Quién no soñó alguna vez con viajar más allá del arcoíris, coger el camino de baldosas amarillas con Dorothy y sus zapatos rojos, llegar a la Ciudad Esmeralda y ver al Mago de Oz. El libro de Lyman Frank Baum de 1900, El maravilloso mago de Oz, nos enseñó la ruta de la fantasía, por la que luego transitamos gracias a la película de Victor Fleming (1939) (¿o fue al revés?), con una Judy Garland de protagonista que aún no hemos podido olvidar. Era un texto sagrado, casi un mito.
Ahora todo este mundo vuelve a nuestras vidas, pero sin Dorothy como protagonista; las importantes son las brujas, la Buena del Norte y la Malvada del Oeste, y en un tiempo anterior. El viaje lo propone el musical Wicked, que arrasa desde octubre en ell Teatro Alcalá, y da alas y mucho vuelo a la exitosa novela Wicked: Memorias de una bruja mala (1995), de Gregory Maguire, la primera de su serie The Wicked Years, el regreso a Oz pero con otros ojos. Miraban y ya no lo veían igual.
Y lo hace tras triunfar en Broadway y el West End. Eso sí, la producción española, en manos de ATG Entertainment, responsable de grandes éxitos como Billy Elliot, West Side Story, Chicago, Mamma Mia! o Grease, es nueva por completo, con diseños de escenografía, luces, decorados, arreglos musicales, coreografías y demás elementos originales. Del vestuario se puede decir que son más de 1.000 piezas; de los zapatos, que hay 150 pares; de las pelucas, que se cuentan más de 100, y de las máscaras, que llegan a 25. Así se alumbra la fábula. Todo a lo grande.
Una superproducción teatral para recrear el mundo de Oz.
DANIEL MEJÍAS
¿Más detalles curiosos? El 70% de los estampados han sido diseñados por el aclamado Antonio Belart, siempre entre bambalinas, en exclusiva. Los trajes lucen miles de cristales y adornos metálicos elaborados artesanalmente, se recalca. El mundo de Oz, tan asentado en nuestra imaginación, está recreado con 2.700 flores de led. Hay trucos de magia y vuelos en directo que han salido de las mentes de los más reputados ingenieros. El teatro se ha cubierto con 103 altavoces para que la inmersión sea total. La orquesta está compuesta de 10 músicos que interpretan hasta 60 instrumentos diferentes. Y así todo.
Sobre el escenario, dando vida a la historia, actores que ya son reinas y reyes del teatro musical, que vive su mejor momento en nuestro pasís. A saber, Cristina Picos como Elphaba, Cristina Llorente como Glinda y Javier Ibarz como Mago de Oz. También Lydia Fairén como Nessarose, Xabier Nogales como Fiyero, Guadalupe Lancho como Madame Morrible, Esteban Oliver como Dr. Dillamond y Neiza Martín como Boq, sin olvidar al resto del elenco. La adaptación y la dirección corren a cargo de David Serrano y lo musical es por cuenta de Joan Miquel Pérez, mientras que las coreografías son de Mikel Karrera.
El éxito de El Mago de Oz y sus secuelas
Wicked se estrenó en 2003 en Broadway y desde entonces no ha dejado de estar en la cúspide. En la meca de los musicales ha hecho historia, ocupando el cuarto puesto en la listas de espectáculos de mayor permanencia en cartel, con más de 8.000 representaciones en 21 años de triunfos ininterrumpidos. En el West End de Londres no se queda atrás, con 18 años de éxitos, y en Tokio ha causado un gran impacto, por lo que no estamos ante un musical sin más, sino ante todo un fenómeno.
Incluso se habla de un hito generacional de la cultura pop. Ya El Mago de Oz lo era. De hecho, El maravilloso mago de Oz, donde empezó todo, gozó de tal fortuna a comienzos del siglo XX que su autor escribió 13 libros sobre la Tierra de Oz y sus habitantes encantados. Es, sin duda, el poder mágico de lo literario. Pero ahora, en la hora del musical y un siglo después, hasta las cifras cantan: traducido a más de 15 idiomas, visto por más de 60 millones de espectadores en todo el mundo y con más de 100 premios; entre ellos, un Grammy y varios Tony.
La Bruja Buena del Norte y la Bruja Malvada del Oeste en acción.
DANIEL MEJÍAS
Las canciones son del flamante Stephen Schwartz, ganador del Oscar por Pocahontas y El príncipe de Egipto y nominado por El jorobado de Notre Dame. Pensamos en las ya legendarias Defying Gravity, Popular o For Good. El libreto lo firma Winnie Holzman. Es la música que pone en danza a Elphaba, la futura Bruja Malvada del Oeste, la villana por antonomasia, que es joven, de piel verde esmeralda -ese icónico maquillaje que precisa de dos horas-, apasionada y con mucho talento, pero incomprendida y rechazada. Y a Glinda, que será la Bruja Buena del Norte, para la que todo es de color rosa, una Barbie de otro mundo.
La del Oeste y la del Norte comienzan siendo amigas, pero terminan no siéndolo, porque, y ahí viene la moraleja, el mundo no tolera las diferencias. Wicked propone así una reflexión sobre quién es el héroe y quién el villano y sobre el origen de la crueldad y la violencia, abundando en nociones como la identidad, la aceptación y la lucha por la justicia. Y, sí, también poniendo a lo rosa frente a lo verde.










