En las sombras de la exploración espacial, un grupo de expertos vigila que la humanidad no desencadene una catástrofe biológica interplanetaria. No portan armas, sino protocolos de esterilización extrema para evitar que polizones microscópicos viajen de ida o vuelta en las naves. Son los «Hombre de Negro» de la NASA.

En 1967, el Tratado sobre el Espacio Exterior de las Naciones Unidas sentó las bases legales para la seguridad biológica interplanetaria. Este documento internacional exige a los países evitar la contaminación nociva de la Luna y otros cuerpos celestes, así como cambios adversos en el entorno terrestre.

Dentro de la NASA, la Oficina de Protección Planetaria asume esta responsabilidad crítica. Sus expertos, a menudo comparados con los hombres de negro, supervisan cada misión para garantizar que no transportemos bacterias a Marte o Europa. El riesgo de falsos positivos en la búsqueda de vida es una prioridad.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

El cargo de Oficial de Protección Planetaria es uno de los más singulares del mundo. Catherine Conley, quien ocupó el puesto durante años, describió su labor bajo una premisa de seguridad absoluta. La NASA mantiene estándares rigurosos de limpieza en las salas donde se ensamblan las naves.

El cometa 3I/ATLAS “despertó” tras acercarse al Sol y liberó compuestos orgánicos con intensidad inesperada

La misión Apolo 11 marcó el primer gran desafío de contención biológica en la historia. Al regresar de la Luna en 1969, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins fueron aislados de inmediato. El temor a patógenos lunares desconocidos obligó a construir una instalación móvil especial.

Los astronautas vivieron tres semanas en el Laboratorio Receptor de la Luna en Houston. Durante este periodo, médicos y biólogos monitorearon su salud constantemente. «La cuarentena fue una medida de precaución necesaria frente a lo desconocido», señaló Michael Collins en sus memorias de 1974.

El historiador William David Compton, en su obra sobre el programa Apolo, detalló el rigor de estos procesos. Las muestras de roca lunar también fueron sometidas a un aislamiento extremo. Se buscaba evitar cualquier contacto entre el material extraterrestre y la biosfera de nuestro planeta.

Las cámaras de vacío y los sistemas de filtración de aire eran tecnología de punta en aquel entonces. A pesar de la euforia por el éxito del alunizaje, la seguridad biológica no se negoció. Cada objeto que tocó la superficie lunar fue tratado como una amenaza potencial para la vida terrestre.

Los astronautas que regresan a la Tierra muestran cambios cerebrales que pueden durar meses

La defensa actual ante el retorno de muestras de Marte

Con la misión Mars Sample Return, la NASA y la Agencia Espacial Europea elevan los niveles de alerta. El objetivo es traer rocas marcianas a la Tierra en la próxima década. Esto requiere una infraestructura de bioseguridad superior a la de los laboratorios más avanzados del mundo.

El diseño de los contenedores de muestras incluye múltiples sellos térmicos y mecánicos. Se busca evitar la «contaminación de ida», donde microbios de la Tierra confunden los resultados, y la «contaminación de vuelta», que podría liberar organismos alienígenas en nuestra atmósfera.

«Nuestra responsabilidad es proteger la capacidad de la ciencia para responder si hay vida en otros mundos», afirmó la doctora Catherine Conley en una entrevista para la revista Nature en 2017. El control de polizones microscópicos es hoy una disciplina científica de alta precisión.

Las salas limpias donde se construyen los róveres, como el Perseverance, son monitoreadas para detectar esporas resistentes. Los técnicos visten trajes especiales que cubren cada centímetro de su piel. El objetivo es que Marte permanezca, biológicamente, tal como lo encontramos hoy.

Astrónomos identificaron al asteroide 2025 PN7 como una “cuasi-luna” que acompañará a la Tierra durante 120 años

Planes de respuesta ante un posible contacto biológico externo

La NASA no solo limpia naves, sino que diseña planes de contingencia ante el descubrimiento de vida. Estos protocolos dictan cómo informar al gobierno y cómo manejar muestras biológicamente activas. La comunicación internacional es clave para evitar pánicos o crisis de salud global.

En el libro When Biospheres Collide, los autores Meltzer y Beck detallan la evolución de estas políticas. Los científicos deben estar preparados para lo inesperado, incluso si la probabilidad de vida patógena es baja. La cautela es el pilar fundamental de la exploración espacial moderna.

«No podemos permitirnos un error que comprometa la vida en la Tierra por un descuido técnico en el espacio», escribió Margaret Race en un informe técnico para el SETI Institute. Sus investigaciones subrayan que la ética de la exploración incluye la protección de ambos ecosistemas.

Los actuales oficiales de protección planetaria continúan esta vigilancia invisible. Cada vez que una sonda despega hacia un destino con potencial de habitabilidad, estos guardianes aseguran que la humanidad llegue en son de paz biológica, sin dejar rastros ni traer peligros a casa.

ds