{"id":181886,"date":"2026-01-17T15:38:31","date_gmt":"2026-01-17T15:38:31","guid":{"rendered":"https:\/\/somoscordobeses.com\/2026\/01\/17\/shostakovich-ni-un-dia-menos-de-la-eternidad\/"},"modified":"2026-01-17T15:38:31","modified_gmt":"2026-01-17T15:38:31","slug":"shostakovich-ni-un-dia-menos-de-la-eternidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2026\/01\/17\/shostakovich-ni-un-dia-menos-de-la-eternidad\/","title":{"rendered":"Shostakovich, ni un d\u00eda menos de la eternidad"},"content":{"rendered":"<div><img src=\"http:\/\/cordobainforma.info\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/shostakovich-ni-un-dia-menos-de-la-eternidad.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<p>La Orquesta Sinf\u00f3nica de Leningrado ten\u00eda que hacer una gira europea que, probablemente, terminar\u00eda en Estados Unidos. A punto de subir al tren, Nikolai Malko, el legendario director, advierte que no tienen algo apropiado para un bis en caso de necesitar algo semejante en Estados Unidos. Siguen en la estaci\u00f3n. El tren echa su correspondiente vaho de inminente partida. Malko lo llama a Shostakovich: \u00bfno podr\u00eda acercarse a la estaci\u00f3n y componerles algo? Llega Shostakovich y hace un arreglo orquestal alla Shostakovich de la breve, peque\u00f1a pieza del norteamericano Vincent Youmans, T\u00e9 para dos. Es una obra maestra. La hizo en menos de media hora. La llamaron Tahiti trot. Y ya ah\u00ed (1929) Shostakovich tuvo problemas con la censura sovi\u00e9tica por escribir \u201cm\u00fasica de foxtrots\u201d.<\/p>\n<p>Fue un compositor de dotes mozartianas. Si escribi\u00f3 tanto no fue porque no correg\u00eda o porque ten\u00eda la bulimia de la pr\u00f3xima obra. No necesitaba revisar. A eso se le llama \u201cdotes mozartianas\u201d, a que lo absoluto habita en un hombre, y alg\u00fan dios le dicta ese algo s\u00f3lo \u00e9l sabe escuchar, interpretar.<\/p>\n<p>La celebridad le llega o \u00e9l llega a ella a los diecinueve a\u00f1os. Su Primera Sinfon\u00eda arrasa. Shostakovich se dispara desde la Rusia sovi\u00e9tica al mundo en brazos de una composici\u00f3n dif\u00edcil pero deslumbrante, una sinfon\u00eda cuyo tercer movimiento es casi una obra para piano, un piano juguet\u00f3n, saltar\u00edn. Esa esp\u00edritu l\u00fadico no abandonar\u00e1 nunca las obras de nuestro Dimitri: sus obras est\u00e1n llenas de valses, galops, mazurkas, \u201cm\u00fasica de las confiter\u00edas\u201d y pasajes grandiosos, de una estridencia sonora apenas tolerable, como el primer movimiento de la octava sinfon\u00eda, muy mahleriana pero con mucho Bruckner tambi\u00e9n y mucho Shostakovich todo el tiempo: especialmente en esos momentos en que los timbales anuncian que el mundo se desintegra.<\/p>\n<p>A \u00e9l, que estaba destinado a una gloria inmediata y sin opacidades, tambi\u00e9n se le desintegr\u00f3 el mundo. La Revoluci\u00f3n de Octubre, a la que siempre respet\u00f3, se le encarn\u00f3 en la figura del tosco campesino Josef Stalin, un ser muy distinto a Dimitri. Uno ve las fotos de Shostakovich (sobre todo: del Shostakovich joven) y se enternece o se sonr\u00ede. A veces parece Harold Lloyd. A veces Stan Laurel, con anteojos, claro. Siempre lleva anteojos Dimitri. Durante la d\u00e9cada del veinte, una d\u00e9cada loca en la que todo era posible, compone la \u00f3pera La nariz. Una \u00f3pera loca, delirante, llena de disonancias, de pasajes atonales, de sarcasmos. Dimitri se divert\u00eda. Era un genio reconocido en todo Occidente y \u00e9l viv\u00eda en el pa\u00eds de la Revoluci\u00f3n, donde todo era joven y todo empezaba otra vez y para siempre.<\/p>\n<p>La historia es conocida. La de Stalin y Shostakovich, digo. Brevemente la recordaremos, pero es m\u00e1s importante se\u00f1alar (ya) que este texto se escribe porque, el pasado 25 de septiembre, se cumplieron cien a\u00f1os del nacimiento de Dimitri y todos los que lo amamos estamos de festejo. Nuestras vidas habr\u00edan sido mucho m\u00e1s pobres sin \u00e9l, como sin Mozart o como sin Schubert o Brahms o Schumann o Gershwin. O como sin el Concierto para piano op. 42 de Schoenberg, especialmente si lo toca Pollini.<\/p>\n<p>Shostakovich viv\u00eda bien en medio de la Revoluci\u00f3n. Tanto, que cre\u00eda en ella. En 1927 escribe su Tercera Sinfon\u00eda a la que titula \u201cOctubre\u201d. En 1929, la \u201c1ero. de Mayo\u201d. Y en 1932 un poema sinf\u00f3nico: De Karl Marx a nuestros d\u00edas. Durante tres a\u00f1os trabaja en una \u00f3pera basada en una mujer, Katerina, que, en medio de la Rusia zarista, busca su independencia, y llega, en esa b\u00fasqueda, a los extremos, al crimen. La \u00f3pera se estrena con notable \u00e9xito. Se llama Lady Macbeth del distrito de Mtsensk. Se estrena en provincias y finalmente en Mosc\u00fa. \u201cHice un viaje (cuenta Shostakovich) a Arkhangelsk con el violoncelista Victor Koubatski. El tocar\u00eda mi sonata para cello. El 28 de enero de 1936, nos detuvimos en la estaci\u00f3n para comprar el \u00faltimo n\u00famero de Pravda. Lo abr\u00ed y me encontr\u00e9 con el art\u00edculo: \u2018Un galimat\u00edas musical\u2019. Ese d\u00eda ha permanecido como el m\u00e1s grave en mi memoria. Es, acaso, la jornada m\u00e1s memorable de mi entera existencia\u201d (Temoignage, Les memoires de Dimitri Chostakovich, Albin Michel, 1980, Paris, p. 154).<\/p>\n<p>De la gloria a los diecinueve a\u00f1os al ostracismo y \u2013razonablemente\u2013 al miedo. Stalin, no hab\u00eda en Rusia quien no lo supiera, no era un hombre de buenos modales. El art\u00edculo de Pravda, presumiblemente escrito por \u00e9l, dec\u00eda todas las atrocidades que la ideolog\u00eda oficial dispensaba a los sonidos, de todo tipo, que le desagradaban. Shostakovich compone algunas piezas menores y decide volverse tolerable para el r\u00e9gimen. Lo que mejor sab\u00eda hacer era componer m\u00fasica y las sinfon\u00edas le sal\u00edan muy bien. Escribe la Quinta y le pone una leyenda que se ha hecho c\u00e9lebre: es el acatamiento de un artista ante un dictador. Es un pedido de perd\u00f3n. Y hasta es la b\u00fasqueda de la seguridad dentro de ese territorio del miedo que Stalin hab\u00eda creado. He visto por ah\u00ed que se vende un documental sobre la relaci\u00f3n entre Stalin y Shostakovich. Es un gran tema para una novela. Ignoro si alguien la ha escrito. En la primera p\u00e1gina de su Quinta Sinfon\u00eda, Dimitri escribe: \u201cLa respuesta pr\u00e1ctica y creativa de un artista sovi\u00e9tico a una cr\u00edtica justa\u201d. La sinfon\u00eda tuvo un gran \u00e9xito y permanece como el m\u00e1s popular de los trabajos de Shostakovich. El cuarto movimiento es un canto guerrero al Ej\u00e9rcito Rojo. Sin embargo, como es gran m\u00fasica siempre puede leerse como un canto a la victoria, a toda victoria. En un film de John Huston sobre un partido de f\u00fatbol entre captores nazis y prisioneros de guerra (con Max Von Sydow, Stallone, Pel\u00e9, Michael Caine y \u201cnuestro\u201d Ardiles) el arreglador Bill Conti (que es el que dirige la orquesta durante la entrega de los Oscar), m\u00fasico del film, se basa en la Quinta de Shostakovich y en el triunfal cuarto movimiento para ilustrar la huida a la libertad de los prisioneros de guerra.<\/p>\n<p>Durante la guerra, Shostakovich se transforma en una figura m\u00edtica. Permanece en Leningrado durante el cerco y es quien toca, al anochecer, la campana que dice a toda la ciudad que nadie se ha rendido, que la ciudad sigue sin ser de los nazis. En la tapa del Time aparece Dimitri con un casco de guerra: es el h\u00e9roe de la ciudad. Ah\u00ed, en medio del sitio, compone la S\u00e9ptima, que tiene grandes pasajes pero es interminable, como debe haber sido el sitio. Detestado por el retr\u00f3grado vanguardista Juan Carlos Paz, Shostakovich conoce hoy una gloria impar. A m\u00ed no me gusta hablar del m\u00e1s grande compositor de una \u00e9poca. Del siglo veinte, pongamos. No puedo hacerlo. Ni siquiera podr\u00eda decir que ese puesto est\u00e1 entre Stravinsky, Shostakovich o Berg. No s\u00e9, por ejemplo, qu\u00e9 invent\u00f3 Ravel, pero la m\u00fasica del siglo XX ser\u00eda mucho m\u00e1s pobre sin, por dar un ejemplo, Gaspard de la nuit. Juro que los dos m\u00e1s grandes conciertos para piano que el pasado siglo ofreci\u00f3 llevan el N 3. Y son totalmente distintos. Uno, seg\u00fan suele decirse (y lo dicen quienes creen que la m\u00fasica progresa linealmente), \u201cmira al siglo XIX\u201d. El otro es bien siglo XX. Me refiero al tercero de Prokoviev y al tercero de Rachmaninov. Acabo de recibir un CD en que Pletnev en el piano y Rostropovich en la orquesta han reunido a los dos. Saben lo que hacen. Esos dos conciertos van juntos. S\u00e9 que nadie discutir\u00e1 al de Prokoviev. Y no pienso discutir sobre el de Rachmaninov: preg\u00fantenles a los pianistas. Es una catedral construida para la gloria de un instrumento por un pianista colosal. Lo digo porque conozco la versi\u00f3n del propio Rachmaninov: lo que hace con su Cadenza (que es s\u00faper-genial) te quita la respiraci\u00f3n. Lo que dicen los music\u00f3logos que hablan entrecerrando su boquita en un c\u00edrculo, eso que se llama boca-culo-de-gallina, es: \u201cEl N 3 de Rachmaninov tiene terribles dificultades; su valor como m\u00fasica es otro\u201d. Entre tanto, Horowitz, Berman, Sergio Tiempo, Martha Argerich, Ashkenazy, Van Cliburn, Pletnev y otros (si pueden) sienten que han llegado a la cumbre expresiva de su instrumento cuando lo tocan. Hasta hay una leyenda: \u201cEl que toca ese concierto se vuelve loco\u201d. Es lo que le pasa a Geoffrey Rush en esa pel\u00edcula sobre David Helfgot, que lo toca horrible. De Gershwin, ni hablar: cada una de sus canciones \u2013y dejamos de lado sus trabajos sinf\u00f3nicos y hasta su poderosa \u00f3pera folcl\u00f3rica negra\u2013 es m\u00fasica en estado sublime. Pero Shostakovich ya no tiene, no quien le escriba, sino quien lo discuta. Escuch\u00e9 \u2013en el 2004\u2013 a Martha Argerich tocar el Concierto para piano, trompeta y orquesta de cuerdas. Es una obra cristalina y, en el segundo movimiento, la trompeta, en su solo, toca el cielo con las manos. Otros instrumentos, como los violoncellos, tienen una actividad incesante. Tanto, que la Argerich tocaba el piano y los acompa\u00f1aba canturreando su parte.<\/p>\n<p>Shostakovich pudo haber sido un concertista de piano. En su juventud era sobresaliente. Se present\u00f3 a un concurso, no lo gan\u00f3 y mand\u00f3 \u2013por suerte\u2013- al diablo el asunto. Permanecen sus grabaciones \u2013de fines de los a\u00f1os cincuenta\u2013 de sus dos conciertos. La orquesta est\u00e1 en manos de Andr\u00e9 Cluytens y el sonido de Dimitri es algo met\u00e1lico, a veces empasta y a veces corre como si escapara de Stalin. Hay grabaciones mejores. Su m\u00fasica de c\u00e1mara es poderosa. Las dos m\u00e1s grandes las hizo tambi\u00e9n durante la guerra. El Quinteto para piano es de 1940. Y el Tr\u00edo de 1944. Muchos lo consideran \u2013ahora s\u00ed\u2013 el gran Tr\u00edo del siglo XX. Es concentrado, reflexivo, poderoso. Shostakovich empez\u00f3 a componerlo pocos d\u00edas despu\u00e9s de una noticia penosa: la muerte de un querido amigo de juventud. El Tr\u00edo est\u00e1 marcado por esa p\u00e9rdida. A Shostakovich lo perdimos en 1975. Pero \u2013si la Eternidad existe\u2013 su m\u00fasica durar\u00e1 tanto como ella, ni un d\u00eda menos.<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Pablo Feinmann, (Buenos Aires, 29 de Marzo de 1942-Buenos Aires 17 de Diciembre de 2021), fue fil\u00f3sofo, historiador, investigador, periodista, escritor, guionista, dramaturgo, profesor, y conductor de radio y televisi\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p><i>Contratapa publicada en el diario P\u00e1gina\/12 el d\u00eda Domingo 1\u00b0 de Octubre de 2016.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Orquesta Sinf\u00f3nica de Leningrado ten\u00eda que hacer una gira europea que, probablemente, terminar\u00eda en Estados Unidos. A punto de subir al tren, Nikolai Malko, el legendario director, advierte que no tienen algo apropiado para un bis en caso de necesitar algo semejante en Estados Unidos. Siguen en la estaci\u00f3n. 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