La siempreviva es una de esas flores que siempre han estado presentes en mi vida. Por una cosa o por otra, siempre me han parecido las adecuadas. Son las que siempre llevo a mi padre. También las que nunca faltan en mi salón, porque no faltaban en el de mi abuela. Las que me regaló mi amiga Laura en un ramo que todavía conservo cuando nació mi hija. Y las que tengo en un rincón del jardín donde no consigo que ninguna otra planta salga adelante. Quizá ahí resida su encanto: su delicada apariencia esconde una resistencia extraordinaria.
Ese afán por perdurar de la siempreviva lo lleva impreso en el nombre, pero esta cualidad tan especial ha convertido a esta planta en símbolo de eternidad y memoria en numerosas culturas. Hablar de la siempreviva es hablar de belleza que perdura y en el universo de la decoración, su presencia es sinónimo de sensibilidad y carácter, de atemporalidad y elegancia.
Originaria de Australia, esta planta fue introducida en Europa en el siglo XIX, donde pronto conquistó jardines y salones y, aunque bajo el nombre común de siempreviva se agrupan varias especies, la más conocida es Helichrysum bracteatum, apreciada por sus pétalos de textura papirácea y vivos colores: malvas, rosas, magenta, amarillas…
Qué significa la siempreviva, una de las flores con más simbolismo
En la tradición mediterránea también encontramos variedades de siempreviva pertenecientes al género Sempervivum, cuyo nombre significa literalmente «vivir siempre». Estas pequeñas suculentas, que crecen en rosetas compactas, han sido siempre muy valoradas por su resistencia al frío, al viento y a la sequía, lo que las convirtió en símbolo de protección doméstica. Tanto es así que en muchas zonas se consideraban custodias del hogar y se plantaban en los tejados para alejar tormentas y malos espíritus.
PEXELS
Tal y como denota su nombre, el significado de esta flor está profundamente ligado a la idea de eternidad, recuerdo y amor imperecedero. Sin embargo, su simbolismo no es solo melancólico. También representa la resiliencia y la capacidad de adaptarse y florecer incluso en condiciones adversas.
Además, su capacidad para secarse sin perder su intensidad cromática ni su floración hace que sea una de las variedades favoritas para crear arreglos florales pensados para perdurar. En tiempos de cambio o incertidumbre, regalar siemprevivas lanza un mensaje claro de que «lo que sentimos, permanecerá».
Cuidados de la siempreviva para estar preciosa
Aunque prefiere los climas cálidos, muchas variedades de siemprevivas soportan temperaturas frías si están protegidas. Y es que, en general, se trata de una planta muy agradecida en cuanto a cuidados se refiere, ya que con atenciones básicas ofrece floraciones generosas y llenas de color. Una opción perfecta para quienes se inician en la jardinería y quieren resultados espectaculares sin mucho esfuerzo.
La siempreviva fresca necesita abundante luz y pleno sol para mantener sus colores intensos, aunque tolera semisombra en climas muy calurosos. En cuanto al riego, un aporte de agua moderado cada 7-10 días en verano será suficiente, siempre y cuando el sustrato se seque. En invierno, podemos reducir o eliminar el riego casi por completo.
Capaz de crecer en rocallas, grietas o macetas poco profundas, la siempreviva necesita suelos bien drenados: el exceso de agua es su mayor enemigo y no tolera el encharcamiento, ya que sus raíces se pudren con facilidad. Además, no necesita un abonado frecuente y una dosis ligera en primavera será más que suficiente.
Si se cultivan para secado, conviene cortar las flores antes de que estén completamente abiertas. Después, se deben colgar boca abajo en un lugar oscuro, seco y ventilado durante varias semanas. Este proceso natural (y mucho más sostenible que la flor cortada tradicional) permite que conserven su forma y su intensidad de color durante años, sin perder sus pétalos ni marchitarse.












