Sandra Hernández

La diástasis abdominal es una separación de los rectos abdominales que puede aparecer durante el embarazo y persistir después del parto. Teresa Vázquez de Castro, profesora de pilates y responsable de Educación y Producto de Club Pilates España, aclara desde el principio cómo enfocarla: «No debería abordarse solo desde la estética o desde la idea de cerrar el abdomen cuanto antes, sino desde la recuperación de la función: respirar mejor, activar la musculatura profunda, estabilizar la pelvis y moverse con seguridad». A partir de los 45 también puede hacerse más evidente: la pérdida de tono, los cambios hormonales y la disminución de masa muscular hacen que la pared abdominal tenga menos recursos para gestionar la presión.

Antes de empezar a trabajar con pilates, Vázquez de Castro es clara sobre el papel de los profesionales del movimiento: «Lo primero es asegurarnos de que la persona cuenta con el visto bueno de su médico o fisioterapeuta, especialmente si viene de un posparto reciente, ha tenido una cesárea, tiene molestias abdominales o sospecha que puede tener diástasis«. En Club Pilates no diagnostican. Lo que sí pueden hacer es observar cómo respira la alumna, cómo se coloca y cómo responde su abdomen al esfuerzo.

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Esas señales son concretas. «Si aparece abombamiento en la línea media, dolor, presión pélvica, escapes de orina, sensación de pesadez o dificultad clara para activar el abdomen profundo, lo prudente es recomendar una valoración con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico antes de continuar o intensificar el trabajo«, señala Vázquez de Castro. Detectar esas señales a tiempo evita que el trabajo de pilates agrave una situación que necesita otro tipo de abordaje.

La primera fase del trabajo se centra en recuperar la conexión entre respiración, suelo pélvico y musculatura profunda del abdomen, especialmente el transv erso. «Trabajamos mucho la respiración, la activación suave del core profundo, la estabilidad lumbo-pélvica, la movilidad controlada y ejercicios en los que la alumna pueda mantener el abdomen organizado sin generar presión excesiva», explica Vázquez de Castro. En máquinas como el Reformer, las resistencias se pueden ajustar y adaptar mejor al momento de cada persona.

Qué ejercicios conviene evitar

Los abdominales tradicionales, los crunches, las incorporaciones rápidas desde tumbada, las planchas muy exigentes o los ejercicios con mucha carga no son adecuados en las primeras fases. «No se trata de demonizar ejercicios, sino de entender si ese cuerpo está preparado para hacerlos en ese momento«, aclara Vázquez de Castro. La señal más clara de que un ejercicio no es el adecuado es que durante su ejecución aparezca abombamiento en la línea media, presión hacia abajo, dolor o pérdida de control.


Clase de pilates de Teresa Vázquez Castro en Club Pilates España.


D.R.


La progresión parte siempre de lo más básico: respiración, conciencia corporal, activación del transverso y conexión suave con el suelo pélvico. Después se incorporan ejercicios de estabilidad lumbo-pélvica, movilidad de columna y pelvis, y trabajo de brazos y piernas manteniendo el abdomen estable. La resistencia y la complejidad aumentan solo cuando el cuerpo demuestra que puede sostener el trabajo sin compensaciones. «La progresión no significa necesariamente llegar a ejercicios avanzados, sino encontrar el nivel en el que ese cuerpo trabaja mejor, con seguridad y sin compensaciones«, señala Vázquez de Castro.

Cuándo y cuánto se notan los cambios

Los tiempos son muy variables. Dependen del grado de diástasis, de los embarazos o partos previos, del estado físico, de si hay síntomas de suelo pélvico, de la constancia y de si se combina con fisioterapia cuando es necesario. «Con una práctica constante, muchas alumnas empiezan a notar mejoras en semanas: más conexión, más control, menos sensación de debilidad y mejor postura«, señala Vázquez de Castro. Recuperar por completo la fuerza y la confianza en la zona abdominal puede requerir varios meses.

¿Puede el pilates cerrar realmente la diástasis? «Hay que ser prudentes con la palabra cerrar», advierte Vázquez de Castro. «En algunos casos la separación puede reducirse, pero el objetivo principal no debería ser solo medir centímetros, sino recuperar un abdomen funcional, capaz de gestionar la presión, estabilizar la pelvis y acompañar el movimiento sin compensaciones«. En diástasis importantes o con síntomas asociados, el trabajo de pilates debe ir de la mano de un fisioterapeuta o profesional sanitario.

No se avanza solo porque la alumna pueda hacer un ejercicio, sino porque puede hacerlo sin abombamiento abdominal, sin dolor, sin presión pélvica y sin perder la respiración. «El objetivo final no es hacer un ejercicio difícil, sino recuperar funcionalidad abdominal», resume Vázquez de Castro. Moverse mejor en el día a día es la señal de que el trabajo está funcionando.

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