Una historia generacional contemporánea sobre los conflictos que enfrentan jóvenes en sus veintes y treintas, profundizando en temas como la ambición, la incertidumbre sobre el futuro, las adicciones y las diversas formas de vivir la sexualidad. Esta es la premisa de Amor Animal (2026), la nueva serie argentina que se estrenó el 20 de marzo en Prime Video y se posicionó entre los contenidos más vistos de la plataforma de streaming a nivel mundial.

Dentro de la ficción audiovisual creada por Sebastián Ortega, escrita por Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada, y dirigida por Paula Hernández, Guillermo Rocamora y Pablo Fendrik, se destaca un ecléctico elenco de actores y actrices. Entre ellos, aparecen Tatu Glikman, detrás de Kaia, y Santiago Achaga, al frente de Santos. Ambos artistas dialogaron con EscribiendoCine sobre sus experiencias en el proyecto.

A lo largo del relato, en cada episodio, buceamos en las luces y las sombras de cada personaje. ¿Cómo trabajaron alrededor de las contradicciones de Kaia y Santos?

Tatu Glikman: Es interesante eso porque en la vida real lo re sabemos de cada uno. Con Kaia creo que fue más atravesar el no poder vivir un proceso de crecer en la música como un placer, sino en estar concentrada en que no la metan en cana por un crimen. De repente, me acuerdo una escena particular, cuando ella está en el cuartito haciendo el rap con el streamer, dice que fueron días intensos y se ve que está recordando el crimen. Eso fue interesante, el paralelismo de estar creciendo con su carrera mientras le crecía el monstruo mental, la culpa, y también saber que se defendió.

Santiago Achaga: Creo que lo que hace rico a un personaje son sus contradicciones, eso lo hace real. Nadie es totalmente bueno ni totalmente malo, estamos todo el tiempo intentando hacer las mejores cosas que podemos, con los recursos que tenemos.

En el caso de Santos, específicamente, es una persona que tiene buenas intenciones, pero que está extremadamente lastimado. Tiene muy poco acompañamiento de parte de su familia, está básicamente solo. Si bien está preocupado por tener a sus amigos, y acarrea con la responsabilidad de cuidar al resto, se siente solo. Tal vez, si tuviera mejores herramientas emocionales, intentaría resolver los problemas de otra manera.

Respecto a un proceso presente en cada proyecto, y en este caso aplicado a “Amor animal”. ¿Con qué recursos contaban ustedes previamente al rodaje, es decir, con los que fueron a grabar? Asimismo, ¿qué descubrieron en la instancia de filmación?

T.G: Creo que en set se arma mucho el personaje. Nosotros tuvimos unos periodos largos de ensayo, yo particularmente de ensayo actoral y musical, de sesiones de estudio, coreografía. No tuve una referencia neta de basarme en tal trapera. Entonces, fuimos encontrando la voz de Kaia. Tuve una coach vocal, tenía las “S” muy marcadas y eso me lo sacaron. También se pensó mucho el recorrido de Kaia en el sentido de que arranca desde abajo grabando sus temas en un placard con un micrófono de dos pesos, y termina grabándolos en el mejor estudio de Miami; que las primeras canciones fueran cantadas con una calidad vocal y de producción musical diferente a la del final,

Por otro lado, Kaia todo el tiempo está concentrada en su carrera musical, y cuando está Nico pendiente se le va un poco la mirada, el cuerpo. Con Franquito (Masini) es algo que nos dimos cuenta desde el primer capítulo. Ellos no tienen muchos momentos de paz y de enamoramiento. El caos es total, y ellos siguen encontrándose en la mirada, en el cuerpo. Eso es algo que sucedió en set, no tanto en ensayo.

S.A: Todo personaje lo vas descubriendo a medida que vas adquiriendo información y que vas trabajando. En un principio, llegás al primer casting y te dan una descripción breve de un personaje, una escena sin contexto, y vos te aventuras a crearte un mundo. En mi cabeza tenía muy claro que esto iba para Underground, sabiendo que Sebastián Ortega era el creador y que da mucha importancia a los personajes. No tuve miedo de imaginarme lo que podía ser Santos, y eso me ayudó, de alguna forma, en el casting. Obviamente, vas avanzando. Llegó el período de quedar, de leer los guiones, y empecé a ver que en cada episodio sucedían cosas más intensas. Él es un pibe que no tiene miedo a ir para adelante, o que tiene miedo pero lo va a esconder y es capaz de cualquier cosa. Ahí se te empieza a llenar la cabeza de preguntas: “¿Cómo hago que este personaje esté anclado a la realidad?”. A final de cuentas, la gente lo tiene que creer y tiene que empatizar con él.

Ahí es cuando empiezo un trabajo con los directores, con los coachs, con el resto de mis compañeros de elenco, ensayando y probando. Entré en un proceso de búsqueda de Santos en el que me fui a lo más profundo que podía, desde tener una playlist para entender qué era lo que este pibe escuchaba, a cuál era la manera en la que él miraba, en la que él respondía, su tren de pensamiento que es muy distinto al mío, tiene como delirio de persecución. Ese tipo de cosas las vas planteando y probando antes, marcás un terreno y una línea en la que se va a mover el personaje. Luego, para mí, lo que tiene de hermoso actuar es que vos trabajás, trabajás, trabajás, y en el momento que estás ahí… ¡lo soltás! Una vez que estás con la cámara enfrente, es vivir lo que te esté pasando en ese momento. Hay algo que solo se puede generar cuando confías mucho en tu equipo, cuando tenés unos directores tan talentosos como los que tenemos nosotros, como el resto del elenco, y un showrunner como Sebastián.

En cada personaje dan cuerpo y alma… Durante unas semanas son esas personas ficticias en set. Si bien cada artista tiene su método, ¿cómo “salieron” de Kaia y de Santos, respectivamente?

T.G: No sé si tuvo que ver tanto con Kaia, sino con el proceso intenso de haber grabado cuatro meses en otro país y que mi única preocupación fuera: ¿Cómo camina Kaia? ¿Cómo canta Kaia? Recuerdo que yo vivía con mi mejor amiga y estábamos en los últimos meses de alquiler en un PH en Villa Urquiza, en Buenos Aires. Me iba a vivir cuatro meses a Uruguay, volvía y me quedaba un mes de alquiler. Entonces, me acuerdo estar grabando la escena en la que Kaia se muda a Miami y, paralelamente, estar reservando un nuevo departamento en Buenos Aires. Llegué, me mudé, embalé todo, ¡estás como disociado! Me costó mucho volver a la vida cotidiana. De hecho, fue un periodo donde tuve mucha ansiedad, algún que otro ataque de pánico. Me costó volver, sí.

S.A: Fueron meses muy intensos, incluyendo los ensayos. Se trata de personajes muy difíciles, quedás muy expuesto, si no lo entregas todo se nota. Yo soy una persona que empezó a actuar hace 10 años. Nunca hice un trabajo lineal de aprender a actuar de una forma y eso aplicarlo. Fui recibiendo información de proyectos en los que he trabajado, directores con los que he trabajado, actores con los que he trabajado, algún curso que he hecho, como que voy mezclando y agarrando de distintos lugares. Y obviamente está buenísimo y es súper necesario entrenar como actor, ya que, sino, te puede costar salir de este tipo de personajes.

Me tardé unos seis meses en estar de nuevo bien y un poco más estable, sentirme Santi más que Santos, sobre todo por el tren de pensamiento que tiene el personaje, que es lo que más se te arraiga. Si vos te repetís cosas en tu cabeza como “soy malo”, “estoy triste”, “todo es terrible”, “odio la vida”, sabés que esas energías se te empiezan a retroalimentar. Y Santos es un personaje que todo el tiempo está pensando en todo lo malo que le va a pasar. Entonces, el trabajo para salir de un personaje así no es fácil. Yo hago terapia hace seis años, por lo tanto, es apoyarte en tu red de contención, tus amigos, tu familia, tu terapeuta, acordarte que es un trabajo y poder empezar a soltarlo, de alguna forma, volver a estar en un momento de calma, darse un momento para uno, enfocarse en otra cosa. Por ejemplo, yo soy director, así que, automáticamente, cuando terminé Amor animal, me fui a dirigir un comercial a Los Ángeles. Eso me ayudó a distraerme un poco y a empezar a soltar este proyecto que para mí fue tan importante.