Llenar nuestra casa de plantas es, problemamente, una de las mejores decisiones domésticas que podemos tomar. Son buenas para la salud y mejoran nuestro estado de ánimo. Son unas grandes aliadas deco para aportar color y vida a las estancias y, además, muchas incluso atraen la fortuna y la buena suerte. Pero, ¿qué variedades elegir?
El catálogo botánico a nuestra disposición es casi infinito, aunque ni todas las plantas son aptas para cualquier casa ni todas nosotras sabemos cuidar depende de qué variedades. Eso sí, hay plantas perfectas para jardineras inexpertas. Hablamos del poto, el ficus, la monstera, la kentia o la que siempre me recomienda mi madre: la cinta.
Porque mi madre, además de ser experta en eliminar manchas imposibles y de hacer las mejores lentejas del mundo, sabe mucho de plantas fáciles de cuidar. Y la cinta es una de sus favoritas. También una de las mías. Quizá por nostalgia, porque la he visto toda la vida en su casa o en la de mi abuela, y daba igual que estuviera en la cocina, en el baño o un salón, que siempre estaba imponente. O, quizá también, porque las mías están majestuosas a pesar del poco caso que les hago.
Una planta con superpoderes muy fácil de cuidar
También conocida como Chlorophytum comosum (y como mala madre) la cinta es una aliada perfecta en cualquier casa. Su elegancia sencilla, el chute de color que aporta (verdísimo, blanco, con notas amarillas) y la poca exigencia que demanda en cuanto a cuidados se refiere la han convertido en una apuesta segura en nuestros hogares. Además, me gusta verla como una planta con superpoderes.
Y es que uno de los aspectos más fascinantes de la cinta es su capacidad para purificar el aire de nuestra casa como ninguna otra variedad. Estudios de la NASA demostraron su eficacia para absorber compuestos nocivos como el formaldehído, el monóxido de carbono y otras toxinas en tiempo récord: a través de sus hojas y raíces son capaces de filtrar hasta el 96% de ellos y mejorar la calidad del aire en menos de 24 horas. Magia pura o, mejor dicho, fisiología vegetal al servicio de nuestro bienestar doméstico.
PEXELS
Por eso la cinta es una variedad perfecta para colocar en estancias donde vamos a pasar muchas horas, como el salón, los dormitorios o el despacho, ya que actúa como pulmón natural de nuestros hogares. Desde el punto de vista ornamental, además, sus características hojas largas y arqueadas, verdes con bandas claras en blanco o amarillo, aportan movimiento y frescura visual, y pueden combinarse tanto en maceta sobre una superficie como colgadas a diferentes alturas.
Por si fuera poco, también tiene un profundo valor simbólico, ya que se asocia a la protección, la vitalidad y la continuidad. Por un lado, por su capacidad inagotable de reproducirse, ya que sus hijuelos tienen mucha facilidad para enraizar; y por otra, porque son tan resistentes que en muchas casas (como la mía), pasan de generación en generación, incluso de abuelas a nietas.
Originaria del sur de África, la cinta proviene de un entorno de contrastes climáticos, con periodos de sequías extremas y otros de lluvias irregulares, lo que forjó su increíble resistencia y le permitió adaptarse con naturalidad, ya en nuestras casas, a zonas con cambios bruscos de luz o a esos errores de riego tan habituales en principiantes (unas veces, se nos olvida y otras, en cambio, lo hacemos más de la cuenta).
Así que en cuanto a cuidados se refiere, la cinta confirma lo que mi madre siempre me ha dicho: es tan fácil de cuidar, que es la mejor opción para los que tienen poco tiempo y poca mano con las plantas. Así, esta variedad prefiere la luz indirecta, pero se adapta a rincones menos luminosos. Su riego debe ser moderado, dejando secar ligeramente el sustrato entre aportes de agua, pero perdona olvidos sin echárnoslo en cara con hojas que pierden la frescura. Además, no exige abono constantes ni trasplantes frecuentes. ¿Qué más se puede pedir a una planta preciosa que, además, cuida de nosotros sin exigirnos nada?












