En Medina de Rioseco, pueblo histórico donde los haya, es fácil perderse de tanto como hay para ver. Algo muy común en Valladolid. Pensemos en Tordesillas, donde se firmó aquel decisivo tratado. Pero los ojos se nos han ido directamente a esa estampa que componen las aguas del Canal de Castilla con la fábrica de harinas San Antonio en sus márgenes. Por eso, hemos puesto rumbo hacia allí. Estamos en la comarca de Tierra de Campos, a media hora larga de la capital provincial y a dos horas y media de Madrid.
Dicha obra de ingeniería, que quiso dar una salida al mar a la aislada Castilla, fue uno de los grandes sueños de la Ilustración, no del todo cumplido. Se trata de una proeza concebida en los siglos XVIII y XIX que resulta inimaginable incluso hoy. Esta red de canales de navegación ha quedado como destino de turismo activo para nosotros y como un hábitat incomparable para las aves y otras especies. Es ya historia que fue maquinada para transportar los vinos, las lanas y el cereal que producían a destajo estas tierras castellanas.
El canal se cerró definitivamente a la navegación en 1959, tras ser sustituido por el ferrocarril y, afortunadamente, en 1991 se puso en valor con su catalogación como Bien de Interés Cultural, que protege y atrae como un imán a la vez. De hecho, lo que hay ahora en el almacén nº2 de la dársena es un Centro de Viajeros del Canal de Castilla. Y qué mejor plan que seguir su trazado en bicicleta, aventurarse por sus rutas de senderismo, apuntarse a eso tan aventurero del piragüismo o coger el barco turístico Antonio de Ulloa, que zarpa regularmente, mientras el paisaje se vuelve más y más interesante, sea cual sea la estación.
Qué ver en Medina de Rioseco
Un plan que puede completarse entrando a la mencionada fábrica, una de las muchas que surgieron a la sombra del canal en plena Revolución Industrial, para echar un ojo a su maquinaria. Así también están en pie la casa del encargado del muelle, con un reloj de sol en su fachada, y los restos de una antigua barcaza. Todo muy ad hoc. En resumidas cuentas, no se puede hablar de Medina de Rioseco sin mencionar el Canal de Castilla, el ramal de Campos, concretamente, y otro tanto puede decirse de su monumentalidad.
La iglesia de Mediavilla, bella por fuera y por dentro.
TURISMO MEDINA DE RIOSECO
Su esplendor, que salta a la vista, se debió sobre todo al gran auge que experimentó la villa al hacerla Alfonso Enríquez (1354-1429), señor de Medina, sede del Almirantazgo de Castilla, que lo fue desde el siglo XV hasta el XVIII. Por esta razón es nombrada como la Ciudad de los Almirantes, los oficiales del rey de Castilla que estaban al frente de la Armada.
El palacio de los Almirantes, por cierto, se derribó hace más de un siglo. Corrieron más suerte las casonas de familias principales, así como las viviendas de adobe con vigas de madera y soportales que dan testimonio de la arquitectura tradicional de los siglos XV, XVI y XVII. Para ver este conjunto histórico-artístico hay que pasearse por la calle Mayor, conocida como la Rúa, y otras como la calle de la Sal y la de los Lienzos.
Los emblemáticos soportales de la Rúa, la calle Mayor de Medina de Rioseco.
TURISMO VALLADOLID
También se llamó a Medina de Rioseco la India Chica, porque ostentó el honor de ser el centro de distribución mundial de la plata llegada desde las Indias a través del puerto de Sevilla, donde se embarcaban pasajeros y mercancías hacia el Nuevo Mundo. Curioso, desde luego, visto desde hoy. Y, aparte, muchos riosecanos hicieron las Américas, lo que redundó en mayor gloria para la muy noble y muy leal Medina.
Un retablo magnífico y la piel de un caimán
La hace grande la iglesia de Santa María de Mediavilla (XVI), con torre barroca, interior plagado de elementos góticos y espíritu renacentista. Y, por encima de todo, con la magnífica capilla de los Benavente, un despliegue escultórico al más alto nivel con retablo del francés Juan de Juni, quien tanto hizo por la gran escuela de la escultura castellana, junto con Berruguete. Como curiosidad, decir que este templo exhibe la piel de un gran caimán a su entrada, que siempre ha dado mucho que hablar. Un presente donado en el XVIII por un riosecano que llegó a ser alcalde de Puebla, en México.
La puerta de Ajújar es la más antigua de las que se conservan de la muralla.
TURISMO MEDINA DE RIOSECO
Por su parte, la iglesia de Santiago Apóstol comenzó a construirse inmediatamente después que la de Santa María y llama la atención por sus tres portadas de estilos diferentes, gótico tardío, plateresco y clasicista. Una lección de arte. También por su retablo, esta vez de Joaquín de Churriguera, miembro de la famosa saga de arquitectos y retablistas barrocos. En cuanto a la de Santa Cruz, destaca su fachada, una recreación de la que luce la iglesia del Gesù en Roma, con el típico porte de las iglesias jesuíticas.
Un museo de arte sacro y la muralla
La iglesia de San Francisco es la más antigua de las cuatro, formó parte del convento de Nuestra Señora de la Esperanza y está apoyada en la muralla medieval. El conjunto es hoy el Museo de San Francisco, de arte sacro, donde se pueden admirar obras de grandes maestros como el francés Juan de Juni, la familia de origen flamenco Bolduque o una soberbia colección de marfil hispano filipino. Y si se quiere, con una sorprendente visita guiada con fraile y todo.
De la muralla se conservan algunos tramos, ocultos por las viviendas, y tres de las ocho puertas que tenía: la de Ajújar, la de Zamora y la de San Sebastián, que sustituyó a la de San Miguel, la original. Y gracias, porque del castillo que coronó esta villa vallisoletana no queda nada. Si acaso su recuerdo en las piedras que fueron usadas para levantar otros de sus gloriosos edificios.












