{"id":161374,"date":"2025-07-13T08:06:44","date_gmt":"2025-07-13T08:06:44","guid":{"rendered":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2025\/07\/13\/garrahan-donde-aun-late-la-esperanza\/"},"modified":"2025-07-13T08:06:44","modified_gmt":"2025-07-13T08:06:44","slug":"garrahan-donde-aun-late-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2025\/07\/13\/garrahan-donde-aun-late-la-esperanza\/","title":{"rendered":"Garrahan, donde a\u00fan late la esperanza"},"content":{"rendered":"<div class=\"media_block\"><\/div>\n<div><img src=\"http:\/\/cordobainforma.info\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/garrahan-donde-aun-late-la-esperanza.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<p>A veces, la vida empieza con un viaje. No con el primer llanto ni con el primer paso, sino con el primer colectivo que hay que tomar para salvarla. Desde un pueblo arrasado por el agua, en el sur de Tucum\u00e1n, Cristina aprendi\u00f3 que el amor de madre no se mide en pa\u00f1ales ni cumplea\u00f1os, sino en kil\u00f3metros recorridos, noches sin dormir y remedios conseguidos a fuerza de pedir en bares. As\u00ed empez\u00f3 la historia que no quer\u00eda volver a contar.<\/p>\n<p>En 2014, su hija mayor, Mar\u00eda Gabriela, ten\u00eda cinco a\u00f1os y una enfermedad card\u00edaca grave. Viven en La Madrid, sur de Tucum\u00e1n, una localidad atravesada por la pobreza que, en 2017, sufri\u00f3 la inundaci\u00f3n m\u00e1s devastadora de su historia. Pero antes de que llegara el agua, a Cristina ya le faltaba casi todo.<\/p>\n<p>\u201cEra como cuidar un tesoro\u201d, dice Cristina. \u201cNoche de desvelo, mirando si respiraba, si no respiraba\u201d. Sin recursos, sin avi\u00f3n sanitario, sin atenci\u00f3n especializada cerca, viajaba 50 kil\u00f3metros tres veces por semana para que la atendieran. A veces, sin tener qu\u00e9 comer, con la ni\u00f1a en brazos, golpeando puertas, rogando por un estudio. Cuando por fin le confirmaron el viaje en el avi\u00f3n sanitario, ya era tarde, Mar\u00eda Gabriela mor\u00eda en sus brazos.<\/p>\n<div class=\"subscription\" readability=\"6.683257918552\">\n<p> Esto no les gusta a los autoritarios <\/p>\n<div class=\"subscription__container\" readability=\"6.1467391304348\">\n<div class=\"subscription__text-wrapper\" readability=\"31.20652173913\">\n<p> El ejercicio del periodismo profesional y cr\u00edtico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los due\u00f1os de la verdad. <\/p>\n<\/p><\/div><\/div><\/div>\n<p>\u201cSe re\u00eda a carcajadas mirando los juegos\u201d, recuerda. \u201cMe dijo que se le daba vuelta todo, y yo pens\u00e9 que era una broma. Pero cuando vi su boquita morada, sal\u00ed corriendo. Grit\u00e9, ped\u00ed ayuda, pero en el camino se me desplom\u00f3. Me dijo \u2018mam\u00e1\u2019, y fue la \u00faltima vez\u201d. <\/p>\n<p>Cristina cuenta la historia con l\u00e1grimas, con pausas. No es solo una historia de p\u00e9rdida y dolor. Es el origen de su lucha.<\/p>\n<p>En 2016, Cristina volvi\u00f3 a escuchar la misma frase. Esta vez, en boca de un m\u00e9dico: su segunda hija, Valentina, ten\u00eda los mismos s\u00edntomas que su hermana fallecida. Otra vez el coraz\u00f3n. Otra vez la amenaza de muerte s\u00fabita. Otra vez el miedo.<\/p>\n<p>\u201cMe arrodill\u00e9. Le ped\u00ed al delegado del pueblo que me ayudara para viajar\u201d. La respuesta fue brutal: \u201cYo no tengo la culpa de que usted haya perdido una hija\u201d. Cristina sali\u00f3 hecha pedazos. Insult\u00f3, llor\u00f3. Luego vendi\u00f3 su cocina, su heladera, lo poco que ten\u00eda. Junt\u00f3 para el pasaje y se fue. \u201cNo me importaba si ten\u00edamos para comer o no, solo me importaba llegar al hospital Garrahan\u201d. <\/p>\n<p>Ese viaje fue el primero de muchos. Valentina ten\u00eda 8 a\u00f1os. La atendieron. Le hicieron estudios. Le pusieron un monitor implantable. No era candidata a trasplante, pero s\u00ed a cirug\u00edas complejas. Hoy ya lleva tres. Y est\u00e1 esperando la cuarta. Tiene 15 a\u00f1os y un coraz\u00f3n que vive bajo control constante. \u201cTengo mucho miedo\u201d, dice su madre. \u201cMuch\u00edsimo miedo\u201d. <\/p>\n<p>Valentina ama bailar. Pero tambi\u00e9n le gusta el f\u00fatbol. Se recibi\u00f3 de bailarina de danza \u00e1rabe. Aunque ahora ya no puede bailar como antes. Su pap\u00e1 muri\u00f3 hace un a\u00f1o y medio. Cristina la acompa\u00f1a en todo. \u201cNosotras no nos separamos nunca\u201d, dice. \u201cSolo ahora, que estoy sola en Buenos Aires esperando que me firmen los papeles para que le den el nuevo aparato\u201d. <\/p>\n<p>Mientras espera, hace videollamadas con la escuela. Busca changas para sobrevivir. Duerme donde puede. Las ayudas no alcanzan. La burocracia avanza m\u00e1s lenta que la enfermedad. \u201cVendimos todo. Nos quedamos con una cama y una mesita de luz. Pero si tengo que volver a hacerlo, lo har\u00eda\u201d. <\/p>\n<p>Cristina dice que el Garrahan le salv\u00f3 la vida a su hija. Lo repite con convicci\u00f3n, como quien agradece sin deber nada. Porque el Garrahan no es caridad. Es el resultado de un sue\u00f1o colectivo: construir en el centro del pa\u00eds un hospital capaz de atender a los ni\u00f1os que nacieron lejos de todo, donde la salud todav\u00eda es un privilegio.<\/p>\n<p>Cada a\u00f1o, miles de familias del interior llegan a ese edificio de ladrillos rojos en Parque Patricios con diagn\u00f3sticos que en sus provincias no podr\u00edan tratar. No hay otro lugar as\u00ed. Ni en Tucum\u00e1n, ni en Santiago del Estero, ni en La Rioja. En el Garrahan se hacen trasplantes, estudios de alta complejidad, seguimientos con equipos interdisciplinarios. Se atiende por derecho, no por billetera. Es, quiz\u00e1s, una de las pocas formas reales de federalismo en la Argentina. Pero hoy esa estructura tiembla. <\/p>\n<p>Desde principios de 2025, el hospital enfrenta una reducci\u00f3n real del presupuesto. Las transferencias del Estado nacional cayeron un 7,2% en los primeros cinco meses del a\u00f1o. <\/p>\n<p>M\u00e9dicos, t\u00e9cnicos y residentes sostienen el funcionamiento en medio de paros, recortes salariales y falta de insumos. Denuncian que la ca\u00edda salarial llega al 53%. Y que los salarios ya no alcanzan ni para cubrir la canasta b\u00e1sica. Mientras tanto, Cristina camina de oficina en oficina, buscando una firma que le autorice el nuevo monitor para su hija.<\/p>\n<p>\u201cHoy llegu\u00e9 y hab\u00eda nuevamente un paro, y no s\u00e9 qu\u00e9 hacer. Solo quiero que me ayuden a conseguir el aparato para mi hija\u201d, cont\u00f3 con su rostro cansado, pero con la esperanza a flor de piel. <\/p>\n<p>La escena es brutal en su contradicci\u00f3n: una madre que vendi\u00f3 todo para llegar al \u00fanico lugar que puede salvar a su hija, y un sistema p\u00fablico que, en lugar de recibirla con fuerza, se sostiene como puede. <\/p>\n<p>Un pa\u00eds que no deje solos a sus hijos. En la Argentina profunda, donde los caminos se vuelven barro y los hospitales est\u00e1n a horas de distancia, las madres y padres saben que hay un lugar al que pueden llegar si todo falla: el Garrahan. No es solo un hospital, es una frontera entre la vida y la muerte que el pa\u00eds, como sociedad, decidi\u00f3 no abandonar. Por eso importa tanto. Por eso duele tanto cuando se lo desfinancia. <\/p>\n<p>Cristina no busca compasi\u00f3n. Busca justicia. Como ella, miles de familias viajan desde los cuatro puntos cardinales con la esperanza de que sus hijos reciban lo que en sus provincias no pueden: una oportunidad. El Garrahan es eso. Una estructura hecha de m\u00e9dicos que trabajan con lo justo, de enfermeras que sostienen turnos eternos, de cient\u00edficos que investigan sin presupuesto, de trabajadores que eligen quedarse cuando todo les dice que se vayan. <\/p>\n<p>No hay federalismo posible sin un sistema de salud que abrace a los que m\u00e1s lo necesitan. Y no hay salud p\u00fablica fuerte sin un Estado que cuide a quienes la hacen posible. <\/p>\n<p>Reconocer el valor de ese hospital es tambi\u00e9n reconocer que esos m\u00e9dicos merecen salarios dignos, estabilidad y respeto. Porque el coraz\u00f3n de un pa\u00eds no late solo en sus ciudades grandes. Late en la vida que se salva, aunque haya nacido lejos. Late en el Garrahan, todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>*Documentalista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces, la vida empieza con un viaje. No con el primer llanto ni con el primer paso, sino con el primer colectivo que hay que tomar para salvarla. 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