Entre las provincias de Córdoba y Sevilla se ubica una de las ciudades que mejor cuenta la historia de Andalucía. Su legado arranca con la llegada de los romanos y, desde ese momento, cada civilización han ido dejando su huella en esta localidad que tan bien ha sabido conservar cada una de ellas con el paso de los años, hasta el punto de convertir este legado histórico en su seña de identidad.
Écija sitúa sus orígenes en la civilización tartésica, pero no es hasta la época romana cuando empieza a gozar de importancia y popularidad. Hacia el 14 a.C. se fundó aquí la Colonia Augusta Firma Astigi, una gran ciudad con todo tipo de servicios que se convirtió en la cabeza del convento jurídico que comprendía localidades que hoy pertenecen a otras provincias como Jaén, Córdoba o Granada.
El fulgor que despertó en este momento siguió presente con la llegada de las civilizaciones posteriores. En la época islámica Écija – conocida entonces como Istiya – fue capital de provincia y un territorio con un grandísimo valor gracias a la fertilidad de sus tierras. Los musulmanes consideraron su situación idónea para introducir el cultivo de algodón, que llegó a ser tan importante que le valió a esta región el sobrenombre de «Ciudad del Algodón».
Aunque hasta entonces la importancia de esta localidad fue incuestionable, algo que seguiría siendo así también en la Edad Media, el verdadero siglo de oro de Écija fue el XVIII. De este momento de máximo esplendor queda se conserva su casco histórico plagado de edificios barrocos que embellecen sus calles con un toque personal único de esta región.
écija, Sevilla
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Todo lo que no te puedes perder para conocer Écija en profundidad
Visitar Écija es volver atrás en el tiempo y adentrarse en restos vivos de la historia a través del arte. Esto se manifiesta a la perfección en los edificios religiosos de la ciudad. En total, Écija cuenta con 14 iglesias y 18 conventos que fascinan tanto por su exterior como por las joyas que esconden dentro de ellos. Mención aparte merecen los once campanarios que se elevan sobre su paisaje y que le vale a Écija el apodo de «Ciudad de las Torres».
Una de las iglesias más bonitas de Écija es la iglesia de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, también conocida como iglesia de Los Descalzos. Es considerada uno de los edificios más importantes del barroco andaluz, y aunque su exterior destaca por un diseño austero y de líneas limpias, su interior presume de contar con una profusa ornamentación a base de yeserías policromadas y doradas y pinturas murales que ejemplifican a la perfección este movimiento artístico.
Interior de la iglesia de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, Écija
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Otra de las iglesias más populares de Écija es la de Santa María, que se ubica en el centro de la ciudad. Fue construida en el siglo XVIII sobre los restos de un templo mudéjar del siglo XVI que quedó destruido tras el Terremoto de Lisboa de 1755. Responde al estilo neoclásico y en su patio interior se ubica el Museo Parroquial de Écija, donde puedes adentrarte en el pasado de la ciudad gracias a su colección de restos arqueológicos que van desde la Prehistoria hasta la época árabe.
Cada iglesia de Écjia tiene una particularidad que la hace única y digna de visita. La de San Juan cuenta con una de las torres más bonitas de las once que le valen el apodo a la localidad; la de Santiago cuenta con un curioso reloj de sol; y la de Santa Cruz es la más antigua de todas. Sin duda, el patrimonio religioso de Écija es uno de los factores que revalorizan este destino.
Palacio de Benamejí, Écija
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Pero Écija también cuenta con un legado de edificios civiles que merece muchísimo la pena visitar. Destacan, especialmente, sus palacios barrocos. Uno de los más especiales es el Palacio de Benamejí, un monumento declarado Bien de Interés Cultural que no puede reflejar mejor la esencia del Barroco andaluz del siglo XVIII. Esto queda patente en portada monumental y el patio principal con columnas toscanas de mármol, algunos de los elementos de este palacio que así lo representan.
Además, el Palacio de Benamejí es también la sede del Museo Histórico Municipal de Écija. Aquí se conservan algunos de los restos arqueológicos más importantes de la ciudad y de las regiones más cercanas. Piezas prehistóricas, tarstésicas, romanas – como uno de los conjuntos de mosaicos más grande de Occidente – o islámicas están expuestas en el interior de este palacio y terminan de confirmar la grandeza histórica y patrimonal de la que presume esta ciudad.
Amazona herida, en el Museo Histórico Municipal de Écija
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Pero, sin duda, la joya de la corona de este museo es la Amazona herida, una de las esculturas romanas que mejor se conservan del mundo. Esta estatua de casi dos metros de mármol con restos de policromía fue descubierta en el año 2002 durante las excavaciones que se estaban llevando a cabo por unas obras. Esta sorpresa arqueológica se encontraba en el interior de un antiguo estanque romano que se ubicaba donde hoy está la Plaza de España de Écija. De esta Amazona herida solo existen tres copias que se encuentran Nueva York, Copenhague y Berlín, pero la de Écija es la única que no fue encontrada en Roma.
Otros palacios que también tienes que apuntar en tu ruta por Écija son el Palacio de los Marqueses de Peñaflor, que destaca por su fachada con trampantojos y su espectacular escalera con columnas toscanas y bóvedas con yesería, y el Palacio de Valdhermoso, construido en el siglo XVI y que presume de tener una espectacular portada plateresca. Ya en el siglo XX se construyó la Casa de las Tomasas o el Palacio de Justicia, en un estilo regionalista andaluz con clara inspiración en la Alhambra granadina.












