Lola Márquez

Las cocinas abiertas son el sueño de muchas y la desesperación de algunas. Una solución de casa de revista que invita a la convivencia, a disfrutar del aperitivo mientras estás cocinando, vigilar a los niños mientras haces la cena o a comer viendo la tele. Sin olvidar que hace crecer los metros, lo que aumenta la sensación de más espacio en el salón o el comedor, y logra ganar luz, evitando que se quede encerrada entre tabiques.

«Obviamente tener una cocina abierta facilita la comunicación entre personas, eso es innegable, y hoy en día que se pasa tanto tiempo fuera de casa es un punto a valorar. Pero además ofrece otras ventajas importantes, como la luminosidad que obtienes del hecho de no tener paredes; o bien el cambio de tamaño que puede suponer juntar espacios, con lo cual ampliamos enormemente el campo visual y la percepción es otra completamente distinta», señala la interiorista Marta Castellano-Mas.

Sin embargo, todas esas ventajas se ven deslucidas al enfrentarse al día a día: los olores se propagan por toda la casa, el ruido impide que puedas ver la televisión mientras la campana pone ‘música’ a tope y, aunque lo intentas, mantener el orden resulta difícil y tu encimera siempre parece estar ‘tomada’ por tazas, pequeños electrodomésticos y un sinfín de cosas que no sabes cómo han llegado hasta allí.

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Por eso, los expertos apuntan hacia una nueva forma de concebirla cocina. Una solución intermedia que aúna las ventajas de ambas opciones (abierta o cerrada), evitando, en la medida de lo posible, sus inconvenientes. «Ante la duda de si abrir o no, siempre aconsejo, si la morfología del espacio lo permite, poner algún tipo de cerramiento que en momentos concretos nos permita segregar cocina y salón. Otro punto delicado de vincular estas dos zonas es el hecho de que la cocina suele ser un espacio mas desordenado y esto es indiscutible, con lo cual obliga a ser mucho mas organizado porque sino su estética puede afectar al otro ambiente», matiza Castellano-Mas.

En sintonía con el estilo de vida actual

Este concepto no solo resulta bonito estéticamente, sino que se adapta mejor, y con menos contratiempos, al estilo de vida actual, para que no tengas que recoger cada vez que suena el timbre los platos de la cena. «En mi opinión ni abierta ni cerrada. Lo ideal es diseñar soluciones que nos permitan abrir o cerrar la cocina al salón según necesidad. Me gusta plantear grandes cristaleras que den una mayor sensación espacial y comunicación visual, pero que a la vez nos permiten independizar físicamente el espacio por necesidad de olores o intimidad», asegura la interiorista Sara Torrijos.

Otro de los puntos a favor de esta alternativa es su capacidad para rentabilizar mejor el espacio, lo que la convierte en una solución perfecta en pisos pequeños, «también se puede jugar mucho con los diferentes diseños y materiales de estas cristaleras, convirtiéndolas no sólo en un elemento arquitectónico fundamental, sino también decorativo», afirma Torrijos.


Las puertas correderas se adaptan al momento.


JORDI CANOSA / CEDIDA POR PIA CAPDEVILA INTERIORISMO


Una gran corredera de cristal

Las opciones semiabiertas hacen que la cocina sea protagonista de la vida del hogar, sin inmiscuirse en todo, a modo de vecina perfecta. En este proyecto de Pia Capdevila Interiorismo, la gran corredera con cuarterones permite la comunicación cuando se desea y cierra la puerta a olores y ruidos molestos.


Esta solución facilita la comunicación de la cocina con la casa.


YAEL VALLÉS / CEDIDA POR LAURA MARTÍNEZ INTERIORISMO


Medio tabique de cristal con cuarterones

Juntos, pero no revueltos, así podríamos definir la relación entre la cocina y el resto de la casa en esta propuesta de la interiorista Laura Martínez. La artífice de esta situación es una barra de desayuno con una vidriera enmarcada en negro. Una solución que facilita la conexión visual y permite el paso de la luz de una estancia a otra.


Esta solución es tan práctica como decorativa.


AMADOR TORIL / CEDIDA POR EL ESTUDIO DE ALBERTO TORRES


Un pasaplatos

Muy práctica en el día a día, apuesta por la apertura, sin perder privacidad. En esta propuesta del interiorista Alberto Torres, la amplia barra de desayunos y taburetes funciona como pasaplatos y refuerza la conexión con el comedor. Así, la cocina se integra en la vida social de la vivienda, pero con ciertas reservas.


Usar los muebles para separar también funciona.


PALOMA PACHECO TURNES / CEDIDA POR ESTUDIO SARA TORRIJOS


Muebles como elemento barrera

Una manera de delimitar sin tabiques y mantener conexión visual, pero también cierta autonomía es usando los muebles como frontera entre ambos espacios. Como ocurre en esta propuesta de la interiorista Sara Torrijos. Para que funcione a nivel práctico, también debe hacerlo a nivel estético. Por eso, los muebles deben estar a la altura. El detalle de la alfombra ayuda a diferenciar zonas, al mismo tiempo que aporta un plus de estilo.


Los arcos son una de las tendencias de 2026.


VILLEROY & BOCH


Un arco en lugar de una puerta

Los arcos han vuelto a la casa, y no solo a las clásicas, como una solución muy decorativa para separar dos estancias, sin obstaculizar la entrada de luz. Perfectos con la tendencia de formas curvas y orgánicas que triunfa este 2026, son una buena alternativa en el salón, pero también en la entrada a la cocina.

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