Han pasado seis años desde que Phoebe Bridgers publicó Punisher, pero parece que la espera ha merecido la pena. Desde entonces, la cantante ha formado parte del grupo Boygenius junto a Julien Baker y Lucy Dacus, ha colaborado con algunos de los nombres más importantes de la música y ha tenido tiempo de vivir —y convertir en canciones— unas cuantas cosas. Este era, por tanto, uno de esos discos que llegaban con las expectativas especialmente altas. Y Bridgers las ha cumplico con creces: nos regala un álbum que tiene todo lo que nos gustaba de ella, pero con una evolución y una apuesta nueva clara.
Bridgers sigue siendo reconocible en cada canción, manteniendo esa manera tan particular de cantar hasta sus letras llenas de ironía, tristeza y detalles cotidianos, pero hay algo más ambicioso en la forma de construirlas. Es un álbum más rico, más expansivo y con una producción que se atreve a llevar sus canciones hacia lugares que hasta ahora había explorado mucho menos.
Un sonido más experimental
Con tan solo escuchar la primera canción del disco queda claro que Lost Weekend no pretende ser una continuación de Punisher. La primera canción, The Outside arranca con la voz de Bridgers pasada por un vocoder, un recurso que la aleja de esa intimidad a la que nos tiene acostumbrados y que funciona como declaración de intenciones. La guitarra acústica aparece y desaparece entre capas ambientales, mientras la voz procesada le da a la canción un sonido más frío, muy diferente al de sus trabajos anteriores.
Y no es una excepción. Una de las grandes diferencias de este disco está precisamente en cómo Bridgers utiliza la producción como una parte más de la narración. Si en sus discos anteriores la guitarra y la voz solían llevar buena parte del peso emocional, aquí los arreglos tienen mucho más protagonismo. Hay sintetizadores, guitarras eléctricas y acústicas, pedal steel, banjo, mandolina, trompeta, cuerdas, voces procesadas y sonidos ambientales que convierten algunas canciones en pequeños paisajes sonoros.
El disco mantiene, eso sí, una de las características que mejor definen a Bridgers: esa forma de construir canciones en las que la melodía parece sencilla hasta que empiezas a fijarte en todo lo que sucede alrededor. La guitarra acústica continúa siendo el punto de partida en muchas de ellas, pero ahora queda rodeada de capas que hacen que cada escucha revele algo nuevo. Es un sonido más elaborado, pero no necesariamente más grandilocuente. De hecho, Lost Weekend ha sido descrito como su trabajo más cohesionado.
Uno de los mejores ejemplos es Panorama. Durante más de un minuto, la canción deja que una base ambiental y pulsante avance junto a una guitarra antes de que aparezca la voz de Bridgers. Es una forma de introducir al oyente en la canción que habría sido difícil imaginar en Stranger in the Alps, una producción más detallista, pero que sigue dejando espacio para que la voz y las letras sean el centro.
También hay una mayor variedad instrumental que en sus trabajos anteriores. Las guitarras siguen siendo la columna vertebral de muchas canciones, pero ahora conviven con pedal steel, banjo, mandolina, sintetizadores, cuerdas y diferentes capas de voces. En lugar de utilizar estos elementos únicamente como acompañamiento, Bridgers juega con ellos para cambiar el ritmo y la textura de las canciones.
Y entre todos esos sonidos también hay voces que quizá no esperábamos encontrar. Cameron Winter, vocalista de Geese, participa en varias canciones del álbum, aunque aparece acreditado bajo el nombre de Son-John Johnson. Su voz se incorpora al universo de Bridgers sin resultar especialmente evidente a primera escucha, pero aporta una textura diferente en algunos de los momentos más experimentales del disco. Es una colaboración más dentro de una lista en la que también aparecen nombres como Lucy Dacus, Julien Baker, Alex G o Jack Antonoff, y que ayuda a entender la amplitud que Bridgers ha querido darle a este nuevo álbum.
Letras llenas de indirectas
Pero Phoebe Bridgers sigue siendo una artista que destaca, sobre todo, por sus letras. Y en Lost Weekend vuelve a hacer lo que mejor sabe: convertir experiencias personales en canciones lo suficientemente concretas como para que queramos saber de quién habla, pero lo bastante ambiguas como para que nunca tengamos todas las respuestas. En este disco hay duelo, familia, amor, rupturas y nuevas etapas, pero también pequeñas frases que han hecho que sus seguidores vuelvan a ponerse en modo detective.
Y pocas canciones han generado tantas teorías como Lost Weekend, la que da nombre al álbum. En ella, Bridgers canta: «Se suponía que debía estar casada, pero lo cancelé». La frase parece hacer referencia a una relación que estaba destinada a terminar en boda y que finalmente fue ella quien decidió romper. Y aquí es donde inevitablemente aparece un nombre: Paul Mescal.
Paul Mescal y Phoebe Bridgers
GETTY IMAGES
Bridgers y el actor irlandés comenzaron su relación en 2020, después de que él apareciera en Normal People, y durante los años que estuvieron juntos se convirtieron en una de las parejas favoritas de internet. Nunca llegaron a confirmar públicamente un compromiso, aunque durante un tiempo circularon rumores de que podían haber dado ese paso. La relación terminó en 2022 y ninguno de los dos explicó públicamente los motivos de la ruptura.
Ahora, cuatro años después, esa frase parece aportar una pequeña pieza a aquella historia. Si Lost Weekend habla realmente de Mescal —algo que Bridgers nunca ha confirmado—, la letra apuntaría a que fue ella quien decidió poner fin a la relación. No es una declaración oficial ni una confesión, pero teniendo en cuenta el contexto, resulta difícil no pensar en él cuando la escuchas.
¿Es Gracie Abrams la chica de ‘The Governor’s Waltz’?
Y si Lost Weekend ha hecho que volvamos a mirar hacia Paul Mescal, en The Governor’s Waltz aparecen inevitablemente nuevos personajes dentro de esta historia. En la canción, Bridgers canta: «Y ella puede fingir que es como yo / desde que ocupó mi lugar, en mi cama, sobre ese escenario», antes de añadir: «Ser yo misma no fue fácil / hazlo por mí» . La teoría que circula es que esa «ella» podría ser Gracie Abrams, actual pareja de Paul Mescal.
El actor y la cantante comenzaron a ser relacionados sentimentalmente en 2024, después de la ruptura de Mescal con Bridgers, y desde entonces su relación ha hecho que internet vuelva inevitablemente a comparar a Abrams con la anterior pareja del actor. La teoría gana fuerza porque ambas son cantautoras del mismo estilo y, además, Abrams ha reconocido en varias ocasiones la influencia de Bridgers en su música. Así que cuando Phoebe canta sobre otra mujer que ha «tomado su lugar», las cuentas parecen hacerse solas.
Pero aquí toca separar el salseo de los hechos: Phoebe Bridgers no ha confirmado que el tema hable de Gracie Abrams, ni que la canción tenga relación con Paul Mescal. Es una teoría de internet que encaja sospechosamente bien con las circunstancias, pero sigue siendo una teoría. Y quizá lo más interesante de la letra esté precisamente en «Ser yo misma no fue fácil»: más que una simple indirecta, también puede leerse como una canción sobre sentirse reemplazada y sobre lo difícil que es volver a reconocerse después de una relación.
Después de todo este supuesto ajuste de cuentas, Bobby cambia por completo el tono del álbum La canción está interpretada como una referencia a Bo Burnham, pareja actual de Bridgers, cuyo nombre real es Robert Pickering Burnham y que además colabora en el disco. Aquí cambia el tono: frente a las canciones que parecen mirar a relaciones pasadas, Bobby habla de enamoramiento y complicidad, pero sin perder el humor y la vulnerabilidad habituales de Bridgers.
Y ahí está la clave de Lost Weekend: podemos pasar horas intentando averiguar quién se esconde detrás de cada verso, pero el disco va mucho más allá del salseo. Phoebe sigue escribiendo sobre el amor, las rupturas y el duelo, pero desde un lugar diferente. Ha cambiado ella y también su música, y quizá esa sea la mejor noticia de este regreso.












