Si me preguntan por mi aroma favorito, lo tengo claro: el olor a tomate. Sí, a tomate. O, mejor dicho, a tomatera. A sus hojas aterciopeladas, a sus frutos sabrosos. Este perfume me traslada de forma automática al campo, a los interminables días de verano, a las comidas al sol. Una delicia para los sentidos a la que tampoco pienso resistirme esta primavera-verano en mi terraza o jardín.
Como no podía ser de otra forma, esta obsesión por el olor a tomate me hace adorar también la vela roja de Loewe, la fragancia de hogar Tomato Leaves de G19 Pharmacy o el eau de parfum Vétiver Écarlate que creó Quentin Bisch para L’Artisan Parfumeur. Y, por eso, cada temporada planto tomateras en mi pequeño huerto doméstico.
Cultivo mis propios tomates en casa no solo para hacer las mejores ensaladas del mundo (real como la vida misma), sino porque desde que comienza la primavera, estos cuidados se convierten en un pequeño ritual cotidiano lleno de recompensas. Y es que el tomate, además de delicioso, saludable y con un aroma exquisito, es un fruto muy agradecido en cuanto a cuidados se refiere.
Y no penséis que tener un pequeño huerto doméstico nos obliga a tener un gran espacio exterior y elevados conocimientos en horticultura: una terraza soleada o un pequeño jardín son más que suficientes. Desde mi experiencia, basta con unas macetas o jardineras adecuadas y buena orientación para obtener resultados sorprendentes. Además, si eliges variedades diferentes (cherry, pera, kumato, azul) añadirás diversidad tanto estética como culinaria.
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Cuidados de las tomateras: cuándo, dónde y cómo plantarlos
El momento ideal para plantar tomates depende mucho del clima, pero en general en España la primavera es la estación clave, ya que las temperaturas nocturnas dejan de ser frías y el riesgo de heladas desaparece. ¿Mi truco para elegir el momento adecuado? Cuando llevamos unos cuantos días seguidos pudiendo cenar en la terraza sin chaqueta. Vale, no es un dato científico, pero creedme que funciona y es clave, porque adelantarse demasiado puede comprometer el desarrollo de la planta si nos pilla una helada inesperada.
El proceso de plantación es más sencillo de lo que parece, aunque conviene cuidar ciertos detalles. Es fundamental utilizar un sustrato rico en nutrientes («con lentejas», como dice siempre mi jardinero de confianza) y asegurar un buen drenaje para evitar encharcamientos. Es aconsejable enterrar parte del tallo, porque como el tomate desarrolla raíces adicionales, esto hace que crezca más fuerte. Además, es importante colocar tutores desde el principio para garantizar un crecimiento ordenado de cada mata.
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En cuanto a los cuidados, el riego es probablemente el aspecto más delicado a la hora de mimar tus tomateras. Los tomates necesitan humedad constante, pero sin excesos, así que necesitamos un aporte de agua moderado-alto, pero regular y haciéndolo siempre directamente el sustrato para evitar mojar las hojas y que estas puedan enfermar.
Como buenos protagonistas de la dieta mediterránea, los tomates necesitan temperaturas templadas y adoran la luz. Cuanto más sol reciban, mejor será la producción (lo ideal es que sean entre 6 y 8 horas al día). El mayor problema con el que te puedes encontrar a la hora de cultivar las tomateras es encontrar esa ubicación privilegiada, que puede llegar a ser un quebradero de cabeza, no os voy a engañar. Y aquí va una confesión: en mi primera casa, reorganicé todo el balcón para poder plantar tomateras y nunca conseguí que salieran adelante.
Por último, y más allá de su valor productivo o su olor maravilloso, el tomate tiene un enorme potencial ornamental. Sus hojas verdes intensas, sus flores amarillas y el color vibrante de sus frutos van a convertirse en protagonistas inesperados de tu terraza o jardín. Personalmente, me encanta combinarlos con hierbas aromáticas como la menta o la albahaca y con flores de mil colores como los pensamientos, que además de muy fáciles de cuidar, también son comestibles.












