La tan alocada como impensada carrera que protagonizan Lionel Messi y Cristiano Ronaldo por alcanzar los 1000 goles sumó este sábado un nuevo capítulo: el argentino llegó a los 905 gritos tras su doblete en la victoria de Inter Miami ante Colorado Rapids por 3-2 y achica distancia en la persecución del portugués, quien lidera la tabla histórica con 968 goles en 1.314 partidos.

El rosarino, de 38 años, volvió a ser decisivo en la MLS. Abrió el marcador a los 18 minutos del primer tiempo con un penal y, a los 33 del complemento, selló la victoria con una jugada individual que terminó con un zurdazo al ángulo.

Los dos tantos no solo le dieron el triunfo a su equipo, que acaba de quedarse sin Javier Mascherano como entrenador -fue reemplazado interinamente por otro argentino, Guillermo Hoyos- sino que también le permitieron seguir achicando la diferencia con el portugués.

Messi había superado recientemente la barrera de los 900 goles y mantiene un ritmo sostenido en la recta final de su carrera. Su producción se distribuye entre Barcelona (672), Paris Saint-Germain (32), Inter Miami (85) y la Selección Argentina (116), con la que este año, de no mediar una sorpresa mayúscula, defenderá el título ganado en el Mundial de Qatar 2022.

Cristiano Ronaldo, por su parte, encabeza el ranking con 968 conquistas y es, hasta el momento, quien más cerca se encuentra del objetivo de los cuatro dígitos, una marca inédita en el fútbol profesional. Tan inédita como los 905 de Leo y la cosecha actual del propio CR7.

El jugador franquicia de Al Nassr, que se encamina a la conquista de la liga de Arabia Saudita -este domingo visitará a Al Wasl-, lleva 30 conquistas en la actual temporada y también irá a Canadá, México y Estados Unidos 2026 para cumplir su sexta aparición y sumar más récords -es el único futbolista que marcó en cinco Mundiales diferentes y puede llegar a la media docena-.

La diferencia actual entre ambos se ubica en poco más de 60 goles, en una disputa que se mantiene abierta con los dos todavía en actividad y con la mira puesta en un récord que aún no tiene dueño.