{"id":19306,"date":"2021-08-21T01:00:00","date_gmt":"2021-08-21T01:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/somoscordobeses.com\/2021\/08\/20\/mundos-intimos-tuve-un-amor-de-verano-en-estambul-que-dejo-huellas-pero-cuando-el-quiso-venir-a-la-argentina-dije-que-no\/"},"modified":"2021-08-21T01:00:00","modified_gmt":"2021-08-21T01:00:00","slug":"mundos-intimos-tuve-un-amor-de-verano-en-estambul-que-dejo-huellas-pero-cuando-el-quiso-venir-a-la-argentina-dije-que-no","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2021\/08\/21\/mundos-intimos-tuve-un-amor-de-verano-en-estambul-que-dejo-huellas-pero-cuando-el-quiso-venir-a-la-argentina-dije-que-no\/","title":{"rendered":"Mundos \u00edntimos. Tuve un amor de verano en Estambul que dej\u00f3 huellas. Pero cuando \u00e9l quiso venir a la Argentina, dije que no."},"content":{"rendered":"<div>\n<p>El \u00e1ngel de Santa Sof\u00eda, en Estambul, no parece un \u00e1ngel normal, de esos que estamos acostumbrados a ver en pinturas y dibujos, es decir, un ser humano, pero con alas. No. Este es m\u00e1s cercano a lo animal. Parece un p\u00e1jaro. Su triple par de alas lo envuelve por completo: con un par se tapa el cuerpo, las otras dos alas est\u00e1n extendidas y el \u00faltimo par se eleva sobre su cabeza, como si fuera un turbante plum\u00edfero. <strong>El \u00e1ngel tiene de persona solamente la cara: una expresi\u00f3n enojada, triste y de desconcierto <\/strong>que mira desde lo alto a los miles y miles de turistas que pasan por ese edificio milenario, que fue iglesia, despu\u00e9s mezquita, despu\u00e9s museo y ahora mezquita otra vez.<\/p>\n<div>\n<div>\n<figure> <\/figure><figcaption>\n<p>Una experiencia fuerte pero limitada. Por ahora Marcela Alemandi y Vahit no se han reencontrado. <\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>Llegar esa tarde a Estambul fue como volver a los colores, a los sonidos, despu\u00e9s de haber pasado todo el invierno en el norte de Italia, en las monta\u00f1as, rodeada de gris, blanco y fr\u00edo. Cuando me baj\u00e9 del tranv\u00eda en la parada de Sultanahmet, en la ciudad vieja, la primera sensaci\u00f3n que tuve fue la del calorcito primaveral. Mir\u00e9 los enormes jardines que separaban los dos edificios m\u00e1s imponentes y antiguos: a un lado, la Mezquita Azul; al otro, Santa Sof\u00eda. En el medio, fuentes de agua, pajaritos, gente paseando o sentada en el pasto, sonido de risas, olor a t\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Sub\u00ed al cuarto piso y buscalo a Vahit. \u00c9l te puede preparar algo para comer \u2014me dijo el recepcionista esa noche cuando volv\u00ed al hostel y le cont\u00e9 que estaba muerta de hambre. Hab\u00eda caminado sin parar durante horas, sin sentarme a comer nada, porque me daba algo de verg\u00fcenza: lamentablemente para m\u00ed, una turista joven y sola llamaba la atenci\u00f3n. Despu\u00e9s sabr\u00eda que el acercamiento y las preguntas constantes eran un h\u00e1bito para vender, pero esas primeras horas lo \u00fanico que hab\u00eda percibido era<strong> una sucesi\u00f3n de hombres caminando a mi lado, pregunt\u00e1ndome en varios idiomas de d\u00f3nde era<\/strong>, si era europea o no, si estaba casada, si viajaba sola.<\/p>\n<p>Esa tarde, incluso, hab\u00eda tenido que declinar una oferta de casamiento de un hombre que se sent\u00f3 a mi lado en el banco de una plaza. Yo le hab\u00eda mentido que ten\u00eda un novio franc\u00e9s (\u00bfpor qu\u00e9 franc\u00e9s?) esperando en el hotel, pero eso no lo hab\u00eda disuadido: me dec\u00eda que c\u00f3mo mi novio me dejaba sola, que \u00e9l nunca har\u00eda semejante cosa, que pensara mejor con qui\u00e9n estaba. Despu\u00e9s de unos minutos de rechazar amablemente sus propuestas, me hab\u00eda invitado a visitar su negocio, que estaba enfrente. Todo ese tiempo invertido solamente para venderme una alfombra.<\/p>\n<p>Vahit ten\u00eda 24 a\u00f1os, era de Samsun, una ciudad a orillas del Mar Negro. Era alto y delgado, ten\u00eda la piel muy blanca, el pelo oscuro, la nariz afilada y una mirada que parec\u00eda de alguien mucho mayor. Viv\u00eda en Ankara, la capital de Turqu\u00eda, estudiaba literatura y espa\u00f1ol y trabajaba en Estambul durante las vacaciones. <strong>En el bar del hostel vend\u00eda cerveza, preparaba tragos y hac\u00eda los kebabs m\u00e1s ricos que prob\u00e9 en mi vida<\/strong>. Esa primera noche, nos ense\u00f1\u00f3 a los que est\u00e1bamos ah\u00ed el backgammon, el juego de mesa m\u00e1s popular de Turqu\u00eda, herencia del Imperio Otomano, que lo conoc\u00eda con el nombre \u00e1rabe de <em>tawla<\/em>. Mientras jug\u00e1bamos, entre conversaciones y cervezas, cruz\u00e1bamos alguna mirada.<\/p>\n<div>\n<div>\n<figure> <\/figure><figcaption>\n<p>Estambul. Una ciudad con magia que le dio un marco \u00fanico a ese mes compartido entre Marcela Alemandi y Vahit. <\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>No me acuerdo si yo le sonre\u00eda, s\u00e9 que \u00e9l no, solamente me miraba y eso me pon\u00eda nerviosa, pero de una buena manera, con esas cosquillas de ansiedad que sentimos cuando alguien nos gusta. Cuando le cont\u00e9 la impresi\u00f3n que hab\u00eda tenido esa tarde en la calle, me dijo que al d\u00eda siguiente todo me iba a parecer diferente, que llevaba 24 horas habituarse, y tambi\u00e9n me dijo: \u2014Nosotros estamos acostumbrados al regateo: a los turcos hay que decirnos tres veces que no \u2014. Esa noche me fui a dormir pensando en la frase.<\/p>\n<p>Siempre me resultaron atractivos los hombres que me cuentan buenas historias. Pueden ser sobre cualquier cosa, incluso sobre cosas que nunca pens\u00e9 que podr\u00edan interesarme, porque lo atractivo es la pasi\u00f3n, el inter\u00e9s con el que la cuentan. La segunda noche volv\u00ed al bar, al que ya sent\u00eda conocido, con esa familiaridad r\u00e1pida que solo se genera en los viajes. Vahit me cont\u00f3 ah\u00ed la historia de su familia, y por qu\u00e9 \u00e9l, que era ateo, no se animaba a confesarles a los padres, musulmanes como la gran mayor\u00eda de los habitantes de Turqu\u00eda, que hab\u00eda dejado de creer en Al\u00e1 hac\u00eda mucho tiempo. Me relat\u00f3 una escena de sus \u00faltimas vacaciones en la casa familiar, con \u00e9l encerrado en el ba\u00f1o <strong>mintiendo que estaba descompuesto y la madre del otro lado de la puerta, desconsolada <\/strong>porque no iba a poder ir a la mezquita a rezar con el resto de la familia. Yo mencion\u00e9 mi visita de esa tarde a Santa Sof\u00eda y c\u00f3mo me hab\u00eda impactado el \u00e1ngel-p\u00e1jaro, as\u00ed que tambi\u00e9n me cont\u00f3 sobre los \u00e1ngeles en el islam (<em>malaika<\/em>s, en \u00e1rabe), sus diferentes niveles y funciones.<\/p>\n<p>Algo en esas historias me conmovi\u00f3 mucho. El modo de contarlas era cautivador (y sus ojos negros de mirada antigua tambi\u00e9n). Esa noche no hice caso de la m\u00e1xima que hab\u00eda aprendido el d\u00eda anterior para con los turcos y no dije tres veces que no; ni siquiera una. El amanecer me encontr\u00f3 sin haber dormido, escuchando la primera llamada a oraci\u00f3n del d\u00eda. Esa primera noche se convirti\u00f3 en muchas m\u00e1s, y me termin\u00e9 quedando un mes entero solamente en Estambul, en lugar de recorrer otros lugares de Turqu\u00eda, como hab\u00eda planeado originalmente. A pesar de que me perd\u00ed esos lugares y de que espero regresar alg\u00fan d\u00eda para conocerlos, no me arrepiento de la decisi\u00f3n: no solo por haber vivido una hermosa historia de amor, sino porque Estambul es un lugar fascinante y, como toda gran urbe, es necesario quedarse mucho tiempo para conocerla bien. Fue un mes de largas caminatas y recorridos por la ciudad; un mes de mirar, de aprender, de hablar mucho y dormir muy poco.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, a las siete, cruzamos a la parte asi\u00e1tica, a comprar carne para los kebabs. A esa hora no hab\u00eda turistas en el ferry, solamente los habitantes de la ciudad que iban a hacer lo mismo que nosotros: conseguir en los mercados la carne, el pescado, las verduras, m\u00e1s frescos y m\u00e1s baratos que del lado europeo. El sol era brumoso a esa hora. Desayunamos t\u00e9 con simit, un pan trenzado con semillas de s\u00e9samo que, cuando se compra en el ferry, nunca se come completo porque hay que guardar los restos para las gaviotas: cientos de ellas que sobrevuelan y acompa\u00f1an los cruces de veinte minutos sobre el B\u00f3sforo, atrapando los pedazos de pan en el aire. <strong>Cuando llegamos a la carnicer\u00eda, ambos saludamos en turco (yo ya hab\u00eda aprendido)<\/strong>. El carnicero y \u00e9l se pusieron a charlar, pero como yo no entend\u00eda empec\u00e9 a recorrer el local, mirando los cortes de carne que se exhib\u00edan, tan diferentes de los de ac\u00e1, hasta que vi algo que me llam\u00f3 much\u00edsimo la atenci\u00f3n: eran cabezas, despellejadas, de lo que yo cre\u00ed en ese momento que eran caballos. M\u00e1s tarde, Vahit se rio mucho cuando le pregunt\u00e9, y me aclar\u00f3 que eran corderos. A pesar de eso, cada vez que alguien menciona la pel\u00edcula \u201cEl Padrino\u201d, no puedo evitar que me aparezca la imagen mental de cruzar el B\u00f3sforo y de esas cabezas en exhibici\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, despu\u00e9s de desayunar, fuimos a caminar. Marzo estaba terminando y en la ciudad ya se sent\u00eda la primavera de manera definitiva: el aire de la ma\u00f1ana no solo era c\u00e1lido, tambi\u00e9n parec\u00eda m\u00e1s transparente, como si la brisa marina lo limpiara. Nos sentamos a la orilla del mar, que en la ciudad vieja no tiene playa, sino unas rocas sobre las que hay que caminar con cuidado. Estuvimos toda esa ma\u00f1ana sentados ah\u00ed, hablando de los temas m\u00e1s diversos: no solamente de m\u00fasica, literatura (cosas que nos interesaban a los dos) sino de por qu\u00e9 las gaviotas eran p\u00e1jaros de buenos augurios para los marineros y por eso no hab\u00eda que matarlas, de c\u00f3mo la gente que crece cerca del mar tiene un car\u00e1cter diferente de la que vive tierra adentro, de si pod\u00eda decirse que veinte a\u00f1os despu\u00e9s una persona era la misma persona. La conversaci\u00f3n flu\u00eda, siempre interesante, pas\u00e1bamos de un tema a otro sin sobresaltos. <strong>Muchas veces resulta dif\u00edcil explicar por qu\u00e9 una persona nos atrae o nos enamora<\/strong>; hay, por suerte, tanta variedad como seres humanos en el mundo: a algunas personas les atrae m\u00e1s lo f\u00edsico, a otras el humor. Roland Barthes dice, en \u201cFragmentos de un discurso amoroso\u201d, que muchas veces es simplemente un brillo en la punta de la nariz lo que nos termina de enamorar; as\u00ed de arbitrario. Yo no s\u00e9 si para m\u00ed ha sido siempre lo mismo, pero en esa oportunidad, lo que me termin\u00f3 de enamorar fue, sin dudas, la conversaci\u00f3n: poder escuchar y hablar durante horas sin aburrirme ni cansarme.<\/p>\n<p>Una noche, despu\u00e9s de cerrar el bar, a las tres de la ma\u00f1ana, salimos a caminar por Divan Yolu, la avenida principal de la ciudad vieja, que serpentea entre los parques, las mezquitas, los viejos edificios que son ahora restaurantes con altas terrazas y vistas al mar de M\u00e1rmara. Era hermoso caminar por esas calles, atestadas de turistas y ruido durante el d\u00eda, ahora vac\u00edas y silenciosas, con el resplandor naranja de Santa Sof\u00eda en el fondo.<\/p>\n<p>En \u201cRayuela\u201d, Cort\u00e1zar describe al personaje de Oliveira, en los inicios de su romance con la Maga, como \u201cfeliz, ergo sin futuro\u201d: as\u00ed me sent\u00eda yo durante ese tiempo en Estambul. Pero a pesar de la felicidad el futuro llega igual, y lleg\u00f3 tambi\u00e9n el d\u00eda en que tuve que irme: mi vuelo a Argentina era demasiado caro para cambiarlo o perderlo. La \u00faltima noche la pasamos en la terraza. La primavera ya era tibia y amable. El sonido del mar, su humedad salada, llegaban en vaiv\u00e9n. Las gaviotas volaban, nocturnas, alrededor de los altos minaretes dorados de la Mezquita Azul. Yo no dec\u00eda nada. Vahit, callado tambi\u00e9n, me ol\u00eda el pelo cada tanto. Acaso ambos nos pregunt\u00e1bamos si eso hab\u00eda sido todo.<\/p>\n<p>En un libro que le\u00ed hace poco, la autora menciona que la historia de un amor feliz es una sola, pero las de un amor truncado son por lo menos dos. A mi regreso a Argentina, seguimos en contacto: habl\u00e1bamos casi todos los d\u00edas, nos extra\u00f1\u00e1bamos. Pasados unos meses, cuando \u00e9l estaba a punto de comprar el pasaje para venir, empec\u00e9 a dudar: \u00bfy si todo lo hermoso que hab\u00edamos vivido hab\u00eda sido por el lugar, el momento, la duraci\u00f3n? <strong>\u00bfLa relaci\u00f3n hab\u00eda sido as\u00ed de intensa porque ambos sab\u00edamos que ten\u00eda un final cercano? <\/strong>\u00bfQu\u00e9 iba a pasar si de repente se convert\u00eda en una rutina, en una relaci\u00f3n como cualquier otra? Entonces fui cobarde: tuve miedo de que ese encantamiento se rompiera de la peor manera y le dije que no, que mejor no. Lo tom\u00f3 con calma, me dijo que me entend\u00eda. Durante diez a\u00f1os solo supe de \u00e9l muy de vez en cuando. Esa era para m\u00ed la \u00fanica historia, hasta que hace poco, por esas magias de las redes, volvimos a encontrarnos y a hablar. Supe entonces que mi negativa hab\u00eda sido un golpe duro y que le hab\u00eda costado recuperarse. Enterarse a\u00f1os despu\u00e9s de que una le caus\u00f3 un gran dolor a alguien es terrible, como lo es casi siempre la verdad.<\/p>\n<p>Me pregunto si volveremos a vernos alguna vez, si los lugares donde fuimos felices resisten que regresemos muchos a\u00f1os despu\u00e9s, si el mar de M\u00e1rmara sigue siendo tan hermoso en primavera, si el \u00e1ngel-p\u00e1jaro seguir\u00e1 mirando triste, desconcertado y con fastidio, por muchos siglos m\u00e1s, los desencuentros de los seres humanos.<br \/>\u2014\u2014\u2014\u2014<\/p>\n<p><em><strong>Marcela Alemandi.<\/strong> Docente, correctora y aspirante a escritora. Lo que m\u00e1s disfruta en la vida es leer, hablar y viajar. Naci\u00f3 en Buenos Aires, creci\u00f3 en Entre R\u00edos y hace veinte a\u00f1os vive en Rosario. Vivi\u00f3 en Francia e Italia, donde trabaj\u00f3 ense\u00f1ando espa\u00f1ol y atendiendo un restaurante. Estudi\u00f3 Letras y ha publicado cr\u00f3nicas, cuentos, art\u00edculos period\u00edsticos y traducciones. Fue dos veces finalista del concurso Cr\u00f3nica breve del Festival de no-ficci\u00f3n \u201cBasado en hechos reales\u201d y ganadora del premio \u201cExperiencia Anfibia\u201d de la revista Anfibia. En 2018 gan\u00f3 la Beca del Fondo Nacional de las Artes y en 2019 la beca Residencia de Escritura Primavera 2020 Can Serrat, Catalu\u00f1a. Es editora de la revista \u201cEl Cocodrilo\u201d, y pronto se va a mudar cerca del mar para terminar de escribir un libro y caminar por la playa todos los d\u00edas.<\/em><\/p>\n<div>\n<h2>TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n<nav class=\"navigation post-navigation\" role=\"navigation\" aria-label=\"Continue Reading\">\n<h2 class=\"screen-reader-text\">Continue Reading<\/h2>\n<\/nav>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00e1ngel de Santa Sof\u00eda, en Estambul, no parece un \u00e1ngel normal, de esos que estamos acostumbrados a ver en pinturas y dibujos, es decir, un ser humano, pero con alas. No. Este es m\u00e1s cercano a lo animal. Parece un p\u00e1jaro. 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