

«¿Cómo encontrar las palabras para expresar una emoción que supera tus sueños más descabellados?», dijo el domingo Lewis Hamilton, tratando de explicar lo que sentía por dentro tras conseguir en el Gran Premio de Barcelona-Catalunya su primera victoria con Ferrari en la Fórmula 1. «Mi corazón rebosa de alegría», agregó, dimensionando ese festejo que llegó en una carrera en la que ejecutó a la perfección su estrategia y aprovechó al máximo un auto que mostró velocidad genuina durante todo el fin de semana. Un triunfo que no solo tuvo un peso histórico enorme para la categoría; fue también una redención personal muy necesitada. Un triunfo sobre sus «demonios internos», que el heptacampeón, de 41 años, comenzó a construir mucho antes del inicio de este campeonato.
Cuando el Gran Circo le bajó el telón a su 2025 con Lando Norris en lo más alto y Hamilton en el sexto lugar, con 86 puntos menos que su compañero Charles Leclerc, nadie se animaba a afirmar con total seguridad que el británico volvería este año. Su primera temporada en la Scuderia había sido, en sus propias palabras, «una pesadilla». Y el piloto que le había regalado ocho años de dominio absoluto a Mercedes había llegado a decir que se sentía «un completo inútil» y que Ferrari debería despedirlo y buscarle un reemplazante.
«De verdad creí en mi decisión de unirme a Ferrari. De verdad creí en lo que podíamos lograr juntos. Todo empezó con mucha emoción y luego con muchas dudas y mucha negatividad. Después de un año como el pasado, sin duda hubo momentos en los que pensaba ‘Quizás sea cierto que cuando llegás a cierto punto, lo perdés’. Pero he demostrado que no es así. Siempre lo tenés, solo hay que esforzarse», comentó en medio de las celebraciones en el circuito catalán.
Y reconoció que las críticas que había recibido, mientras luchaba por encontrarle la vuelta a su nuevo equipo y a un auto que no se había desarrollado para él, le habían dolido mucho. «Solo soy humano y hubo momentos en los que dejé que me afectaran y me calaran hondo».
Golpeado y sin rumbo claro, Hamilton entendió que necesitaba un cambio. Durante el receso de fin de año se refugió en su círculo íntimo. Y se desconectó de las redes sociales, aunque se alimentó de mensajes positivos, como el de un tifosi que le dijo «No olvides quién sos».
Quién es Hamilton: uno de los mejores pilotos de todos los tiempos y el dueño de varios impresionantes récords en la historia de la F1. Es el que más Grandes Premios ganó, 106, 16 más que Michael Schumacher, que lo escolta en esa estadística. El que subió a más podios (206) y consiguió más poles (104). El que más puntos lleva acumulados en su trayectoria (5.133,5). Y uno de los máximos campeones, junto a Schumi, con siete títulos cada uno.
El que corrió 387 carreras (segundo en este rubro). El octavo más joven en ganar un GP y el séptimo más veterano en lograrlo. Y el segundo con más récords de vueltas en su palmarés (69).
Lejos del ojo público, Hamilton recordó quién era y, decidido a no rendirse, se enfocó en «resetearse» en todo sentido.
«Atravesé por una secuencia de desconexión de esa matriz. Pasé mucho tiempo con la familia, con amigos, con personas reales que me conocen, que nunca dudaron de mí, que han estado a mi lado toda mi vida. Ellos y mis fans realmente me rescataron», contó.
«El entrenamiento al que me sometí fue más duro de lo que jamás había experimentado para mantenerme en buena forma, porque creo que a principios del año pasado me lesioné acá y lo arrastré durante meses», explicó.
Y continuó: «Lo único que sé es que nunca hay que cuestionarse a uno mismo, nunca hay que dudar de uno mismo. Hay que seguir creyendo desde lo más profundo. Y esas son las cosas que pude volver a incorporar a mi mentalidad. He reconstruido mi mente hasta este punto, para volver a estar donde estaba».
Lewis volvió a estar en paz consigo mismo y cuando regresó a Maranello para la pretemporada varios integrantes de la escudería italiana vieron entrar a la fábrica a un hombre completamente distinto. Arriba de un auto que ayudó a construir de cero, volvió a ser competitivo. Y aunque necesitó siete carreras para volver a lo más alto del podio de un GP -fue tercero en China y segundo en Canadá y Mónaco-, finalmente logró la tan deseada primera victoria como piloto de la Scuderia, para cortar una sequía de 686 días. Casi un año y 11 meses, demasiado para un piloto que se había acostumbrado a ganar tanto como él.
Goosebumps 🇮🇹🎶 pic.twitter.com/1ls1KcWzHy
— Scuderia Ferrari HP (@ScuderiaFerrari) June 15, 2026
«Estar con ese traje rojo, de pie frente a ese increíble equipo cantando el himno nacional fue realmente hermoso. Ver la alegría en sus ojos y sentirla con ellos… casi me desmayo después de abrazarlos», contó.
El renacimiento de Hamilton es mérito cien por ciento de él, según Fred Vasseur, director de Ferrari. «(El responsable) Es Lewis. Fue capaz de volver tras un momento difícil para hacer un reinicio completo, para seguir viniendo a la fábrica el martes por la mañana. Este compromiso es un apoyo enorme viniendo de un campeón del mundo. También una enorme motivación para todos», comentó el ingeniero francés, quien fue el principal responsable de la llegada del británico al equipo.
La victoria en Barcelona, por delante de su excompañero George Russell y el vigente campeón Norris, y el abandono de Kimi Antonelli le permitieron a Hamilton achicar la distancia en el campeonato con el joven maravilla de Mercedes, que le lleva ahora 41 puntos. Y transformó al heptacampeón en candidato real al título. Aunque un solo resultado no alcanzó aún para encender su ilusión.
«Por como empezó el año, realmente no estuve pensando en el octavo título. Mercedes ha salido a la pista con un coche y un ritmo impresionantes, y ambos pilotos están haciendo un trabajo fantástico. Sabemos que tenemos un déficit de potencia. Habrá circuitos con rectas muy, muy largas donde eso lo hará aún más difícil. Pero tenemos un gran auto, en esencia, y si seguimos mejorando el rendimiento, quizá podamos reducir un poco ese déficit hasta acortar esa distancia en potencia», reflexionó.
Quiénes sí empezaron a preocuparse por la resurrección de Hamilton son sus rivales. Toto Wolff, su ex jefe en Mercedes y quizás la persona que mejor lo conoce en el paddock, afirmó: «Prefiero no luchar con él por el título porque sé de lo que es capaz. Si huele sangre, se lanza. Lo he visto muchas veces: de repente, el tren de Lewis Hamilton empieza a avanzar y luego es muy difícil detenerlo».








