{"id":15309,"date":"2021-06-26T01:01:00","date_gmt":"2021-06-26T01:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/somoscordobeses.com\/2021\/06\/25\/mundos-intimos-soy-guionista-y-escritora-cuando-me-quede-sin-trabajo-pasee-perros-les-cuento-que-aprendi-de-los-animales\/"},"modified":"2021-06-26T01:01:00","modified_gmt":"2021-06-26T01:01:00","slug":"mundos-intimos-soy-guionista-y-escritora-cuando-me-quede-sin-trabajo-pasee-perros-les-cuento-que-aprendi-de-los-animales","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/cordobainforma.info\/index.php\/2021\/06\/26\/mundos-intimos-soy-guionista-y-escritora-cuando-me-quede-sin-trabajo-pasee-perros-les-cuento-que-aprendi-de-los-animales\/","title":{"rendered":"Mundos \u00edntimos. Soy guionista y escritora. Cuando me qued\u00e9 sin trabajo, pase\u00e9 perros: les cuento qu\u00e9 aprend\u00ed de los animales."},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Me hab\u00eda mudado por primera vez a un departamento del que estaba enamorada. El alquiler era un poco m\u00e1s caro que el de los anteriores pero me estaba yendo bien como guionista y poder acceder a una porci\u00f3n de cielo desde mi balc\u00f3n lo val\u00eda todo. Pocos meses despu\u00e9s me qued\u00e9 sin trabajo y esas paredes que hab\u00eda pintado yo misma me empezaron a tragar. Ese balc\u00f3n dej\u00f3 de ser un refugio, se convirti\u00f3 en una gota de agua sobre la frente que repet\u00eda la pregunta: \u00bfc\u00f3mo me vas a pagar?<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que ten\u00eda claro era que quer\u00eda escribir. Antes yo no sab\u00eda que se pod\u00eda pagar el alquiler y ser feliz al mismo tiempo hasta que empec\u00e9 a trabajar de guionista. <strong>Disfrutaba incluso de escribir de lo que no me interesaba<\/strong>. Me daba placer el vac\u00edo de una p\u00e1gina en blanco, sufrir hasta que las ideas empezaban a zumbar y la cabeza se me convert\u00eda en un panal de abejas. Despu\u00e9s era cuesti\u00f3n de armar el rompecabezas sobre la hoja.<\/p>\n<div>\n<div>\n<figure> <\/figure><figcaption>\n<p>Con Panchi. Si bien encargarse de los perros parece sencillo, no lo es tanto. Tener a diez animalitos tirando juntos de sus correas, puede resultar ca\u00f3tico, dice Agustina Zabaljauregui. <\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>El tiempo para m\u00ed dej\u00f3 de ser horas y se convirti\u00f3 en cantidad de veces diarias en las que entraba al mail. Esperaba la respuesta de, aunque sea, uno de las decenas de correos que mand\u00e9 con mi curriculum adjunto. Hice de cuenta que conoc\u00eda a gente s\u00f3lo para nombrarla y captar la atenci\u00f3n de alguien que pod\u00eda darme trabajo, llegu\u00e9 a fingir que era experta en temas de los que nunca hab\u00eda escuchado hablar. Fui a entrevistas con la convicci\u00f3n de un talib\u00e1n. Sal\u00eda de cada una esperanzada, diciendo: esta es, tiene que ser. Fantaseaba sobre c\u00f3mo ser\u00eda mi vida en esos trabajos. Los colectivos que tendr\u00eda que tomarme para llegar y volver, c\u00f3mo organizar\u00eda mis otras actividades alrededor y qu\u00e9 me comprar\u00eda con el primer sueldo. Pero la llamada nunca llegaba y el coraz\u00f3n se te va endureciendo a fuerza de rechazos. Te dec\u00eds que no sos vos, que es el otro, que es la coyuntura, la suerte. Pero muy adentro ten\u00e9s un eco que te retumba en la cabeza y te dice que no sos suficiente, que no serv\u00eds, que no te quieren.<\/p>\n<p>Era hora de abandonar la idea de conseguir un trabajo de lo m\u00edo pero pensar en encerrarme en una oficina todo el d\u00eda me llenaba de tristeza. Mi familia y amigos recurrieron a intervenciones, como las que se le hace a un adicto para que busque ayuda. Me dec\u00edan que tal vez era por un tiempo y que despu\u00e9s pod\u00eda volver a ganar plata de lo m\u00edo, que era hora de hacer como el resto. <strong>Yo s\u00e9 que la mayor\u00eda de la gente no trabaja de lo que le gusta pero me resultaba imposible resignarme<\/strong>. Lloraba con la idea de que mi d\u00eda fuera de otro, de gente que vive en la cima de una pir\u00e1mide sostenida por el tiempo del resto. Ya lo hab\u00eda hecho, atend\u00ed tel\u00e9fonos, fui empleada administrativa y vendedora. Ahora quer\u00eda escribir, para eso hab\u00eda estudiado y era lo que mejor hac\u00eda. Pens\u00e9 en qu\u00e9 otra cosa me hac\u00eda feliz a parte de contar historias.<\/p>\n<div>\n<div>\n<figure> <\/figure><figcaption>\n<p>Con Patricio. Ac\u00e1, Agustina Zabaljauregui y uno de sus perros un d\u00eda que los invitaron a la televisi\u00f3n. El rating, parece, los acompa\u00f1\u00f3. <\/p>\n<\/figcaption><\/div>\n<\/div>\n<p>De chica cada vez que sent\u00eda miedo o tristeza buscaba refugio en mis perros. La necesidad de sentirme a salvo me llev\u00f3 a ellos otra vez. Una amiga me dijo que conoc\u00eda a alguien que ten\u00eda dos perras adorables pero que le estaban destrozando el departamento. Ellas fueron mis primeras clientas, Vita, una mestiza cachorra con la energ\u00eda de un toro en celo y Phoebe, una pata corta mezcla con pincher due\u00f1a de una personalidad avasallante y el temple de un barrabrava. Enseguida se sum\u00f3 Magui, una se\u00f1ora b\u00f3xer llena de canas que odiaba ser molestada en sus siestas al sol en el canil. As\u00ed se fueron sumando, hasta que fuimos diez perros y yo recorriendo las calles porte\u00f1as.<\/p>\n<p>Al principio fue un caos, las correas se me enredaban, los tirones me daban dolores de espalda, los tendones de las manos me lat\u00edan como un coraz\u00f3n aparte. Me las proteg\u00eda con mis viejas vendas de boxeo y <strong>al volver a casa ten\u00eda que ponerlas en una palangana con agua helada<\/strong>. Igual me despertaba con los pu\u00f1os apretados como si hubiera sujetado las correas mientras dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando uno trabaja con la cabeza se olvida del cuerpo y los perros me recordaban que ten\u00eda uno a fuerza de raspones y dolores en m\u00fasculos que no sab\u00eda que exist\u00edan. Pero de a poco nos fuimos acomodando. Aunque siempre que se sumaba uno nuevo, hab\u00eda que volver a ajustar la sinton\u00eda igual que en los televisores viejos.<\/p>\n<p>La manada funciona como una Gestalt, como un solo ser viviente que respira y se mueve al mismo comp\u00e1s.<\/p>\n<p>A su vez est\u00e1n todos conectados por una especie de corriente el\u00e9ctrica. Si uno se enoja, el resto tambi\u00e9n. Una vez discut\u00ed en el canil con un se\u00f1or. Ten\u00eda un pobre caniche vestido de punta en blanco y al que siempre llevaba a upa. Ambos ten\u00edan mucho miedo, m\u00e1s el se\u00f1or que el perro.<\/p>\n<p>El chiquito a veces se animaba y sociabilizaba. Ese d\u00eda se acerc\u00f3 a un miembro de mi manada. Patricio, un peloduro s\u00edmil Jack Russell que estaba muy acostumbrado a jugar con perros grandes, embisti\u00f3 al caniche como un Scania provocando un llanto desgarrador. El se\u00f1or se me vino al humo. Primero ped\u00ed disculpas, despu\u00e9s quise explicar que Patricio s\u00f3lo quer\u00eda jugar y que su perro solamente se hab\u00eda asustado. Como la furia del hombre segu\u00eda escalando me termin\u00e9 subiendo a su tren.<strong> Le grit\u00e9 de todo, incluso cuando ya se estaba convirtiendo en una silueta que se alejaba de la plaza<\/strong>. A mi alrededor la manada estaba sacada, ladraban sin parar y se estaban empezando a pelear entre ellos. Algo \u00e1spero hab\u00eda quedado dando vueltas en el aire. Me sent\u00e9 en el piso y respir\u00e9. Cuando logr\u00e9 calmarme, tambi\u00e9n se calmaron ellos. Ah\u00ed me di cuenta que yo tambi\u00e9n era parte, los perros y yo est\u00e1bamos unidos por la misma corriente el\u00e9ctrica.<\/p>\n<p>Algo que aprend\u00ed de los perros es que cada uno tiene su personalidad. M\u00e1s all\u00e1 de los aspectos que les vienen por su raza y su entorno, todos los perros son muy diferentes entre s\u00ed. Igual que nosotros est\u00e1n definidos por sus gustos, sus deseos y sus miedos. Vita, por ejemplo, no parec\u00eda temerle a nada. Siempre se acercaba a todo con entusiasmo y a veces se ganaba tarascones y mostradas de dientes por parte de muchos perros que reci\u00e9n la conoc\u00edan. Pero un d\u00eda nos encontramos con aquello que le daba p\u00e1nico. Fue caminando por Rivadavia, se qued\u00f3 dura con los ojos desorbitados. Entonces lo vi, era un vendedor de plumeros. A medida que \u00e9l avanzaba hacia nosotros Vita llorisqueaba y se hac\u00eda una bolita entre mis pies. Sus compa\u00f1eros empezaron a ladrarle sin control a ese pobre vendedor que no entend\u00eda por qu\u00e9 una decena de perros lo marcaban como una amenaza.<\/p>\n<p>Nos empezamos a encontrar seguido con \u00e9l y Vita siempre ten\u00eda la misma reacci\u00f3n, se desvanec\u00eda como una diva de Hollywood. Trat\u00e9 de verlo con sus ojos, me imaginaba que para ella era una especie de hombre p\u00e1jaro que la amenazaba revoleando plumas a su paso. <strong>Pero eso probablemente era m\u00e1s una fantas\u00eda m\u00eda que de ella. <\/strong>Lo que hicimos fue cambiar de ruta para evitar el encuentro desagradable entre Vita y el monstruo de las plumas.<\/p>\n<p>Trabajando con perros entend\u00ed m\u00e1s a la gente. Me di cuenta de que estamos hechos de agujeros que tapamos de distintas maneras. Para muchos un perro es el parche perfecto. Hab\u00eda una se\u00f1ora que llevaba a la plaza a su Pocho, un cusquito muy viejo al que vest\u00eda con distintos enteritos, siempre combinando la ropa con el color de la correa. Una vez sentadas en un banco me dijo que el Pocho entend\u00eda todo. Lo que ella sent\u00eda y dec\u00eda. Todo.<\/p>\n<p>-Mir\u00e1 c\u00f3mo me mira cuando le digo: Te llev\u00e9 nueve meses en mi panza, Pochito.<\/p>\n<p>A la se\u00f1ora se le hab\u00eda muerto un hijo. Creo que no necesitamos hablar el mismo idioma. El perro nos contiene igual, aunque no comprenda la dimensi\u00f3n de nuestras tragedias.<\/p>\n<p><strong>Tambi\u00e9n conoc\u00ed un paseador que hab\u00eda estado preso, nunca vi a alguien que conectara tanto con su manada<\/strong>. Eran casi veinte, todos se hab\u00edan mandado una, como \u00e9l dec\u00eda. Sus perros ten\u00edan un prontuario: hab\u00edan mordido a alguien y ning\u00fan otro paseador los aceptaba. A algunos, ni siquiera sus due\u00f1os, y \u00e9l los adoptaba. Uno de ellos, \u00e9l m\u00e1s agresivo y capo di tutti, era un salchicha. No se pod\u00eda pasar cerca porque tiraba tarascones al aire con la furia de un rottweiler. \u00c9l lo ataba a veces, cuando se pon\u00eda malo con el resto. Lloraba suplicante hasta que iba a desatarlo y en ese momento le gru\u00f1\u00eda furioso. Pero este paseador lo entend\u00eda. Sus antiguos due\u00f1os pensaron en sacrificarlo pero \u00e9l se lo qued\u00f3.<\/p>\n<p>-Miralo, tiene la cola como una antena de wi-fi. Va perdiendo falanges en cada pelea. -me dec\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed enumeraba el prontuario de cada uno de sus clientes, lo que le hab\u00edan hecho a otros paseadores, a sus due\u00f1os o a perros de su propia manada. \u00c9l los aceptaba a todos como los perros hacen con nosotros. Ninguno juzga si nos hacemos los dormidos en el colectivo cuando sube una embarazada, si no llamamos a la abuela lo suficiente, si <em>ghosteamos a une chongue<\/em> cuando ya no nos gusta. Ellos nos quieren igual.<\/p>\n<p>Yo no era tan buena paseadora como \u00e9l, ni como la mayor\u00eda, yo estaba hecha para mimar a los perros, para entender sus necesidades y llenarlas. As\u00ed naci\u00f3 Pet Poppins, un emprendimiento que ofrec\u00eda b\u00e1sicamente malcriar mascotas cuando sus humanos se iban de viaje. <strong>Me mudaba a las casas de mis clientes y me dedicaba enteramente a ellos<\/strong>. Los paseaba todas las veces que me lo pidieran, les compraba los juguetes que m\u00e1s les gustaran y si los due\u00f1os me dejaban, dorm\u00edan conmigo en la cama.<\/p>\n<p>Al principio me sent\u00eda rara en casas que no eran la m\u00eda. Me costaba hacerme un espacio en un territorio ajeno, pero los perros siempre fueron un hogar para m\u00ed. Todo se constru\u00eda desde ah\u00ed, un paseo donde tom\u00e1bamos confianza y despu\u00e9s el resto se armaba alrededor. Llenar sus platos y el m\u00edo, comer en silencio. Ver una pel\u00edcula en el sill\u00f3n o leer con una mano sobre sus lomos peludos. Encontrar mi rutina en la de ellos.<\/p>\n<p>Con todos tuve momentos \u00fanicos. Esos de todos los d\u00edas, paseos pisando charcos, tirar ramitas al aire, verlos correr con otros perros, escucharlos roncar o descubrir sus formas infinitas de pedir comida o caricias.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n viv\u00ed momentos fuera de lo com\u00fan. Termin\u00e9 yendo con Patricio a un estudio de televisi\u00f3n para hablar sobre Pet Poppins. El programa se llamaba \u201cTardes Nuestras\u201d y estaba conducido por Robertito Funes Ugarte y Nicole Neumann. A mi estrella le pagu\u00e9 con golosinas para perro y una gallina de pl\u00e1stico que destroz\u00f3 antes de salir en c\u00e1mara. <strong>Los dos est\u00e1bamos muy nerviosos, \u00e9l no ten\u00eda que esconderlo tanto como yo<\/strong>. Pero lo superamos, yo pude pasar mi red social y \u00e9l no levant\u00f3 la pata sobre los conductores ni sobre la escenograf\u00eda.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente fuimos con la manada al parque, yo sin el maquillaje de la tarde anterior y con mi jogging lleno de barro y Patricio con la pelambre despeinada, corriendo palomas como si nada hubiera sucedido. Porque los perros viven el presente, esa es una ense\u00f1anza muy valiosa cuando todo a tu alrededor est\u00e1 temblando al borde del colapso. En cada paseo, est\u00e1s en pie. El aire entra y sale, las piernas se acalambran, las manos se tensan, duelen pero segu\u00eds ah\u00ed. Ma\u00f1ana es una palabra enorme, pesada. En esos momentos el cuerpo se cansaba como nunca y le daba espacio a la cabeza para que pudiera dejar de pensar. Ese tintineo de patas y correas, jadeos, colas agit\u00e1ndose en el aire y mis pasos entre los suyos era todo lo que hab\u00eda. Durante todo ese tiempo escrib\u00ed. Descubr\u00ed otras formas de contar historias, gan\u00e9 dos concursos y termin\u00e9 un libro de cuentos.<\/p>\n<p>Hoy doy clases en el taller literario \u201cEl Cuaderno Azul\u201d y me encanta. Ahora que nos encontramos por zoom cada tanto escucho un ladrido en el fondo de alguna ventanita y me pongo nost\u00e1lgica. Entonces les cuento a mis alumnos sobre esa tormenta que casi me deja sin techo y c\u00f3mo sobreviv\u00ed caminando con el viento en la cara, a salvo en el abrazo de mi manada.<br \/>\u2014\u2014\u2014\u2014-<\/p>\n<p><strong><em>Agustina Zabaljauregui Tracey.<\/em><\/strong> <em>Es guionista, periodista, escritora y docente en el taller literario El Cuaderno Azul. Gan\u00f3 el segundo premio del Concurso Mujica Lainez 2018 y una menci\u00f3n y publicaci\u00f3n del certamen Una Brecha. En 2020 termin\u00f3 su primer libro de cuentos \u201cLa hora de las ratas\u201d que se editar\u00e1 el a\u00f1o pr\u00f3ximo. A Agustina le gusta leer hasta quedarse dormida con el libro en pecho, maratonear pel\u00edculas en festivales de cine o en su sill\u00f3n hasta que le arden los ojos y cantar en recitales o en la cancha hasta que le duele la garganta. No cree en Dios pero s\u00ed en el poder de la empat\u00eda, la solidaridad y los amigos de dos y cuatro patas.<\/em><\/p>\n<div>\n<h2>TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n<nav class=\"navigation post-navigation\" role=\"navigation\" aria-label=\"Continue Reading\">\n<h2 class=\"screen-reader-text\">Continue Reading<\/h2>\n<\/nav>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me hab\u00eda mudado por primera vez a un departamento del que estaba enamorada. El alquiler era un poco m\u00e1s caro que el de los anteriores pero me estaba yendo bien como guionista y poder acceder a una porci\u00f3n de cielo desde mi balc\u00f3n lo val\u00eda todo. 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