Carla Domínguez

Grecia ha acogido la despedida de su princesa Irene, una ceremonia de profundo carácter personal para la reina Sofía y su familia. El funeral, celebrado en Atenas y culminado en el cementerio de Tatoi, se desarrolló siguiendo el rito ortodoxo y cumpliendo los deseos expresados por la propia princesa.

Entre los asistentes, la presencia de Irene Urdangarin llamó la atención por su actitud serena y respetuosa, pero también por la emoción visible con la que vivió la despedida. Las imágenes la muestran contenida, con gestos medidos y una expresión que reflejaba el peso emocional del momento.

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No era una despedida cualquiera para la familia. Irene de Grecia fue una figura muy cercana a la reina Sofía y, por extensión, a sus hijos y nietos. La joven acompañó a su abuela y al resto de la familia en uno de los actos más íntimos y significativos que han vivido juntos en los últimos años.


Irene Urdangarin junto con tu madre, su tía y su abuela la reina Sofía llegando al funeral de Irene de Grecia.


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Vestida de negro riguroso, Irene Urdangarin optó por un estilismo sobrio como el resto de los familiares. La hija de la infanta Cristina volvió a mostrarse sencilla y sin artificios, acorde con el carácter solemne de la ceremonia. Un abrigo clásico en color negro, ajustado en la cintura con botonadura y bolsillos.

Irene Urdangarin cumpliendo el protocolo y visiblemente afectada

Uno de los detalles más comentados fue el broche que lucía sobre el abrigo: una pieza de líneas abstractas en metal blanco, sin atribución conocida y alejada de cualquier lectura ornamental. Un gesto sutil que se suma al lenguaje común de sobriedad que han compartido varias mujeres de la familia durante este funeral.

Además del broche, Irene Urdangarin completó su estilismo con unos pendientes discretos con detalle de perlas, un guiño clásico y sobrio que también han elegido en esta despedida otras mujeres de la familia real española. Un detalle que aporta elegancia a este tipo de estilismos en negro.


Irene Urdangarin en el funeral de la princesa Irene de Grecia.


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Tanto la reina Letizia como su tía, la infanta Elena, recurrieron igualmente a perlas en sus joyas, un elemento tradicionalmente asociado al luto, la elegancia contenida y la solemnidad, y que refuerza la idea de un lenguaje común compartido en este funeral.

Más allá del vestuario, fue su actitud la que definió su presencia. Irene se mantuvo en todo momento cerca de su madre, hermano y del resto de sus familiares, participando de forma discreta en una despedida marcada por la unidad y el apoyo mutuo.

La emoción fue evidente en algunos momentos del acto, especialmente durante la salida del féretro, cuando Irene Urdangarin no pudo ocultar el impacto de la pérdida. Un reflejo natural y contenido, vivido desde el silencio y el respeto.

Su presencia en Atenas se suma a la de otros miembros jóvenes de la familia, subrayando el carácter generacional de esta despedida. Un viaje cargado de simbolismo, no solo por el vínculo con Grecia, sino por la importancia familiar de este adiós.

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