Vamos a Robledillo de Gata. Reina el silencio en la comarca de Sierra de Gata. Siempre estuvo aislada, como Las Hurdes, por pura geografía. Este paraíso de montaña se halla al noroeste de la provincia de Cáceres, pegado a Portugal, mimando su identidad rural y ajeno al paso del tiempo. Está lleno de pueblos con encanto, de esos que han guardado como oro en paño su arquitectura tradicional y hasta una lengua olvidada, la fala, que proviene del galaico-portugués. Se habla -o mejor dicho, se fala- en San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno.
Es aquí donde se preserva también el zahurdón, una construcción de planta circular y origen celta que sirvió de refugio de pastores. Igual que la casa de tres alturas, con una planta baja para la cuadra y la bodega, una central para la vivienda y la última para el desván. Siempre de granito, pizarra, barro y madera, con tejado a dos aguas de teja árabe. Luce balconada corrida y secadero, donde puede verse colgando el maíz. Las puertas son adinteladas, de madera y con escalones.
Haberse mantenido así, en ese excelente estado, les ha valido a estos pueblos la calificación de conjuntos histórico-artísticos. Es el caso también de Gata, Hoyos, del nombrado San Martín y de Trevejo. Robledillo es la última de las poblaciones de esta sierra por el norte, la más escondida. Apenas tiene 90 habitantes. A mediados del siglo XIX, eran 657. Estamos en la España vaciada. Lo que agradece el viajero cuando llega es lo que hace difícil la vida aquí. Un aislamiento que se puede medir. Lejos de la capital, a 120 kilómetros; de la vecina Salamanca, a 140, y más cerca, a 50, de Ciudad Rodrigo, con una catedral magnífica. Por ubicarnos.
Qué ver en Robledillo de Gata
Este pueblo cacereño es de esos que nos parecen de cuento, tan alejados como están del mundo de hoy y tan hechos a la medida de otros tiempos. Para viajar hasta ese entonces basta con pisar sus calles empedradas, angostas y empinadas, ver sus casas escalonadas, cruzar los pasadizos que forman los pronunciados aleros de madera o empinar el codo con los vinos de pitarra. Se elaboran desde tiempos inmemoriales en las típicas bodegas y se han llevado la fama. Un pueblo muy auténtico, como los de antes.
En Robledillo de Gata hay cascadas y arroyuelos.
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Su iglesia despunta en lo más alto, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Destaca por su sobriedad, a juego con el conjunto, y es del siglo XVI. Con peculiar planta hexagonal, pórtico circular de columnas con inscripciones bíblicas, sobresaliente cubierta mudéjar en la sacristía y un Cristo articulado que es subido a la cruz cada Viernes Santo. Hay además tres ermitas: del Humilladero, del Cordero y de San Miguel de la Viña, igualmente del XVI.
El encanto no solo se lo da el paisaje circundante. Ni solo la increíble arquitectura popular. También el paso del río Árrago, afluente del Alagón, de la cuenca del Tajo, que se precipita en forma de cascada a la altura de la Rúa. Hay más saltos de agua en distintas partes del municipio, que lo hacen aún más edénico, además de los regatos del Manadero y el Barrero. Este último junto a la fuente de la Mota y un antiguo hospital-enfermería del siglo XV, que aún conserva en su fachada un esgrafiado compuesto por el escudo franciscano, ángeles, aves y temas vegetales.
Rutas de senderismo mágicas
Estos arroyos y cascadas urbanas pueden ser solo el principio. Hay muchas más a lo largo de una de las rutas de senderismo más bonitas de Extremadura. La que sale del mismo Robledillo, desde detrás de la iglesia, y va al Chorrituelo de Ovejuela, entre las comarcas de Gata y Las Hurdes. Nos traslada a la vida de estas tierras. En coche son 50 kilómetros; a pie solamente ocho.
La Sierra de Gata es para pateársela, pueblo incluido. La del Chorrituelo es una ruta circular, de 16 kilómetros y dificultad moderada. El regalo no son solo los saltos de agua, sino los bosques de castaños. Y, por supuesto, las vistas del pueblo según se va ascendiendo, que se asciende y mucho, hasta los 1.017 metros desde los 582 de partida. Si no, siempre quedará pasear por el Árrago. O coger otra ruta más corta, de seis kilómetros, que llega a Descargamaría. Sale del puente, al lado de la ermita del Humilladero y llega a la de San Miguel para cruzar el arroyo de la Garganta y plantarse en el destino, con uno de los entornos más vírgenes de la Sierra de Gata.
Uno de los rincones de Robledillo de Gata, lleno de casas típicas.
TURISGATA
En Robledillo hay también restos de viejos molinos y lagares, e incluso un museo del aceite. Se trata del Molino del Medio, una almazara medieval (XI-XII) que funcionó hasta 1973. Después estuvo abandonada hasta que se restauró y reabrió como museo en 2004. Ofrece una visita guiada que incluye recorrido por la maquinaria original, exposición de objetos (aceiteras, tinajas o útiles para la recolección de aceitunas) y cata de dos variedades de AOVE.
Dicen desde del Molino que «a nuestros antepasados, no tan remotos, les parecería sorprendente que edificios industriales como este fuesen objeto de contemplación». A su parecer, no se trata ya de «ver una reliquia, una pintura o un monumento, sino sitios donde tuvieron lugar acontecimientos que nunca debieron ser olvidados». El aceite sigue siendo una de sus fuentes de riqueza, el oro líquido. Para cerrar el círculo, se puede elegir como alojamiento el hotel rural A Velha Fábrica, en el cercano Valverde del Fresno, otra antigua almazara rehabilitada.












