia-partido\/","title":{"rendered":"Mundos \u00edntimos. Cuando mi hermano gemelo muri\u00f3, yo estaba lejos pero tuve una triste visi\u00f3n: supe que \u00e9l hab\u00eda partido."},"content":{"rendered":"<div><img src=\"http:\/\/cordobainforma.info\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/mundos-intimos-cuando-mi-hermano-gemelo-murio-yo-estaba-lejos-pero-tuve-una-triste-vision-supe-que-el-habia-partido.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<div>\n<p>El profesor de Qu\u00edmica nos hace pasar al frente de la clase. Con Jorge somos el ejemplo perfecto para la explicaci\u00f3n sobre los is\u00f3meros, dos mol\u00e9culas id\u00e9nticas que, si se les agrega un componente, se transforman en otro elemento distinto. En ese mismo momento el profesor me entrega una manzana y hace estallar de risa a nuestros compa\u00f1eros. Con la fruta en mis manos me transformo en otra cosa distinta a mi hermano mellizo.<\/p>\n<p>Durante toda nuestra infancia y adolescencia vestimos las mismas ropas, cursamos el colegio primario y secundario juntos, incluso elegimos el mismo oficio laboral. <strong>Recorrimos teatros con nuestro sketch humor\u00edstico, compartimos an\u00e9cdotas, estuvimos dos a\u00f1os sin dirigirnos la palabra<\/strong>.<\/p>\n<div>\n<div> <picture><source media=\"(min-width: 720px)\"><\/picture><figcaption>\n<p>1953. Los gemelos Hugo y Jorge Mart\u00ednez de Le\u00f3n (segundo y tercero desde la derecha) con sus padres y hermanos. <\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>El fin de la etapa juvenil coincidi\u00f3 con las primeras discusiones fuertes. Cada vez que realizaba una acci\u00f3n para diferenciarme, Jorge me lo reprochaba de manera sistem\u00e1tica. Yo no pod\u00eda entender por qu\u00e9 algunos conflictos menores ejerc\u00edan distancia en nuestra relaci\u00f3n, por qu\u00e9 pele\u00e1bamos por cosas tan insignificantes. Ya de grandes, las discusiones se transformaron en peleas. Gracias a la terapia pude identificar la superficie de esos reproches y no enojarme por lo que palpitaban en sus profundidades. Descubr\u00ed una luz de verdad: est\u00e1bamos inmersos en una lucha por la identificaci\u00f3n. Y, quiz\u00e1s, estos desencuentros nos ayudaban a asentar nuestras propias personalidades, a independizarnos del cord\u00f3n umbilical invisible que nos un\u00eda. Y tambi\u00e9n nos ataba.<\/p>\n<p>Pero vamos por partes.<\/p>\n<p>En casa \u00e9ramos cinco hermanos y dos gemelos, aunque siempre sobrevolaba la fantas\u00eda de que en realidad \u00e9ramos uno, y nosotros aliment\u00e1bamos esa fantas\u00eda. Todas las tardes jug\u00e1bamos a la pelota en nuestro barrio el Prado de Montevideo, el lugar donde vivimos hasta los 20 a\u00f1os, cuando cruzamos el charco y nos vinimos para Buenos Aires. <strong>Entonces jug\u00e1bamos en equipos distintos y siempre sac\u00e1bamos provecho de la situaci\u00f3n. <\/strong>Les ped\u00edamos la pelota a los rivales, que nos la pasaban creyendo que \u00e9ramos el otro. Una vez en la escuela Jorge no hab\u00eda estudiado para el examen oral de ingl\u00e9s que yo ya hab\u00eda aprobado, y lo cubr\u00ed: -Mart\u00ednez, \u00bfusted no rindi\u00f3 ya conmigo?<\/p>\n<p>Respond\u00ed que no y Jorge sac\u00f3 diez. \u00c9l tambi\u00e9n me cubri\u00f3 la espalda, ya de grandes. Trabajaba de administrativo en un laboratorio cuando me surgi\u00f3 la posibilidad de escapar al Uruguay con una novia de entonces. Tom\u00e9 el Buqueb\u00fas sin necesidad de pedirle permiso a mi jefe: en la oficina estaba Jorge haci\u00e9ndose pasar por m\u00ed. Cuatro d\u00edas dur\u00f3 mi luna de miel, al mismo tiempo que trabajaba en la oficina. Nos divert\u00edan much\u00edsimo esas picard\u00edas.<\/p>\n<div>\n<div> <picture><source media=\"(min-width: 720px)\"><\/picture><figcaption>\n<p>1984. Hugo Mart\u00ednez de Le\u00f3n, Hermano Alfonso, director del Colegio donde estudiaron, y Jorge. <\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>Era tan buena nuestra qu\u00edmica que empezamos a hacer shows en casas de amigos. Parodi\u00e1bamos noticieros informativos y t\u00edtulos de diarios. Por ejemplo, uno le\u00eda \u201ccrimen del aut\u00f3dromo\u201d, y el otro respond\u00eda: \u201chay una pista\u201d.<\/p>\n<p>Nos empez\u00f3 a ir bien, tan bien que pasamos de los sillones a las butacas. Recorrimos teatros de San Telmo, Villa Gesell, Rosario y Montevideo, y los cr\u00edticos fueron muy generosos con nuestra propuesta. Pero en la \u00faltima funci\u00f3n, con todas las entradas vendidas, me dej\u00f3 varado sin asistir.<strong> Nunca me dio explicaciones ni me pidi\u00f3 disculpas. Era nuestro primer chispazo.<\/strong><\/p>\n<p>Una tarde fui a participar de un programa televisivo de Alberto Bad\u00eda. Volv\u00ed a casa y \u00e9l estaba ofendido: c\u00f3mo pod\u00eda ser que estuviera mirando la televisi\u00f3n y, de repente, su cara aparec\u00eda en el programa m\u00e1s visto del pa\u00eds. Otra vez fuimos al Estadio Centenario y, en un grito de gol, a Carlos, mi hermano mayor, se le escap\u00f3 un encendedor regalado por pap\u00e1. Se desesper\u00f3 al tantear su bolsillo y percibirlo vac\u00edo. Pero Jorge me lo dio para esconderlo, y se lo devolvimos meses despu\u00e9s para el cumplea\u00f1os. Yo culp\u00e9 a Jorge y estuvo una semana sin hablarme.<\/p>\n<p>Las tensiones fueron escalando. Por ejemplo, cuando le alquilamos entre los dos un departamento a mam\u00e1. Tuvimos una discusi\u00f3n por el presupuesto, elevamos el tono de voz y casi nos vamos a las pi\u00f1as. Como esa otra vez en el bar, cuando nos separ\u00f3 nuestro hermano mayor. Le hab\u00eda dicho que me hab\u00eda encontrado una amiga en la calle y que le mandaba saludos. Eso fue todo. Y desat\u00f3 nuestra disputa f\u00edsica.<\/p>\n<p>En su momento tambi\u00e9n hab\u00eda surgido la posibilidad de hacer la segunda parte del show de Los Mellizos, pero no volvimos al teatro por otra discusi\u00f3n zonza: qui\u00e9n interpretaba al personaje de Chasman y qui\u00e9n a Chirolita. Estuvimos meses sin hablarnos a ra\u00edz de ese altercado.<\/p>\n<p><strong>D\u00e9cadas despu\u00e9s le adeudaba un dinero a Jorge<\/strong>. Me dijo que, como forma de pago, aceptaba que yo escribiera cuentos con el escenario del f\u00fatbol como fondo. Le entregu\u00e9 una carpeta con 8 cuentos que se llam\u00f3 \u201cEl relator\u201d. Pero no estaba contento y me increp\u00f3: -\u00bfPor qu\u00e9 lo firm\u00e1s vos solo? Yo te di la idea.<\/p>\n<p>Aunque no parezca, con Jorge ten\u00edamos personalidades distintas. \u00c9l era buen dibujante y gracioso. Yo no dibujo tan bien y tengo un perfil m\u00e1s anal\u00edtico. Cuando escuch\u00e1bamos a Los Beatles, por ejemplo, prestaba atenci\u00f3n a los acordes de la guitarra y \u00e9l a las letras de las canciones, tratando de encontrar alg\u00fan juego de palabras para hacerlo divertido. \u00c9l trabajaba en una revista de m\u00fasica cl\u00e1sica y yo me dediqu\u00e9 a la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica del f\u00fatbol. En su momento, \u00e9l hab\u00eda sido el primero en conseguir empleo y me hab\u00eda propuesto trabajar juntos, pero sent\u00ed la necesidad de construir mi propio camino. As\u00ed, nos bifurcamos dentro del mismo oficio. Ambos nos dedicamos al periodismo pero en \u00e1mbitos diferentes, lo que enriquec\u00eda nuestras charlas. \u00c9ramos devotos de las reuniones interminables en caf\u00e9s de Buenos Aires, regamos juntos todas las mesas de la Ciudad con an\u00e9cdotas cruzadas de nuestras disciplinas. Debo confesar que ten\u00edamos los mismos gustos en casi todo, y escuchar al otro era casi como escuchar el devenir de la propia conciencia interna.<\/p>\n<p>Todav\u00eda recuerdo el brillo de sus ojos cuando me cont\u00f3 que hab\u00eda incomodado a Pl\u00e1cido Domingo en una conferencia de prensa. Le hab\u00eda preguntado sobre qu\u00e9 necesidad ten\u00eda de grabar un disco de tango, rol para el que no estaba capacitado. <strong>Y el cantante l\u00edrico m\u00e1s reconocido del mundo le respondi\u00f3 con iron\u00eda: \u201cVaya, aqu\u00ed tenemos al purista\u201d<\/strong>. En efecto, mi hermano hab\u00eda sido muy incisivo en su embestida, pero en el fondo ten\u00eda raz\u00f3n: el disco era un espanto.<\/p>\n<p>Por mi parte escrib\u00ed un libro sobre la rivalidad hist\u00f3rica entre Boca y River, dos opuestos que se retroalimentan. A Jorge le encantaba escuchar el progreso de mis estudios, que abarcaron a todos los cl\u00e1sicos del f\u00fatbol en general. Ah\u00ed fuimos dilucidando juntos que los involucrados no son equipos necesariamente antagonistas. Ambos se necesitan, viven en una relaci\u00f3n de interdependencia como nosotros los gemelos. Es falaz cuando una tribuna le grita a la otra que no existe. S\u00ed existe, y gracias a eso existimos nosotros, los de la contraria. Sin rivalidad no ser\u00edamos nosotros mismos. Nos faltar\u00eda una parte fundamental.<\/p>\n<p>Con Jorge ten\u00edamos una sinton\u00eda telep\u00e1tica demasiado evidente. A los catorce a\u00f1os estuvo a punto de ahogarse en el mar durante unas vacaciones en familia. Un amigo en com\u00fan logr\u00f3 rescatarlo. Yo me hab\u00eda quedado en el departamento porque estaba engripado y mi madre cuenta que,<strong> a la misma hora del susto de Jorge, empec\u00e9 a toser y atorarme de un modo casi diab\u00f3lico<\/strong>. Sin saberlo, me estaba ahogando con \u00e9l.<\/p>\n<p>Ya de grandes, \u00e9l se fue de vacaciones a Espa\u00f1a y yo a Estados Unidos, invitado por una revista donde trabajaba. Cuando nos reencontramos de nuestros respectivos viajes nos hab\u00edamos hecho el mismo regalo: la biograf\u00eda de Groucho Marx. \u00c9l me la regalaba en espa\u00f1ol y yo en ingl\u00e9s. La nuestra era una conexi\u00f3n que solo los hermanos mellizos podemos entender.<\/p>\n<p>Aunque la similitud f\u00edsica ten\u00eda su lado oscuro. En una fiesta, una invitada tuvo un ataque de nervios al vernos entrar juntos. Dec\u00eda que \u00e9ramos demasiado iguales. A mi nieto beb\u00e9 no pod\u00edamos pasarlo de brazo en brazo. Se asustaba much\u00edsimo al ver dos caras id\u00e9nticas balance\u00e1ndolo. Le\u00ed por ah\u00ed que algunas tribus africanas abandonaban en la selva a las madres de mellizos. Las echaban de la aldea porque \u201ctra\u00edan mala suerte\u201d. A todas estas conjeturas se las conoce como superstici\u00f3n del espejo. En nuestra cultura, romper un espejo es sin\u00f3nimo de magia negra y dem\u00e1s oscuras conjeturas. Se cree que, al romperlo, el alma quedar\u00e1 encerrada en pedazos rotos.<\/p>\n<p>Y yo romp\u00ed el espejo cuando conoc\u00ed a Diana, mi novia de entonces y esposa desde hace cuarenta a\u00f1os. La familia nunca me lo perdon\u00f3. Jorge tampoco, aunque entend\u00ed en terapia que era su manera de marcarme la cancha por la separaci\u00f3n gemelar.<strong> Diana ven\u00eda a romper nuestra unidad con Jorge, era la manzana que nos transformaba<\/strong> en distintos elementos qu\u00edmicos. Los almuerzos familiares eran cada vez m\u00e1s tensos y ella, por su parte, hac\u00eda gala de un estilo frontal, sin guardarse nada. Hasta que la situaci\u00f3n estall\u00f3.<\/p>\n<p>Una tarde estaban nuestros hijos jugando de manera peligrosa. Mi hermano mayor les peg\u00f3 un correctivo a cada uno. Esta situaci\u00f3n enfureci\u00f3 a Diana, que increp\u00f3 a mi hermano. Este enfrentamiento se elev\u00f3 a los gritos y mi familia le hizo la cruz de manera definitiva.<\/p>\n<p>Para colmo, la aparici\u00f3n de Diana coincidi\u00f3 con la pelea m\u00e1s grande que tuve con Jorge. Yo quer\u00eda organizar una reuni\u00f3n con primos del Uruguay y \u00e9l se opuso. Estaba ofendido por el destrato hacia pap\u00e1 cuando se hab\u00eda quedado sin trabajo, motivo de nuestra mudanza a Buenos Aires. Hab\u00eda rechazado la uni\u00f3n con esa parte de la familia y no me parec\u00eda una decisi\u00f3n justa, por lo que nos distanciamos. Ahora \u00e9ramos cuarentones y ten\u00edamos una necesidad imperiosa de independizarnos del hermano gemelo.<\/p>\n<p><strong>El reencuentro se dio dos a\u00f1os despu\u00e9s, gracias a la constante insistencia de nuestra madre<\/strong> y hermanos. Acordamos reunirnos v\u00eda mail, para obstaculizar cualquier cruce de palabras y evitar o\u00edr la voz del otro. El almuerzo en Puerto Madero empez\u00f3 con reproches cruzados, pero la comida nos fue ablandando, nos dimos un abrazo y terminamos de limar asperezas.<\/p>\n<p>Mis hijos ten\u00edan una excelente relaci\u00f3n con Jorge. Un mes antes de que \u00e9l cayera enfermo compartimos un asado en casa y la pasamos realmente muy bien. Aunque por mi parte sent\u00eda una distancia con mis sobrinos. Siento que era culpa de Jorge por ese h\u00e1bito de poner distancia en sus \u201cdominios\u201d. Federico, su hijo var\u00f3n, describi\u00f3 con certeza una caracter\u00edstica de su personalidad: estaba en el centro de un c\u00edrculo donde no permit\u00eda que nadie entrase, ni su familia ni sus amigos. Era unidireccional y se aferraba a eso.<\/p>\n<p>Sus \u00faltimos d\u00edas de felicidad los vivi\u00f3 en C\u00f3rdoba. Trep\u00f3 cerros y camin\u00f3 con forzado equilibrio entre las piedras, cuando el Parkinson hab\u00eda transformado cada paso suyo en una proeza. Despu\u00e9s la cuarentena deterior\u00f3 su salud. Habl\u00e1bamos por tel\u00e9fono todos los d\u00edas sobre la Celeste, medios de comunicaci\u00f3n, historia y dem\u00e1s temas que merodeaban su zona de confort. Pero ya estaba muy enfermo. Caia, mi hermana, me avis\u00f3 que Jorge no estaba bien. En sus alucinaciones me nombraba permanentemente. Empec\u00e9 a sentir su ausencia y me golpe\u00f3 la inminencia de su partida.<\/p>\n<p>Supe antes que nadie de su muerte. Estaba semidormido mirando una pel\u00edcula a la madrugada. De repente, una visi\u00f3n cruz\u00f3 mi mente:<strong> Jorge estaba muert<\/strong>o. Hasta en ese momento final la telepat\u00eda nos uni\u00f3. Horas despu\u00e9s recib\u00ed un llamado que confirmaba la noticia.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 ya nadie me confundir\u00e1 con \u00e9l ni reproducir\u00e1, como un juego de espejos, la eterna selecci\u00f3n uruguaya, medios de comunicaci\u00f3n, la hist\u00f3rica travesura de la semejanza?<\/p>\n<p>Jorge se llev\u00f3 una parte de m\u00ed. Porque \u00e9ramos uno, a pesar de todos nuestros problemas y de los intentos de independencia. Ahora soy otro. Soy un elemento qu\u00edmico distinto desde que \u00e9l se qued\u00f3 con nuestra manzana.<br \/>\u2014\u2014\u2014\u2014<\/p>\n<p><em><strong>Hugo Mart\u00ednez de Le\u00f3n.<\/strong> Periodista, escritor y m\u00fasico. Considera el humor como una herramienta eficaz de comunicaci\u00f3n. Su primera novela, \u201cEl baile y la procesi\u00f3n\u201d fue finalista en un concurso de Oviedo, Espa\u00f1a. Un ensayo sobre \u201cLa historia de la obscenidad\u201d fue traducido al italiano. Escribi\u00f3 una comedia musical, \u201cIrma, el pueblo no te culpa\u201d. El f\u00fatbol es otra de sus pasiones. Hincha de V\u00e9lez, public\u00f3 varios libros sobre la historia de ese deporte, entre ellos, el Supercl\u00e1sico, la vieja rivalidad que se repite en todas las geograf\u00edas. Escribi\u00f3 sketchs y canciones para una obra que represent\u00f3 junto a su hijo Mauro: \u201c\u00a1Qu\u00e9 quer\u00e9s, con ese padre!\u201d Sus m\u00f3dicos placeres son la playa, el bosque e ir con Diana los mi\u00e9rcoles a buscar a su nieto Ramiro al colegio.<\/em><\/p>\n<div>\n<h2>TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n<nav class=\"navigation post-navigation\" role=\"navigation\" aria-label=\"Continue Reading\">\n<h2 class=\"screen-reader-text\">Continue Reading<\/h2>\n<\/nav>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El profesor de Qu\u00edmica nos hace pasar al frente de la clase. Con Jorge somos el ejemplo perfecto para la explicaci\u00f3n sobre los is\u00f3meros, dos mol\u00e9culas id\u00e9nticas que, si se les agrega un componente, se transforman en otro elemento distinto. 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