Las alfombras rojas que preceden las entregas de premios son el desfile más mediático y la próxima en demostrarlo será la de los Oscar, que celebran su 98ª edición este domingo en el mítico Dolby Theatre de Los Ángeles. Porque, al igual que el palmarés de la noche queda fijado en la memoria de los cinéfilos, los looks más espectaculares de las estrellas de cine pasan a la historia de la moda. Como el vestido más caro de la historia de los premios más relevantes del cine internacional, que más de una década después de que lo luciese una reconocida actriz, sigue siendo un referente de estilo y elegancia.
Fue en la ceremonia de 2013, con largometrajes como La vida de Pi, La noche más oscura, Los miserables o Django desencadenado, compitiendo por el premio a la mejor película, donde se pudo ver un vestido que tenía un valor estimado de 4 millones de dólares. La encargada de lucirlo fue Jennifer Lawrence, que acudía a la cita como nominada por segunda vez, en esta ocasión por su papel en El lado bueno de las cosas.
La alfombra roja de esa edición quedó para la historia gracias a la actriz de Kentucky, que también tuvo su momento de gloria durante la gala, ampliando la leyenda de su trayectoria y de su outfit. Aunque, por difícil que resulte de creer, el vestido que llevó en una de las noches más importantes de su carrera fue algo más improvisado de lo que cabría pensar.
Un look improvisado
Según contó la propia actriz, el vestido de alta costura de Christian Dior que lució aquella noche, se lo probó por primera vez horas antes de la ceremonia. Y como vio que le quedaba bien y le gustó, decidió que esa sería la prenda escogida. Nada de meditadas decisiones, horas frente al espejo y estilismos en los que se encaja todo como si fuese un delicado rompecabezas.
Jennifer Lawrence en los Globos de Oro en los que estaba nominada por su papel en El lado bueno de las coas y todavía no se había pasado a los tonos más claros del rosa.
GTres
Cualquiera de nosotras invertimos más tiempo en un look con menos relevancia informativa. Cierto es que, en aquella época, la intérprete conocida por su papel en la saga de Los juegos del hambre, llevaba un año siendo embajadora de la firma francesa, pero no deja de ser llamativo que lo suyo fuese cuestión de horas.
Diseñado por Raf Simons, este vestido de brocado de seda en rosa pálido, con cuerpo palabra de honor y falda voluminosa asombró a propios y extraños y sorprendió a aquellos que conocían el estilo de la actriz. Porque hasta dos semanas antes, cuando Lawrence acudió a la ceremonia de los BAFTA con un vestido en rosa pastel, su estilo estaba definido por tonos oscuros, como el negro, o llamativos, como el rojo, tal y como se pudo ver en los Globos de oro de ese mismo año.
Precioso vestido, maldito vestido
El precioso look de la actriz a la que este año hemos visto en Mátate, amor se completaba con unos pendientes de diamantes de Chopard, un clutch de Roger Vivier y su vistosa melena recogida en un moño suave y muy favorecedor. Su simpatía y su amplia sonrisa hicieron el resto y, al día siguiente, la intérprete fue una de las mejor vestidas de la noche para los medios especializados. Aunque la alfombra roja no fue el único momentazo de Lawrence en esa ceremonia de los Oscar.
Jennifer Lawrence a su llegada al Dolby Theatre de Los Ángeles la noche que logró un Oscar y conquistó con su estilismo.
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Y es que cuando llegó el momento de reconocer a las mejores actrices de 2013, una categoría en la que competía contra Naomi Watts y Jessica Chastain entre otras intérpretes, Jean Dujardin, el actor que presentaba el premio, pronunció su nombre. Tras besar a su compañero de reparto, Bradley Cooper, Lawrence se encaminó hacia el escenario y cuando ascendía las engorrosas escaleras, el vestido se enganchó y ella tropezó. Un momento incómodo que ella solventó con humor.
Las redes no tardaron en llenarse de mensajes como «si te caes en público que sea con un Dior» y, lejos de mofarse de la intérprete, aplaudieron su actitud y la elegancia y desparpajo con los que salió de una situación tan embarazosa emitida por televisión en todo el mundo. Así que vestida como una verdadera reina, Lawrence se comportó como tal y triunfó doblemente aquella noche de febrero de 2013.












