Patricia Martín

España es uno de los países en los que más festivales de música se celebran. Cada año se celebran más de 1.000 festivales repartidos por todo el país, una oferta difícil de abarcar incluso para los más festivaleros y que, inevitablemente, hace que algunos carteles terminen pareciéndose demasiado entre sí. Encontrar una propuesta que se salga de esa fórmula y que vuelva a poner la música —y el placer de descubrirla— en el centro no es tan sencillo, y este fin de semana, en Formentera, he tenido la suerte de conocer uno que cumple con todo esto.

Se llama SON Estrella Galicia Posidonia y lleva diez años planteando una manera diferente de entender un festival. La primera edición se celebró en 2017 con una idea que entonces ya resultaba poco habitual y que hoy continúa siendo su principal seña de identidad: el cartel es secreto y no se descubre hasta llegar a la isla. El concepto nació como una experiencia que unía música, gastronomía y naturaleza en Formentera, pero también como una invitación a acercarse a los conciertos sin saber de antemano quién estará sobre el escenario.

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De primeras puede parecer una locura comprar una entrada para un festival sin saber qué artistas vas a ver, pero precisamente ahí está la gracia. El público que cada año decide apostar por el SON Estrella Galicia Posidonia, decide apostar por la música en sí misma. Sabe que va a encontrarse con propuestas que quizá conoce y otras que probablemente no, y está dispuesto a dejarse sorprender.

El formato también es un plus. Solo 350 personas comparten la experiencia, una cifra que permite algo que cada vez resulta más difícil en los grandes festivales: ver a los artistas realmente cerca. Aquí no hay pantallas gigantes que te obliguen a mirar al artista a través de ellas ni grandes distancias entre el escenario y el público. Estás a pocos metros de la banda, ves sus gestos, sus caras y cómo viven el concierto, y eso hace que la experiencia sea mucho más cercana y personal.

El plan B del festival

La primera jornada estaba reservada para Hinds y León Benavente, pero la previsión meteorológica tenía otros planes. Una alerta naranja por tormentas obligó a la organización a reorganizar el programa. Después de llegar hasta Formentera y tener por delante un fin de semana de música, que el tiempo obligara a cambiar los conciertos era, de primeras, una faena. Pero lo que podía haber sido un problema acabó convirtiéndose en una de las mejores cosas que podían pasarle a esta edición. La organización trabajó a contrarreloj para que la experiencia estuviera a la altura de lo que Posidonia promete. Los horarios y los escenarios cambiaron y Hinds, que eran uno de los nombres más esperados de la primera jornada, terminaron ofreciendo un DJ set. Nos quedamos con ganas de verlas tocar y cantar, eso sí, pero la noche todavía guardaba una sorpresa.


SON Estrella Galicia Posidonia


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León Benavente acabó en un escenario mucho más pequeño e íntimo de lo que estaba previsto. Y fue allí donde ocurrió uno de esos conciertos que hacen que un festival se recuerde mucho tiempo después. Sin pantallas, sin grandes distancias y prácticamente rodeados por el público, el grupo convirtió el directo en algo parecido a un Tiny Desk, pero en Formentera y con una energía difícil de explicar. La cercanía hizo que cada canción se viviera de otra manera y que la conexión entre la banda y quienes estábamos delante fuese inmediata. La energía fue creciendo hasta el punto de que Abraham Boba terminó cantando la última canción metido completamente entre el público. Para mí, fue el mejor concierto del fin de semana y, probablemente, uno de los conciertos más especiales que he visto.

Nuevos descubrimientos musicales

El segundo día volvió a poner a prueba precisamente una de las ideas sobre las que se construye Posidonia: la de llegar sin expectativas. Entre los nombres que descubrimos estaban Jungle By Night, la banda neerlandesa que mezcla afrobeat, funk, jazz y psicodelia en directos especialmente bailables, y Pongo, la artista angoleña que llevó al festival su mezcla de kuduro, electrónica y ritmos africanos.

Son dos ejemplos perfectos de lo que significa el cartel secreto. Probablemente muchos de los que estábamos allí no habíamos comprado la entrada pensando específicamente en verlos. Algunos ni siquiera los conocíamos. Y, sin embargo, terminamos bailando frente a ellos. También hubo tiempo para descubrir otras propuestas del cartel, como TootArd, Gigi Girls, Cora Novoa, Raoul Vignal y Ombligo, además de los DJs locales Marco Holtman, Flow da Low y Will Be Franco. Una programación que mezcla nombres que ya habían pasado por Posidonia con otros que llegaban por primera vez al festival y que, de alguna manera, resume su filosofía: recuperar artistas que forman parte de su historia y, al mismo tiempo, seguir dejando espacio para el descubrimiento.


SON Estrella Galicia Posidonia


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Y esta es una de las mayores virtudes de Posidonia. En un festival convencional, muchas veces llegas con una lista mental de los conciertos que quieres ver y el resto queda en segundo plano. Aquí sucede lo contrario. Como no sabes quién estará en el escenario, la sorpresa forma parte del programa. Y cuando un grupo que no conocías consigue engancharte, la sensación es distinta. No has ido a verlo: lo has encontrado.

Otra forma diferente de vivir un festival

A la música se suma todo lo que ocurre alrededor. Posidonia reúne durante tres días conciertos, gastronomía, cerveza y naturaleza en distintos espacios de Formentera, con una escala que permite vivir el festival de una manera mucho más tranquila que en las grandes citas musicales. Son solo 350 personas y esa cifra se nota: en los conciertos, en los desplazamientos y en la facilidad para encontrarte con los mismos asistentes una y otra vez. También se nota en la relación con la isla. Durante estos diez años, más de 140 empresas y agentes locales y más de 30 restaurantes y chefs de Formentera han participado en el proyecto, convirtiendo el vínculo con el territorio en una parte más de la experiencia.


SON Estrella Galicia Posidonia


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La sostenibilidad es otro de los pilares del festival. Este año llega después de conseguir por tercer año consecutivo la certificación TRUE Zero Waste Platinum, el máximo reconocimiento de Green Business Certification Inc. (GBCI). En su última edición alcanzó una tasa de desviación de residuos del 99,3 %, gracias a medidas como la eliminación de materiales de un solo uso, el uso de envases y menaje reutilizables, la separación de residuos o la donación de excedentes alimentarios.

Diez años después, SON Estrella Galicia Posidonia sigue siendo un festival pequeño y eso es lo que le hace especial. No intenta competir con los grandes carteles ni con las cifras de asistentes. Su propuesta es otra: reunir a un grupo reducido de personas que quieren escuchar música, descubrir artistas y dejarse sorprender durante unos días.

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