El Parque Natural Arribes del Duero esconde uno de los secretos mejor guardados de la provincia de Zamora. Fermoselle, conocida como «el balcón del Duero», se ubica en un entorno natural privilegiado y ha sabido preservar la herencia del paso del tiempo, materializada en calles empedradas y edificios de gran valor histórico que le ha llevado a obtener la distinción de Conjunto Artístico, Histórico, Cultural y Arquitectónico.
Aunque los inicios de Fermoselle se remonten a los asentamientos de época prerromana, y conserve parte del patrimonio construido por los romanos, como la Calzada de Zamora, su momento de máximo esplendor fue durante la Edad Media. Basta con echar un vistazo a la organización urbanística, al trazado de sus calles o a los orígenes de sus construcciones más emblemáticas para dar cuenta de ello.
Pero Fermoselle no solo presume de valor histórico por lo que se ve, también por los personajes que pasaron por aquí y por las leyendas que se han transmitido de generación en generación. Fue aquí donde nació el poeta Juan de la Encina o donde se refugió Doña Urraca cuando el Papa Alejandro III anuló su matrimonio con el rey Fernando II por motivos de parentesco.
Este rincón zamorano muy próximo a la frontera con Portugal forma parte de esos destinos rurales que han defendido con éxito su legado e identidad y que tampoco han sido víctimas de un turismo masificado, por lo que asegura una estancia tranquila y agradable. Además, las vacaciones de Semana Santa son un momento ideal para acercarse a conocerla, no solo por todo lo que tiene que ofrecer el pueblo en sí, sino por su forma de vivir estas fechas tan especiales que son, en sí, un atractivo que enriquece la escapada.
Y es que la Semana Santa en Fermoselle es el origen de una de sus leyendas más populares y, cuanto menos, curiosa. Según cuenta la tradición, un Viernes Santo una cigüeña robó la Sábana Santa que colgaba de la Cruz situada en el calvario, frente al cementerio, un gesto reservado para los sacerdotes como símbolo de lo conmemorado ese día. Ante tal atrevimiento del ave, el Arcipreste de la villa tomó la decisión de excomulgar a todas las cigüeñas de la localidad, y desde ese momento (aunque poco a poco vuelven a dejarse ver tímidamente) ninguna cigüeña ha vuelto a anidar en Fermoselle.
Ayuntamiento de Fermoselle, Zamora
Fermoselle
Los lugares con más encanto de Fermoselle
El lugar más especial de un pueblo siempre es su Plaza Mayor y la de Fermoselle hace honor a esta fama. Con estructura tradicional, arcos y granito, esta plaza está coronada por el edificio del ayuntamiento, que durante el mes de agosto se convierte en el testigo principal de la celebración de las fiestas de San Agustín, cuando la Plaza Mayor se convierte en escenario de corridas de toros y diversos espectáculos.
Otro de los edificios más relevantes de Fermoselle es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la joya románica de la localidad. Fue construida entre los siglos XII y XIII y aún conserva restos de la época original, aunque ha sufrido modificaciones en épocas posteriores. Destaca por su torre de campanario de cinco cuerpo o sus portadas, con una decoración a base de motivos florales y antropomórficos de lo más especial.
El convento de San Francisco forma parte del conjunto de edificios religiosos románicos que enriquecen el patrimonio de la región. Sus orígenes se remontan al siglo XII, cuando nació como iglesia de San Juan Bautista. Posteriormente, pasó a convertise en ermita y en el siglo XVI, en hospital. No fue hasta el siglo XVIII cuando se convirtió en parte del convento de frailes franciscanos, que aunque le sometieron a transformaciones, preservaron algunos elementos del románico original.
Fermoselle, Zamora
Fermoselle
El que posiblmeente sea el principal emblema de este pueblo de Zamora es el conocido como Castillo de Doña Urraca, que recibe este nombre por ser el lugar que la monarca escogió para retirarse tras la anulación de su matrimonio. Pero la historia de este castillo va mucho más allá, ya que fue el último bastión de los Comuneros en Castilla y León. Tristemente, este castillo se encuentra actualmente en un estado ruinoso, conservando tan solo restos de lo que fue, aunque sigue siendo un lugar digno de visitar no solo por la historia que entraña, también por las vistas espectaculares que pueden disfrutarse desde allí.
Y es que, más allá de estos y otros enclaves históricos de gran valor, por lo que sobresale Fermoselle son por sus miradores que ofrecen preciosas vistas panorámicas del propio pueblo, del río Duero o de los Arribes. Entre los más populares están el mirador del Torojón, el del Terraplén o el de las Escaleras, que se encuentra en pleno espacio natural y desde el que se puede disfrutar de toda la belleza que desprende su paisaje.











