Elena Romero Vargas

En tiempos convulsos como los que vivimos, recibir mensajes de esperanza que calen en lo más profundo del alma es la tabla en mitad del océano que todos, en mayor o menos medida, andamos buscanco. Si, además, la buena noticia viene cargada de música, emoción y mucho sentido del humor, ese oasis en mitad del caos y la incertidumbre se convierte en el reposo que el corazón necesita para respirar hondo y afrontar la rutina, esta vez, con las fuerzas renovadas para seguir caminando.

Los protagonistas de Godspell parten de una premisa similar. Un grupo de actores se refugia de los peligros de la guerra en un templo en ruinas. El miedo y la desesperanza se empieza a apoderar de ellos cuando, de pronto, un misterioso personaje irrumpe en escena anunciando la llegada de otro que dice ser más que él y que cambia radicalmente el parecer de estos artistas a golpe de historias cargadas de ideas de amor, perdón, justicia e ilusión.

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El escenario del Gran Teatro Pavón de Madrid se convierte en ese lugar casi celestial donde el espectador pasa a ser uno más de los personajes que transitan entre la incertidumbre y el asombro ante la llegada de Jesús, una figura amable y misteriosa que propone la revolución a base de bien. Pero, más allá de las palabras que destierran la indiferencia de la escena y del patio de butacas, el encanto de Godspell tiene mucho que ver con el homenaje que le rinden al teatro y al género musical y que se convierten en el vehículo perfecto para transmitir esta alegría con aún más claridad.

Godspell, el clásico de Broadway que sigue estando de actualidad

Este hito del Broadway de los 70 fue concebido por John-Michael Tebelak, quien estuvo también al frente de su dirección, y con letra y música original de Stephen Schawartz, responsable también de las canciones de otros musicales emblemáticos como Wicked. La primera vez que Godspell llega a España es en el año 1974. El Teatro Marquina de Madrid acogió la representación que unos años antes debutó en Nueva York y que, ya para entonces, apuntaba a que se iba a convertir en la obra de culto que es hoy.


Escena de Godspell, el musical que puedes ver en el Gran Teatro Pavón de Madrid


Javier Salas


Décadas más tardes, fue Antonio Banderas quien tomó las riendas de la dirección de este musical, poniéndose al frente de la versión de Emilio Aragón de esta historia. Entre los años 2022 y 2023 el Teatro del Soho de Málaga fue el lugar donde se empezó a anunciar el éxito de esta producción, consolidada con la gira nacional que se llevó a cabo en el año 2024 y que se reafirma con su vuelta a la capital, convirtiéndose en uno de los planes más prometedores para los próximos meses.

Godspell está basada en el Evangelio de San Mateo. El personaje de Jesús, con la ayuda del resto del elenco, revisan las parábolas bíblicas de la forma más original y enternecedora: convirtiendo cada una de estas historias en una suerte de sketch que hacen uso de recursos teatrales como el juego de sombras, las máscaras, la improvisación o el vodevil enriqueciendo cada momento con números musicales en riguroso directo que ponen de manifiesto la calidad artística y vocal de todos los responsables de la función.

Por qué tienes que ver Godspell

A través de esta original propuesta y del deleite que supone disfrutar de un espectáculo con tan buen gusto, lo que Godspell transmite al espectador son una serie de mensajes y valores que nunca está de más recordar y, por qué no, que invitan a soñar con una forma más amable de mirar la vida. La idea de la lucha por la justicia, de anteponer el amor a cualquier atisvo de odio, de convivir en unidad para alcanzar un mundo mejor levantan el ánimo y llegan a lo más profundo del corazón, abandonando el patio de butacas con un remolino interior que, como poco, lleva al espectador a reflexionar sobre cuáles son los pilares sobre los que está asentando su vida.


Escena de Godspell, el musical que puedes ver en el Gran Teatro Pavón de Madrid


Javier Salas


No hay mejor plan para una tarde fría de invierno que refugiarse al calor del teatro, especialmente si la propuesta ofrece emoción, sensibilidad y diversión. Y es que, si algo podemos sacar en claro después de ir a ver Godspell, es que el sentido del humor, la ternura y el disfrute no están en absoluto reñidos con la invitación a la reflexión y a plantearse mirar la realidad de cada uno (y del mundo en el que vivimos) desde una nueva perspectiva donde el amor lleva la delantera.

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