La comarca de l’Alt Maestrat, en Castellón, es uno de esos destinos donde naturaleza y siglos de historia se fusionan para conseguir uno de los rincones más especiales de la geografía española. Aunque presume de tener un encanto propio en cualquier época del año, es con la llegada de la primavera cuando alcanza su máximo esplendor, ya que tanto el clima como la floración de las especies que habitan la zona logran un entorno idílico que justifica con creces esta escapada al Levante.
De todos los pueblos que conforman l’Alt Maestrat, hay uno que merece una mención especial. Albocassèr encarna a la perfección la esencia y el encanto de esta comarca en sus calles con clara herencia medieval y en su paisaje marcado por las cuevas y abrigos rocosos con un peso crucial en la historia y el patrimonio de este rincón castellonense.
La historia de Albocàsser es milenaria, como lo atestigua una de las joyas artísticas más importantes de la Península Ibérica que se encuentra, precisamente, en este pueblo. En Albocàsser está el Parque Cultural Valltorta Gasulla, que acoge en sus formaciones rocosas las espectaculares manifestaciones del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo Peninsular, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Estas pinturas se encuentran en muy buen estado de conservación y es posible distinguir en ellas desde escenas de caza hasta figuras femeninas o de animales de la zona. Algunas de las más reconocidas son las pinturas del Cingle de L’Ermità, el Cingle del Mas d’En Salvadoro o la Cova Gran del Puntal, aunque cabe destacar especialmente el el Abric de Centelles, que cuenta con más de 300 pinturas con un tamaño superior al del resto de las manifestaciones artísticas.
Parque Cultural Valltorta Gasulla, Albocàsser
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La herencia medieval en Albocàsser
No obstante, aunque la etapa prehistórica sea de suma importancia en el ADN de Albocàsser, su esencia es principalmente medieval, como así lo demuestra el trazado de sus calles o muchos de los edificios históricos que constituyen su núcleo urbano. Aquí se encuentran los restos de la que fue una de las joyas arquitectónicas más importantes de la localidad, el castillo de Albocàsser, una fortaleza del siglo XIII vinculado a los templarios.
El castillo fue derribado en 1930 por órdenes del Ayuntamiento y en la actualidad solo se conservan algunos lienzos de sus murallas, integrados en otros edificios como viviendas que forman su casco urbano, y construcciones complementarias de no menos valor histórico y artístico. Una de esas construcciones es la Torre de la Fonteta, levantada en el siglo XVI con función defensiva y que se ubicaba en la antigua muralla del castillo.
Torre de la Fonteta, Albocàsser
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En la Plaza Mayor de Albocàsser se encuentra la iglesia parroquial de La Asunción, que fue construida en el siglo XVII sobre los restos de un antiguo templo gótico. Aunque este edifcio destaca por un marcado estilo barroco, en su interior se conservan vestigios del estilo original como el retablo gótico de la Virgen de la Esperanza, una de sus piezas artísticas de mayor valor que sobrevivió a los estragos de las Guerras Carlistas o la Guerra Civil.
Otro de los edificios religiosos más destacados de este pueblo de la comarca de l’Alt Maestrat es la Ermita de San Juan de Albocàsser, un pequeño templo gótico que, aunque en la actualidad se encuentre dentro de los límites del núcleo urbano del pueblo, en sus orígenes era un templo ubicado fuera de las murallas. Esta ermita, conocida también como la Ermita de los Santos Juanes por estar dedicada a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, destaca por su retablo donde cuenta las hazañas de estos dos santos y por su estilo arquitectónico propio de la época de la reconquista en la zona.
Ermita hospedería de San Pablo, Albocàsser
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No podemos hablar del patrimonio de Albocàsser sin hacer una mención especial a la ermita hospedería de San Pablo, que se encuentra a poco más de 3 kilómetros del centro de esta localidad y que fue declarada Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico-Artístico en 1983. Esta ermita data del siglo XVI y sus orígenes se vinculan a un milagro: según cuenta la tradición, San Pablo se apareció ataviado como un pastor ante unos tullidos a los que les dio de beber agua cenagosa, curándoles en el acto. A modo de agradecimiento al santo, se levantó esta ermita en su honor.
A la entrada de la ermita hospedería es posible encontrar un pozo que rememora el milagro, pero el simbolismo está presente en todo el conjunto, que merece la pena visitar con detenimiento para empaparse de todos los detalles que logran su grandeza. Quizás, la estancia más destacada sea la sala de reuniones por las pinturas murales monocromas que decoran sus techos y paredes. Estas pinturas estuvieron ocultas durante siglos bajo una capa de cal y representan tanto episodios de la vida de San Pablo como cuestiones alegóricas que suponen un deleite para la vista del visitante.












