El Método Lagree lleva años en las rutinas de celebrities y deportistas de élite, pero en España todavía hay quien lo confunde con Pilates. No lo es, aunque comparten máquina y filosofía de movimiento. Nilou y Mehrazin, fundadoras de Repeat, un espacio en Barcelona que une ambas disciplinas bajo el mismo techo, explican qué hay detrás de ese atractivo y por qué cada vez más personas lo eligen como entrenamiento principal.
El método se practica sobre el Megaformer, una máquina que a primera vista puede intimidar un poco. Nada de saltos ni impactos: los movimientos son lentos, muy controlados, y el músculo permanece en tensión de forma continua durante toda la sesión. Esa tensión sostenida es precisamente lo que lo distingue y lo que hace que al terminar la clase se note en sitios del cuerpo que otros entrenamientos no suelen alcanzar.
Quien llega al Lagree habiendo practicado Pilates antes encuentra similitudes en la filosofía, pero diferencias claras en la intensidad. El Megaformer genera una resistencia constante que eleva la exigencia metabólica del entrenamiento. Los músculos trabajan durante más tiempo y de forma más profunda, lo que se traduce en una mayor demanda de fuerza y resistencia. No es más de lo mismo con otra máquina: es otro nivel de exigencia.
Los cambios que más mencionan quienes lo practican tienen que ver con cosas cotidianas: la postura al sentarse, la estabilidad al cargar peso, una sensación general de que el cuerpo responde mejor. Más allá de la tonificación visible, el Lagree trabaja la fuerza funcional y la alineación corporal, dos aspectos que se notan en el día a día antes incluso de que se vean en el espejo.
Su popularidad responde a algo muy práctico: ofrece resultados sin el desgaste articular que acompaña a los entrenamientos de alto impacto. Para alguien con una agenda apretada que no puede permitirse lesiones ni días de recuperación largos, esa combinación es difícil de ignorar. No es casualidad que haya encontrado su público entre quienes más cuidan y más exigen a su cuerpo.
¿Es apto para principiantes?
Una duda habitual entre quienes se plantean probarlo por primera vez es si están preparados para ello. Nilou y Mehrazin son claras: el método es apto para cualquier nivel. Cada movimiento puede modificarse según la condición física de cada persona, y los instructores acompañan desde la primera clase en la técnica, el ritmo y la alineación. Lo más habitual es que quien llega con dudas salga con ganas de repetir.
En cuanto a la frecuencia, dos o tres sesiones semanales son suficientes para empezar a notar cambios en fuerza, postura y tono muscular en pocas semanas. Quienes tienen objetivos más específicos pueden llegar a tres o cuatro sesiones, siempre que se cuide la recuperación y la alimentación. No hace falta entrenar todos los días para que el método funcione, algo que también agradece el cuerpo.
Lo que hace distinta la propuesta de Repeat es que no plantea una elección entre Pilates y Lagree. Ambas disciplinas comparten una misma manera de entender el movimiento: consciente, preciso y orientado a construir un cuerpo fuerte desde dentro. Pero cada una aporta algo diferente, y combinarlas de forma inteligente permite adaptarse mejor a lo que cada persona necesita en cada momento.
El Método Lagree no es el entrenamiento definitivo ni la solución para todo. Es una herramienta muy concreta, bien diseñada, que funciona cuando se practica con regularidad y con la técnica adecuada. Que haya llegado para quedarse lo demuestra el hecho de que quienes lo prueban raramente vuelven a buscarlo en Google: simplemente siguen yendo.












