sábado 31 de enero de 2026

Inspirada en la figura real de Antonio “Toni” Chichiarelli, El falsario (Il falsario, 2026) reconstruye el recorrido de un artista que, sin lugar en los circuitos oficiales, traslada su destreza técnica al terreno de la falsificación y termina vinculado al crimen organizado. La narración avanza entre encargos ilegales, documentos apócrifos y relaciones que cruzan política, religión y violencia, con la Roma de los setenta y ochenta como telón de fondo constante.

El film trabaja con precisión la atmósfera de los años de plomo, apoyándose en vestuario, música y locaciones reconocibles. La ciudad aparece como un espacio donde las fronteras entre legalidad y delito se vuelven porosas. Ese marco histórico sostiene el relato y explica las decisiones del protagonista más que su psicología, que queda deliberadamente esbozada.

Pietro Castellitto compone a Chichiarelli desde la ambición y la autosuficiencia. El personaje se impone por presencia y control, aunque el guion evita profundizar en sus contradicciones internas. El carisma del actor mantiene el interés, incluso cuando la historia se vuelve previsible en su progresión.

El falsario funciona como drama policial correcto, sólido en reconstrucción histórica y claro en su planteo. No construye un vínculo sostenido con el espectador ni arriesga en su mirada, pero ofrece un relato claro y accesible sobre un período clave de Italia.