Vaya por delante que Gala volvió loco a Dalí en términos amorosos porque, por lo demás, lo que hizo fue salvarle de una galopante locura. Él mismo lo dijo hasta la saciedad, declarándole una y mil veces su ‘amour fou’, esa expresión de amor desatado que dio título a una obra de André Breton clave para el surrealismo. «Amo a Gala más que a mi padre, más que a mi madre, más que a Picasso y más incluso que al dinero». O sea, infinitamente, habida cuenta de que el propio Breton, su archienemigo, le había bautizado sin miramientos y con razón Ávida Dollars.
A pesar de que el artista la colocó en el centro de su obra, convirtiéndola en una Leda atómica o en la Madonna de Portlligat, Elena Ivánovna Diákonova no fue una musa sin más. Intelectual, creativa o indómita son algunos de los epítetos que se le adjudican a esta mujer que primero fue esposa del poeta Paul Éluard. Coautora siempre. Sus huellas nos han trazado un nuevo Triángulo Daliniano, un Triángulo Galáctico, que diría Dalí, sacando de la terna su Figueras natal para meter Sant Martí Vell, que es donde está el santuario en el que el creador del método paranoico-crítico y la enigmática rusa se casaron. Todo ello sin salir de Girona.
Esta ruta nos llevará entonces hasta un rincón de Cadaqués; al nombrado Sant Martí, donde nos encontraremos con la modelo, granjera y diseñadora de joyas Elsa Peretti, y al castillo de Púbol, regalo del amante a la amada, que es donde, cual princesa medieval, está enterrada. Empezamos en una cala del cabo de Creus, el punto más oriental de la península ibérica, algo que entusiasmaba al pintor. Al norte del golfo de Rosas, donde soplan con fuerza el levante y la tramontana. En este lugar, naturalmente privilegiado, cuyas formas caprichosas alimentaron la imaginación daliniana (y la nuestra), se esconde del bullicio Portlligat.
Portlligat, el encuentro Gala-Dalí
Este pequeño pueblo es un paraíso mediterráneo. Apenas un conjunto de casas entre la frondosidad del verde, el azul del mar y las diminutas barcas ancladas en la bahía, una de cada color. No ha dejado, ni siquiera hoy, de ser un pueblo de pescadores. Y destacándose inevitablemente, al estar coronada por huevos y ser en sí misma preponderante, la Casa Salvador Dalí, donde vivió décadas como un payés, surrealista pero payés. Y pintó con el sol y la marina -casi un lago abrazado por dos islas- colándose por un magnífico ventanal y con un inestimable reloj blando yuxtaponiéndose.
Portlligat es tan bonito que parece de verdad.
TURISME CATALUNYA
Al hijo del notario le fascinó el lugar y adquirió una barraca de gentes de mar, que el inspirado matrimonio fue ampliando como «una verdadera estructura biológica» y acondicionando a su gusto. No deja de ser una construcción tradicional, decorada en parte a la vieja usanza, recurriendo al esparto y la cal, siendo al tiempo un reducto daliniano, con las excentricidades acostumbradas. Un oso, unos cisnes, un rinoceronte con alas… Y el tocador de Gala, siemprevivas por todas partes y la Sala Oval, su habitación propia. Todo tenía que ser, Dalí dixit, galáctico.
Sant Martí Vell, la boda
Portlligat es el escenario en el que Gala, acompañada por su entonces marido, Paul Éluard, poeta escorado hacia el surrealismo y padre de su única hija, Cécile, conoció a Dalí en el verano de 1929. En el grupo iban también René Magritte y Luis Buñuel. Un año más tarde, ya estaban haciendo vida en común y un lustro después contraían nupcias por lo civil en París. No pasaron por el altar según el rito católico hasta el 8 de agosto de 1958. Y lo hicieron en una ceremonia íntima en el santuario de la Mare de Déu dels Àngels, en Sant Martí Vell.
Este pueblo del Gironès fue testigo de la boda de Gala y Dalí.
AYUNTAMIENTO SANT MARTÍ VELL
Al santuario, levantado en el siglo XV, lo tenemos en el Puig Alt; es decir, en todo lo alto (484 m), así que con unas vistas sublimes sobre la región y los Pirineos. Por verse se ven hasta las islas Medas. Es probable que anteriormente hubiera un santuario pagano consagrado a la diosa Cibeles, llamada Gran Mare, algo que debió de entusiasmar a la pareja. Hoy es una hospedería. Al pueblo lo hallamos al norte del macizo de Gavarres, en la comarca del Gironès, lindando con el Bajo Ampurdán. Un pequeño núcleo urbano de origen medieval con calles empedradas, casas de piedra y una iglesia del siglo XVI en la que conviven armoniosamente los estilos románico, gótico y renacentista. En tiempos, debió de haber un castillo.
El santuario de los Ángeles en Sant Martí Vell.
BISBAT GIRONA
Sant Martí de Vell está como está gracias, en gran parte, a la florentina Elsa Peretti (1940-2021), diseñadora de joyas para Tiffany y modelo para Halston o Helmut Newton. Peretti compró una casa aquí en 1968 y la restauró. Al terminar, hizo lo mismo con otras de alrededor, iglesia incluida, de tal manera que para 2017 casi la mitad de Sant Martí estaba reconstruido, y conectado por galerías subterráneas. Lo llamó, muy en la línea de Dalí, «una casa expansiva». Hoy todo esto es patrimonio de su fundación. Alrededor, encinas, pinares y tierras de secano, y multitud de caminos para ir a pie a los pueblos vecinos: Madremanya o Monells.
Púbol, el castillo de regalo
Con Gala volvemos a 1969, que es la fecha en la que se convierte en la dama del castillo de Púbol gracias al regalo que le hace Dalí. Un castillo del siglo XI sometido a diferentes reformas a lo largo de los siglos, incluida la suya. A veces es gótico, a veces renacentista, siempre daliniano. Pacientemente esperaba el esposo a ser invitado por la esposa para acceder a estos dominios. Gala lo habitó entre 1971 y 1980, años de «nostalgia y recogimiento», especifican desde la Fundación Gala – Salvador Dalí.
Púbol es el pueblo medieval donde se alza el famoso castillo de Gala.
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El 10 de junio de 1982, Gala fallece en Portlligat y es trasladada en el Cadillac familiar al castillo, donde está enterrada. Tanto el Cadillac como el mausoleo forman parte de la visita, igual que los vestidos de alta costura, los elefantes patilargos del jardín, que podrían hermanarse con las arañas de Louise Bourgeois, y toda la parafernalia interior. Fue el último taller del pintor, que quiso terminar sus días entre estos museísticos muros. Le llegó la hora el 23 de enero de 1989.
Púbol es, como los dos anteriores, un pueblo muy pequeño, de aire inconfundiblemente rural, con su bohemia incorporada y con mucho encanto. Pertenece al municipio de La Pera, que está a un kilómetro escaso, y a la comarca del Bajo Ampurdán. Hay restos del recinto amurallado, casas de los siglos XVI-XVIII, una plaza Mayor con lavadero público y una iglesia gótica, la de Sant Pere de Púbol. A nada que se ande hacia el mediodía se llega al Mas d’en Llenes, masía con elementos fortificados.












