

Con el reloj corriendo y la arena cayendo cada vez más rápido de cara al Superclásico, el mazo de cartas de Rodolfo Arruabarrena ya está casi por completo sobre la mesa. Boca logró consolidar un funcionamiento que resulta confiable, amparado en un once que prácticamente sale de memoria. Sin embargo, el Vasco se guarda un lugar para la especulación en el ataque: Sebastián Villa o Alan Velasco. Una vacante que trasciende el dilema táctico para transformarse en un duelo interno cargado de valor simbólico y personal, donde ambos se encuentran ante la oportunidad de saldar cuentas pendientes.
Para el colombiano se trata de volver a disputar un Superclásico después de más de tres años (el último fue el 7 de mayo de 2023, cuando River ganó 1-0 con el agónico penal de Miguel Borja en el Monumental por la Liga Profesional). Pero el trasfondo de su retorno cuenta con un peso mayor. Cada vez que del otro lado asoma River, en el ambiente sobrevuela el recuerdo de principios de año, cuando aún en Independiente Rivadavia se mostró predispuesto a cruzarse de vereda: “Me gustaría jugar en River. Yo quiero seguir creciendo. Si me llama Gallardo, me voy ya mismo”, llegó a afirmar, rematando con que lo de Boca ya era “pasado”.
Hoy, de regreso, busca un gol de esos que curan heridas. Pese a sumar seis asistencias y un tanto en el semestre, el delantero necesita un impacto fuerte que le dé oxígeno y restablezca la conexión con el hincha, con quien todavía no volvió a festejar en La Bombonera.
El dato alentador para el colombiano es que River le sienta bien: lo enfrentó 13 veces, le ganó cinco, empató cinco, perdió tres y le convirtió cuatro goles (tres como Xeneize y uno con Independiente Rivadavia). El detalle es que dos de esos gritos fueron en Brandsen 805, pero a puertas cerradas por la pandemia. Sabe lastimarlo al Millonario, pero le falta esa postal capaz de firmar la paz definitiva.
Del otro lado, Velasco arrastra su propia mochila. Tras dejar atrás un desgarro en el aductor y volver a la titularidad frente a Independiente, el pelea por ese lugar sabiendo que todavía necesita un espaldarazo que le permita dar, por fin, un paso hacia delante en La Bombonera.
El atenuante es pesado: de los siete goles que convirtió desde su llegada, seis fueron de visitante y uno en cancha neutral (por Copa Argentina vs. Sarmiento). Todavía no logró gritar de local, donde parece flotar el fantasma de aquel penal fallado ante Alianza Lima, acaso la imagen que más marcó su ciclo hasta el momento, pese a que su rendimiento fue de menor a mayor con duelos interesantes.
En el estricto plano táctico, aquel en el que realmente piensa Arruabarrena, la decisión que tome moldeará el equipo. Con Miguel Merentiel y Leonel Flores adelante, elegir a Villa afianzaría un 4-3-3 diseñado para explotar su velocidad y obligar a tomar recaudos defensivos a laterales ofensivos como Gonzalo Montiel y Marcos Acuña.
Si, por el contrario, opta por Velasco —titular en todos los partidos a disposición desde la lesión de Tomás Aranda, salvo en aquel duelo ante Vasco da Gama donde el técnico apeló a los extremos— el equipo formaría con el ex Dallas más retrasado. La táctica tiene su lógica, pero la última ficha de este once de memoria pondrá en cancha a un protagonista con hambre de desquite.







